Títeres, libros y una ministra
Nueva Delhi, 11 feb (EFE).- Hace muchos días que no actualizo este blog, aunque sí que he ido actualizando el mío. ¿El motivo? No he hecho tantas cosas interesantes en el trabajo como para que fueran contadas, a diferencia de muchos de vosotros. Aunque hoy, que estoy muy aburrido -pues en más de dos horas no he escrito una línea-, voy a hacer un repaso de lo más curioso que me ha tocado cubrir.
La primer salida fuera de la oficina tuvo lugar hace un par de semanas. Se celebraba en Delhi un festival de marionetas al que asistían compañías españolas y también se inauguraba una exposición de títeres ibéricos. A priori, el tema no seducía, pero la verdad es que al final me lo pasé bastante bien. Una tarde vi un show de marionetas bastante original, mientras que otra fui a la inauguración de la muestra, a la que asistieron muchos miembros de le embajada española en la India, embajador incluido.
El tema se publicó bastante, por lo que pude seguir en internet, y hasta el país digital sacó un par de fotos que hice (aquí, por llevar una buena cámara, ya me he ganado la fama de buen fotógrafo).
El siguiente tema que me sacó de la oficina fue la 18ª Feria del Libro de Nueva Delhi. Nada nuevo bajo el sol; libros, expositores y un pabellón en el que te leían la mano y vendían gemas de la suerte. También hice una crónica sobre el tema, aunque creo que no se publicó demasiado. Y la verdad es que no me extraña.
Y la última noticia que me ha hecho abandonar la rutina de la oficina (fusilar teletipos de agencias locales) ha sido la visita de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. La novia de Borrell estuvo aquí para asistir a una cumbre sobre el desarrollo sostenible, y tuvo un encuentro informal (de café y galletas) con los periodistas españoles en Nueva Delhi. El acto tuvo lugar en la residencia del embajador (el típico pisito ideal parejas), y contó con la presencia de algún asesor, diplomático y el propio embajador. Fui curioso tomar café en tazas con el escudo de España o esperar en un sofá y tener delante fotos de Moratinos o el Rey. Esta vez, más que a trabajar, fui a mirar, puesto que acompañé a Marta, una redactora de Efe. Allí hice alguna foto (más en calidad de fotógrafo que de periodista) y conocí a los corresponsales de El Mundo, La Vanguardia, El Periódico y El País.
Pero a parte de estos highlights, poca cosa más. La rutina no es del todo apasionante. En la oficina pasó teletipos menores y aún tengo que aprender mucho; a escribir en el estilo Efe internacional y sobre la cultura y la política de la región. A veces, puedo darle al brasa a Guillem porque compartimos un horario parecido, pero como el tío es mucho más útil en Pekín que yo aquí, no tiene tiempo para responder mis preguntas tontas.
Fuera del trabajo, no hay muchas novedades. Intento integrarme en el país, pero de momento está costando. Con confesaros que el sábado me fui solo al cine…Así que, como veis, ni rastro de las mulatas de Pau, ni del avión de Uribe, ni de las barbacoas que se pega Gerard, ni de las misas de Lali, ni los petardos de Guillem, ni la fiestas en embajadas suecas de Ana, ni del parapente de Mario, ni de..¿Narcís? ¿Sigue vivo el noi de Girona?
En fin, si queréis saber las mini aventuras que me pasan a diario o ver las fotos que voy haciendo aquí, podéis visitar www.daguab.blosgpot.com. EFE
dga
Feliz 4706
Pekín, 8 feb (EFE).- Escribo este post mientras, como a cinco metros fuera de mi ventana, truenan los fuegos artificiales. El vivir en un undécimo piso tiene estas cosas: estupendas vistas y petardos en primer plano. Llevan cerca de 48 horas sin parar y, según los viejos del lugar, no van a remitir hasta bien entrado mañana.
Es la manera que tienen aquí de celebrar el año nuevo. Hoy es uno del uno del cuatro mil setecientos seis. Es decir, que ayer fue nochevieja, otra vez, apenas un mes después de la última. Ayer y hoy fueron días festivos, para muchos, las vacaciones más largas de todo el año. Y habia que celebrarlo.
Comercios cerrados, avenidas desérticas, restaurantes que a las 23.00 echan a la clientela. Soy uno de los pocos en Beijing que he trabajado estos días. El resto, tiraban petardos, policias incluidos. Da igual si hay que parar el tráfico en una avenida de seis carriles para poner una traca, es año nuevo.
Todo estaba orientado a celebrar tan sonada fiesta. Aquí es típico comer “jiaozi”, unos raviolis rellenos de carne y vegetales que se hacen al vapor. En Barcelona son más fáciles de encontrar en un restaurante japonés que en uno chino, pero aquí son caseros, hechos por las madres y dicen que traen suerte. Yo, para seguir la tónica masoquista, no los comí y me jugué un año de infortunios. Veremos.
Después de cenar, el 90% de los chinos -no exagero- se sienta delante de la tele para ver la gala de año nuevo de la CCTV1, el principal canal oficial. Es hortera a más no poder, todo en colores pastel y las Pantojas, Raphaeles y Farys (dep) chinos dan el cante. José Luis Moreno se debió haber inspirado en esto para Noche Fiesta.
También sale el amigo Hu Jintao (presidente de estos adorables 1.300 millones de chinos) a dar una charla de buenos deseos y tal y los mejores deportistas del país, que han ganado medallas. Muy etnocéntrico todo.
Luego, a eso de las 23.45, el cielo enrojece. Riéte tu de Apocalypse Now. Beijing se llena de “charlies” tirando cohetes a diestro y siniestro.
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