A salto de mata
Caracas, 25 abril.- “A salto de mata”. Sí, hoy en día es así como definiría la vida del periodista en Venezuela. −¿Cómo es el trabajo del periodista en Venezuela? –preguntaría uno. –A salto de mata –podría contestarse sin problemas.
La organización formal no existe, es imposible tener una agenda de los eventos, siempre que llamas a algún sitio “están almorzando”, puedes hacer ‘guardias’ de cinco horas tranquilísimamente, si preparas un reportaje y quieres una entrevista hay que esperar mínimo tres semanas, Chávez puede aparecer en cualquier momento en la tele, sin previo aviso, y liarla… En serio, ¡a salto de mata! Hay un sinfín de razones por las que, hoy en día, calificaría el trabajo del periodista en Venezuela como de “a salto de mata”. En el caso de un becario, aterrizado hace tres meses, en un país a miles de kilómetros de la ciudad que le vio crecer, lejos de su familia y amigos, con un metalenguaje y unos dobles sentidos desconocidos… ¡buf!
El martes pasado estaba previsto un viaje al estado Zulia. Más de 600 kilómetros al oeste de Caracas. Zulia hace frontera con Colombia, es donde está el Lago Maracaibo (uno de los más contaminados del mundo), donde están la mayoría de los campos petroleros del país, donde el gobernador es uno de los dos únicos gobernadores que no son Chavistas (Venezuela tiene 24 estados).
Se trataba de la culminación del operativo ‘Sierra’, algo así como quemar unos campos de amapola (eso dicen, porque oficialmente es secreto de Estado). Íbamos a Machiques, en avioneta primero y en helicóptero después. −¡Chévere!− Llamaron el lunes, el día antes, nos dieron 20 minutos para responder sí o no. Confirmamos y nos acreditamos el fotógrafo y el becario. Volvieron a llamar más tarde porque al final ‘Sierra” se suspendía hasta el viernes.
Hoy viernes era el día que finalmente culminaba el operativo, toda la prensa estaba invitada, dos avionetas y otros dos helicópteros estaban preparados, estaban listos los pic-nic en forma de bocadillo envuelto en la bandejita de ‘porexpan’… Había que levantarse a las 5.30 de la mañana. Una vez en Maiquetía, los militares de turno nos han dicho que se volvía a suspender, esta vez a causa del mal tiempo. “Chamo, se suspendió, pana. Mayor Galindo, te digo el número del selular. Puede ser que el lune’, de repente lej’ llamó el domingo y cuadramo’. O sino llamen”.
¿Perdón? –pensé−. ¿Y los campos de amapola los dejamos ahí hasta el lunes, que haya buena luz y se puedan hacer unas buenas fotos? Bueno, ya despiertos miro a ver si me acerco a Petare. Total, con esta lluvia y este tráfico de siempre, el viaje de vuelta con ese taxi de confianza que te viene a buscar al aeropuerto en las afueras de Caracas será de dos horas. Hay tiempo para pensar si vamos a Petare. Hoy iban a conocer a la vasca que lleva 30 años en Caracas, trabajando con los niños del barrio. Podría ser un reportaje de los que gusta hacer.
−−− Acaba de empezar a llover en Caracas, es alucinante. Lleva dos días que parece que se vaya a vaciar el cielo −−−
−Pues nada, a conocer a la vasca, que seguro que tiene una historia tremenda que contar –piensas cuando ves que la ilusión de sobrevolar el Lago Maracaibo se ha ido ‘pal coño, veeeeerrrrga’. –Riiiiiing− oyes en un tono ascendente. El móvil, tiene ese sonido característico. Llaman del Ministerio de Comunicación e Información (el Minci). Te conceden la entrevista con el ministro que habías pedido hace más de un mes para hacer un reportaje sobre el lanzamiento en octubre del satélite venezolano desde China, que se llamará, como no, Simón Bolívar. –Oye, que es dentro de tres horas−.
¿Es broma? No, va en serio, ahora o nunca chaval. A las 15.30 horas. Suspendo excursión a Petare, recupero toda la información que tenía para la entrevista con un ministro cuyo nombre no recuerdo (total, hay más de veinte ministerios, y a los ministros los cambian cada año). ¡Ah, agarra la cámara, que también haremos algo para tele! Metro en La Hoyada. Nos recibe el jefe de prensa. El fotógrafo y el becario nos tomamos un café con él mientras esperamos que nos reciba el ministro. Una hora más. Entrevista BRUTAL (a nivel personal, por lo menos) … Veeeeerrrrga, ¡a salto de mata! ¿Sí o no?
El domingo, gracias a Dios (nunca mejor dicho), tenemos la beatificación de la Madre Candelaria. Viene desde Roma para la ocasión el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el portugués José Saraiva. Misa de cinco horitas en el estadio de béisbol de la Universidad Central de Venezuela. El arzobispo de Caracas te dijo que calculaban 50.000 personas. Es la primera beatificación que se va a celebrar en Venezuela y claro, ellos no tienen a 498 mártires de la Guerra Civil para que los beatifiquen de una sola vez. Para los venezolanos, cuyo presidente reza en público por la tele y alaba la figura de Jesús, cuyos habitantes celebran con fervor vigilias durante todo el año, es solo la segunda beata de su historia. Yo creo que el Vaticano, como buena empresa, entiende que en Venezuela hay un gran mercado en el que invertir algo, ¡una beatificación por lo menos! ¿Rezaré para que siga lloviendo? Es igual, un cura por la tele ha dicho que sería magnífico, porque entonces los fieles podrían demostrar su capacidad de sacrificio, mojándose y pasando frío bajo la lluvia, en la histórica beatificación de la Madre Candelaria, “la Sierva de los enfermos”.
A la devota Madre Candelaria se le atribuye un milagro. El Papa Benedicto XVI ya dio su visto bueno el mes de julio pasado. Ella murió en 1940, pero fue capaz de transportar su virtud hasta 1995. En su localidad natal, un pueblo en el estado central Guárico, una mujer tenía que dar a luz. Los médicos le diagnosticaron que el feto estaba muerto. La mujer rezó rota de pena durante toda la noche, junto a una de las monjas cuya orden fundó la Madre Candelaria, y al día siguiente vio nacer de su vientre una niña. Como nombre le puso Milagros Candelaria. Los médicos dijeron que no era explicable desde el punto de vista científico. Yo creo que la historia se merece una beata.
Pues eso, que el domingo misa de cinco horas con 50.000 venezolanos venidos de todo el país. Viene Harold, el fotógrafo que hace guardia este fin de semana, será divertido. No te quejes Mario, sarna con gusto no pica. Además, “la gente de tierra de pizarra es recia”, lo dijo el abuelo. El jueves, de puente a Chuao. Este mes de abril, con cuatro días de descanso en total, bien se merece una rumba.
−−− Deja de llover. En la noche caraqueña se escucha el sonido de las gotas rezagadas, el canto de alguna chicharra, el ruido de algún coche… −−− mm
Mario,
Espero que aviat puguis anar a Petare, i sobretot, que ens expliquis què hi ha a Chuao (o com se digui, pq amb un nom així…).
Jo crec que el “salto de mata” és culpa del comunisme; això als països capitalistes i desenvolupats de veritat… no passa!.
Fins la propera,
Una forta abraçada,
Ramon
P.D.: Únic corresponsal de “polítiques” a l’Amèrica llatina.
Diossssssssss, me encanta este nuevo estilo de narración. Narración cruda y sarcástica de la que a mi me gusta!!
Vaya, creo que tendré que volver a engancharme a los artículos de mmm!