La “bala fría”
Caracas, 10 abril.- Ayer llegó el motorizado a la redacción, renqueante, con un hombro más caído que el otro. Se llama Edgar, y es el encargado de llevar y traer toda la documentación que se precise. Me enseñó una bala, pequeña y dorada. Por lo visto, estaba tan tranquilo en casa de unos ‘panas’, tomando unos tragos, cuando una bala perdida se coló por el techo de la casa y le dio en el hombro. Nadie sabe de dónde vino esa bala, ni lo sabrán nunca. Me enseñó la herida, y si bien era superficial, no puse en duda que eso tenía que doler. Edgar se daba por satisfecho, porque había sido una “bala fría”, que ya estaba en trayectoria descendente, y por tanto solo le ocasionó un rasguño. Nadie se llevó las manos a la cabeza. En todo caso le ‘chalequearon’, con comentarios chistosos. Cosas así, en Caracas, son habituales.
Ramón, el vasco que lleva 33 años viviendo en Venezuela y trabajando para Efe, me contó una cosa similar. Él llegó como voluntario, para establecer unas cooperativas metalúrgicas al estilo de las que entonces existían en Mondragón. Se casó y se quedó a vivir acá, en los Valles del Tuy, a las afueras de Caracas. Al parecer, una noche oyeron como en la calle alguien intentaba robar un coche. El vecino de Ramón, alertado, salió a la ventana chillando para evitar que le robaran su carro. El ‘malandro’ en cuestión se puso nervioso y disparó a ciegas. Una de las balas atravesó la pared del dormitorio de Ramón y rozó la mejilla de su mujer, que se acababa de incorporar en la cama al despertarle los gritos del vecino. Solo fue un rasguño. ¿Mala suerte o buena suerte?. Ramón asegura que aquello fue buena suerte, porque en la zona donde él vive todo el mundo conoce a alguien que ha muerto por los disparos de algún arma.
Estando en Río Caribe, en semana santa, conocí a un hombre con la mandíbula destrozada. Me contó su historia y me invitó a tocarle la cara. Desde la oreja hasta el mentón tenía una placa de hierro, en vez de mandíbula. Obviamente, hablaba con un deje extraño, le costaba vocalizar. Me contó que, en su caso, fue jugando con la pistola nueva de un amigo. Se le disparó sin querer. La bala le rebentó toda la mandíbula. Él decía que también tuvo suerte, porque consiguió llegar rápido a un hospital.
Yo vivo en el municipio de Chacao, la Pedralbes de Caracas. Se publicita asimismo como “territorio seguro”, y de hecho no dejan de pasar coches de la policía en ningún momento del día. La otra noche, sin ir más lejos, vimos como los ‘polichacao’ se bajaron de su coche con la pistola por delante, al advertir que otro coche se había metido por una calle en contradirección. Por si acaso. La inseguridad está ahí, si bien no es algo que yo haya vivido en primera persona. Agarro el metro, las camionetas, salgo por la noche, me muevo por la ciudad sin problemas… pero está claro que la inseguridad es algo que está ahí y uno no se puede confiar. Los venezolanos son muy amables, simpatiquísimos, pero cuando ven que eres extranjero lo primero que te dicen siempre es que no te fíes de nadie. Y periódicamente te cuentan alguna historia, ya sea la del francés al que le quisieron robar el coche a punta de pistola, la del atraco en el banco, o la del robo en el mismo hotel. Pero es normal, las armas están ahí. Cuando me saqué el carnet internacional de estudiante, antes de venir, comprobé que uno de los descuentos de los que dispondría aquí era un 10% en una armería de la ciudad. En todo caso, siempre puedes tener la buena suerte de que la bala esté fría, o simplemente te roce. mm
Mario,
Molt bon article. De fet, hagués estat igual de bo encara que no hagués tingut el “mono” de posts teus des de fa tants dies. Com és que no ens has escrit res??
A mi, això que relates, em recorda una mica “El enemigo Yanki”, o com li diguin a aquí els Estats Units d’Amèrica.
Aquest cop poc més tinc per dir-te.
Només, que espero no haver d’esperar tant per tornar-te a llegir alguna cosa nova (que ja em tinc “Bombardeo” après de memòria!).
Gràcies i fins la propera,
Ramon (un fan)
P.D.: I els altres ex-polítiques, que no us animeu a mantenir un bloc?
Cuando quieras ver una pistola de verdad, llámame. O un pistolón, ya tú sabes.