el fòrum dels exiliats

recull de contrastos des del periodisme

El finlandés fetichista

Santiago de Chile, 27 mar.- Existe el turista fetichista. Es aquel que no puede evitar llevarse algo del sitio que visita, ya sea una piedrecilla del suelo, una plantita o cualquier objeto que en su fuero interno le permita recordar que ha estado allí. Yo mismo recuerdo que cuando era pequeño fui de excursión escolar a la zona volcánica de la Garrotxa y de vuelta a casa llevaba conmigo dos pequeñas rocas volcánicas. Las dejé tiradas por mi habitación, pero cuando repentinamente aparecían ante mí, me venía a la memoria el hermoso paisaje de la Fageda d’en Jordà.

Marko Kulju, finlandés de 26 años, es un fetichista. El tipo vino a pasar unos días al fabuloso archipiélago chileno de Isla de Pascua, atraído por su cultura milenaria, sus idílicos parajes y los populares moáis, las imponentes estatuas de piedra que custodian la isla y que tallaron entre los siglos XII y XVII los rapa nui, antiguos habitantes polinesios del lugar.Al ver un moái en la playa de Anakena, el recaptador de recuerdos impulsivo que Kulju lleva dentro surgió del modo más inesperado. En vez de dirigirse a la tienda de souvenirs más próxima y comprarse una réplica en miniatura de una de las estátuas, el finlandés decidió que eso no era suficiente, necesitaba algo más. Se encaramó a la imponente figura y, al más puro estilo Miki Tyson -aunque Kulju lo hizo con las manos- mutiló una oreja del moái.

Al ser descubierto por una mujer que pasaba por allí, el sorprendido fetichista huyó campo a través, despojándose, muy a su pesar, del cacho de oreja del moái que había arrancado con sus propias manos. Como no podía ser de otra manera, poco después fue detenido por la policía. Según aseguró a la prensa un responsable policial, el finlandés señaló que “la estatua le parecía majestuosa, y que por eso quería llevarse un recuerdo a su país”.

Su furtiva afición le saldrá cara. Kulju se encuentra bajo arresto domiciliario en el hostal donde se aloja en Isla de Pascua y con orden de arraigo. Deberá esperar los trece días que dure la investigación para que se dicte la condena por infracción a la Ley de Monumentos Nacionales. Se enfrenta a una posible pena de cárcel y a una multa que puede llegar a los 8,6 millones de pesos chilenos (12.200 euros).

Mal asunto para el finlandés fetichista. Con lo fácil que era llevarse una piedrecilla del suelo, como yo hice en la Garrotxa… gs

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Març 27, 2008 Publicat per exiliats | Chile | | 6 Comentaris

La historia del gran Izarra

Caracas, 26 marzo.- Andrés Izarra es, sin lugar a dudas, uno de los pesos pesados en el Gobierno de Chávez. Es el ministro de Comunicación e Información, y es uno de los grandes. La grandeza de Izarra reside no solamente en que sea, posiblemente, uno de los ministros mejor formados y capacitados para desempeñar tareas de responsabilidad. Se le ve competente, sabe hablar, y en términos generales se puede decir que hace su trabajo correctamente. Eso, entre los ministros de Venezuela, no es algo demasiado común. Además, no creo que pase de los cuarenta años, y sigue en su puesto después de varios meses, características que, nuevamente, no abundan entre el equipo ministerial del gobierno de Venezuela.

Andrés Izarra trabajaba en el canal opositor RCTV en el momento del golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra Chávez, que había sido elegido democráticamente en unas elecciones libres. Después de la reposición de Chávez, dicho canal, que juzgó un papel claramente partidario durante las horas que duró el golpe, siguió emitiendo. La señal de RCTV fue eliminada del espacio radioeléctrico venezolano el año pasado, al no renovársele la licencia que había vencido. Dicho “cierre”, porque como ya he explicado no fue un cierre como tal, fue condenado por numerosos medios de comunicación, porque consideraron que atentaba contra la libertad de expresión. En la práctica, yo creo que cualquier país democrático no renovaría la licencia de un medio de comunicación que, a la vista de lo sucedido, y objetivamente, podría calificarse de golpista. RCTV sigue emitiendo por internet, y sigue haciendo telenovelas, su punto fuerte, si bien es evidente que ha perdido la mayor parte del peso que antes tenía.

Izarra trabajaba en RCTV en el momento del golpe, pero como puede observarse en el documental “La revolución no será transmitida” (desde mi punto de vista, imprescindible para cualquiera que quiera opinar sobre Venezuela), denunció la censura informativa que se impuso en los medios de la oposición. Alguien, no se sabe quien, tumbó la señal del único canal que en aquel momento controlaba el gobierno depuesto, que era el de propiedad estatal. De este modo, Venezuela sufrió un apagón informativo en el que, los únicos que sí informaban de lo que pasaba, eran los medios privados. Dichos medios, como está ampliamente documentado, desinformaron, tergiversaron y parcializaron todo y cada uno de sus contenidos durante las horas siguientes al golpe. Finalmente, Chávez fue repuesto gracias a un contragolpe del ejército y a los protestas de los venezolanos en las calles. El avión que transportó a Chávez desde Miraflores hasta la isla donde estuvo retenido tenía matrícula estadounidense. El golpista Pedro Carmona, que se erigió en presidente por algunas horas, reside en la actualidad en Colombia.

Izarra fue expulsado de RCTV por protestar contra la línea editorial de RCTV, y ahora es el ministro de Comunicación de Chávez. Una de sus leyes más novedosas ha sido la capacitación de medios e infraestructura para crear medios “comunitarios y alternativos”. Se trata de radios, televisiones y periódicos creados en asociación por un barrio, parroquia o municipio concreto. Algunos, como Catia TV, llevan tiempo en antena y tienen una audiencia nada despreciable.

Ayer Izarra hizo pública una carta que le dirigió al editorialista norteamericano Jackson Diehl, del ‘The Washington Post’. En su carta Izarra muestra su “preocupación con respecto a la cobertura hostil, distorsionada e imprecisa” que ‘The Washington Post’ hizo en el último año en relación a Venezuela. El ministro de Comunicación subraya que el periódico estadounidense, en sus editoriales de 2007, ha calificado a Chávez de “hombre de fuerza”, “autócrata”, “payaso”, “déspota” o “dictador”. Hasta en siete ocasiones se refirió al gobierno de Venezuela como “dictadura”, “régimen represivo” o “autoritarismo”.  A Izarra le parece especialmente grave que se utilicen tales calificativos con un país cuyo presidente ha sido escogido en consecutivas elecciones democráticas, abaladas por los principales organismos internacionales. “Estados Unidos ha utilizado tales clasificaciones para justificar guerras, intervenciones militares, golpes de estado y otras técnicas de cambio de gobierno, a lo largo de las últimas décadas”. Guatemala, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Chile… no hace falta ir tan lejos en el tiempo para encontrar ejemplos. ‘The Washington Post’ también dijo en sus editoriales  que Chávez “controla los tribunales y los medios televisivos” o que con su proyecto de reforma constitucional, pretendía “gobernar indefinidamente” o convertirse en un “presidente de facto de por vida”. Ambas informaciones son, como poco, imprecisas, impropias de un periódico que aspire a ser un referente de la imparcialidad y rigurosidad informativas.

La carta de Izarra acaba de la siguiente manera:

 Estamos indignados con el contenido de la página editorial del Washington Post sobre Venezuela. El Post fue una vez el bastión genuino del reportaje investigativo y la búsqueda de la verdad. Esos días pasaron y el Washington Post se ha convertido ahora en nada más que un tabloide que sirve a intereses especiales. Los nobles principios que Eugene Meyer imaginó para el Washington Post en 1935, que incluían “decir la verdad tan cerca a como la verdad pueda ser confirmada”, “decir toda la verdad tanto como se pueda aprender, en lo relativo a los asuntos importantes para América y el mundo” y “el periódico no será el aliado de ningún interés especial, pero será justo, libre y sano en sus perspectivas sobre los asuntos públicos y las personas públicas” han sido violados por editores como usted, Mr. Diehl, quien ha escogido promover una agenda personal nociva en lugar de asegurar la grandeza de su periódico”.

Quizás podría reflexionarse sobre la capacidad de penetración en la opinión pública que tiene el ‘The Washington Post’ y la que tiene Catia TV, sobre el poder mediático de cada uno y el grado de aceptación que llegan a tener las ideas simples, aunque sean falsas, repetidas infinitamente. Quizás uno podría preguntarse también porqué si Uribe planea reformar la Constitución para volver a presentarse a unas presidenciales no es un golpista, pero si lo hace Chávez sí. Posiblemente quien se lo pregunte en voz alta sea tachado de comunista, fidelista, o partidario de Chávez. Al fin y al cabo, yo creo que es lo que haría el ‘The Washington Post’. En todo caso, el no preguntárselo y seguir la línea marcada asegura tener un mayor éxito mediático. Por lo menos seguro que mayor que dedicarse a hacer preguntas incómodas. mm

Març 27, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 6 Comentaris