A la tercera va la vencida
Caracas, 28 abril.- “Hombre, seguro, seguro solo está el infierlno” –comentó el Mayor Galindo. Eran las 20 horas del domingo y, en principio, el lunes estaba pautado el tercer intento para ‘Sierra’, el operativo antidrogas en la Sierra del Perijá en el Zulia. Podría parecer raro que a esa hora nadie haya confirmado ni desmentido si hay viaje con los periodistas al día siguiente, por eso mejor llamar. “¡Épale, chamo! Sí, sí, mañana a las 7 en Maiquetía, ¿oíste?” –respondió Galindo una vez te ubicó. “Agarra ropa para cuatro días” –comentó en tono serio. Pero solo se trataba de una broma, nos hizo la misma el jueves, el viaje dura un día. “Entonces, ¿esta vez seguro que sí?” –pregunté extrañado, porque si nadie ha avisado y eres tú el que llamas, pues la verdad, serio, serio, tampoco parece. “Hombre, seguro, seguro solo está el infierlno” –bromeó otra vez Galindo. No negaremos que majo lo es un rato. Me plantearé seriamente empezar a llamarle ‘fa sostenido’, total, todos le llaman ‘mi mayor’ (lo siento, tenía que hacer esa broma).
Suena el despertador a las 5.30, ducha rápida, y hacia el aeropuerto. Cuarenta minutos sin cola, pasando por dos simpáticos túneles que tienen por nombre ‘Boquerón I’ y ‘Boquerón II’. Nuestro avión del ejército del aire está decorado con el “Patria, socialismo o muerte… Venceremos”. Da bastante seguridad volar con el jefe de la Oficina Nacional Antidrogas, el coronel Néstor Reverol, y con el General del Comando de Operaciones Estratégicas, Jesús González. Una vez en el aire nos enteramos que una avioneta que despegó una hora después de nosotros ha caído hoy sobre Caracas: cuatro muertos.
Sobrevolamos el lago Maracaibo, y su puente de 10 kilómetros que ahorra a los conductores horas de camino. Seguimos hasta Machiques, y allá, por fin, nos enteramos de qué va exactamente la excursión de hoy. En el marco de la Operación Sierra, el ejército ha “escudriñado” la Sierra del Perijá, limítrofe con Colombia. Nos explican que no han encontrado ningún cultivo ilícito, algo que consideran un “rotundo éxito”. La argumentación es simple: como ejercemos presión, no hemos permitido que los colombianos pasen la frontera para plantar amapolas, cocaína o marihuana acá. Eso sí, han descubierto un campo de entrenamiento de fuerzas paramilitares a menos de medio kilómetro de la frontera, y para allá tienen previsto llevarnos. Dicen que sí han avistado cultivos ilícitos en la parte colombiana. Bromeo con David, el fotógrafo: −“¿Y si les proponemos una incursión aérea al mejor estilo Raúl Reyes?”.
Otra vez más, la extensión de terreno ante tus ojos, a vista de pájaro desde un helicóptero, te sobrecoge. Hoy no son llanuras sin árboles, sino más bien campos verdísimos, con caseríos dispersos. Una vez dentro de Perijá (sierra que serpentea entre Colombia y Venezuela durante 300 kilómetros), comprendes lo aislado e impenetrable que puede estar cualquier cultivo en esa zona, de lo que sea. Desde el aire no se pueden ver fácilmente porque las copas de los árboles los protegen, y para adentrarse en la selva hay que tener ganas de caminar.
Llegamos donde localizaron el campo de entrenamiento. Nos están esperando tres decenas de militares, que tienen toda la zona acordonada. El campamento, impresionante. Queda claro que no es un montaje, puesto que paseamos libremente por las rudimentarias instalaciones que tenían allá, y es evidente que eso no se ha levantado en un mes. Tienen dos casas con la base de cemento y ladrillos, letrinas, cocina, gimnasio (las pesas son un palo con botellas llenas de agua atadas en los extremos), etc. Se sabe que es un campo de entrenamiento porque hay una pista americana de varios centenares de metros, con pruebas del estilo arrastrarse por el barro, pasar haciendo equilibrio por encima de un río, subir por una soga… Todo el rato, un helicóptero artillado sobrevuela el perímetro. Del calor infernal y de los mosquitos mejor hablamos otro día. Tremenda selva. Para los maracuchos (dícese del habitante de Maracaibo), el calor es ‘vergatario’.
Una vez volado el último de los cobertizos que dejaron para enseñarlo a la prensa, volvemos a subir en los helicópteros. Nos llevan a la base militar más cercana: media hora más. “Fui lo que otros no pudieron ser, fui donde otros temieron ir, e hice todo lo que otros no pudieron hacer. He sentido el frío punzante de miedo y he disfrutado el sabor dulce de un momento de amor. He llorado, he sufrido y esperado, pero más que todo, he vivido momentos que otros hubieran preferido olvidar. Por lo menos algún día podré estar orgulloso de lo que fui. Firmado: un soldado venezolano”. Esa es la pintura mural que nos recibe en el destacamento, donde nos muestran todo lo que se incautaron durante la ‘Operación Sierra’.
Y allí está todo expuesto para nosotros: botas, uniformes de camuflaje, hamacas, pilas, una especie de diario con nombres en clave, una granada, armas, munición, artefactos caseros, 80 kilos de coca, comida, miras telescópicas, visores nocturnos… un mini arsenal, vaya. Lo que todos queremos grabar: los parches con las siglas AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), la evidencia de la presencia de los paramilitares. También hay pañuelos donde está escrito “Contraguerrillas”. La historia parece creíble, en la zona del Zulia operan más paramilitares que las guerrillas de las FARC o el ELN.
Volvemos a Caracas, el vuelo tarda dos horas. Cansancio extremo, pero una medio sonrisa dibujada en el rosto al ver aparecer el Ávila por la ventanilla. Bueno mayor, todo fino. Dale pué, nos vemos. mm
