el fòrum dels exiliats

recull de contrastos des del periodisme

Chuao, mucho más que cacao

Caracas, 5 mayo.- Nunca hubiera imaginado que el cacao saliera de una fruta tan peculiar. El color de la fruta del cacao varía entre el verde, el blanco y el morado, supongo que en función de su grado de madurez. Su parte exterior es dura, con una cáscara rugosa, más ancha que la cáscara de la patilla (sandía). Nace sujeta al tronco o ramas de la mata de cacao, y dichas matas pueden ser tan grandes como un árbol pequeño. Pero el fruto en cuestión no es la terminación de ninguna rama, y no sale como el brote final a unas hojas. De hecho, los frutos de cacao aparecen como quistes anexos al propio tronco de la planta. Su interior es parecido al de la chirimoya; la parte blanca y gelatinosa, que tiene un sabor muy rico, protege las semillas. Esas semillas, una vez limpias y secadas al sol, pueden molerse para extraer el cacao propiamente dicho. Esa es la pasta base para hacer el chocolate. El pueblo de Chuao, con no más de mil habitantes, se enorgullece de producir “el mejor cacao del mundo”. Claro que en Venezuela a muchas cosas las llaman así, ya sea porque tienen el teleférico que sube a más metros por encima del nivel del mar del mundo, el salto de agua natural más alto del mundo, o porque es el país con las mayores reservas de petróleo del mundo.

Llegar a Chuao no es fácil. Solo puede hacerse vía marítima o después de caminar cinco horas desde el pueblo de Choroní. Para llegar a Choroní, otro pueblo costero en el estado de Aragua, antes hay que atravesar una carretera infernal que serpentea por una montaña en la que hay curvas donde las camionetas deben maniobrar marcha atrás para pasar. Así que nada de imaginarse un tráiler o un autocar grande en esa carretera, porque directamente no cabe. Tanto al puerto de Chuao como al de Choroní solo pueden llegar ‘peñeros’, esas míticas lanchas a motor en las que no caben más de veinte personas. Es lo que da de sí el muelle. Sí, Chuao está realmente perdido, y posiblemente ahí atesore su encanto. Llega gente, claro, porque es conocido, pero nada que ver con el turismo masificado del estilo Marina d’Or. Las posadas que hay para dormir son más bien hostales familiares que hoteles de esos que tanto beneficio dan construidos en el lugar adecuado. Chuao mantiene su esencia, y el extraño es el turista. En todo el puente no vi ningún ‘guiri’, todos los temporadistas eran venezolanos.

Y para allá fuimos este puente de mayo, a Chuao. El plan estaba claro: acampada bajo las palmeras, a diez metros de las olas. Para desconectar, en un pueblo en el que por supuesto tampoco hay cobertura, el plan no hubiera podido ser mejor. El viaje, entre la carretera y el peñero cargados como burros que íbamos con la guitarra, mochilas, carpas (tiendas), nevera, comida, bebida, y pelota para echar unos toques, mejor olvidarlo. Eso sí, todo hizo su servicio. Pero Chuao no se queda únicamente en la playa. Tres kilómetros tierra adentro está el pueblo propiamente dicho. Hasta allí sí que hay una carretera de tierra que serpentea entre árboles monumentales y campos de cacao. De vez en cuando algún coche o alguna moto pasan. Ambos vehículos, en su día, fueron trasladados vía marítima hasta allí. La acampada en la playa, con la única luz de nuestras velas y de las escasas luces del puerto de Chuao, mirando las estrellas con el sonido sempiterno de fondo de las olas rompiendo en la costa… uno puede llegar a pensar que la vida del becario en Venezuela es muy dura.

Uno de los días aprovechamos que estábamos allá para visitar el Chorrerón. Desde el pueblo de Chuao, tras dos horas de caminata por la selva, remontando el río que pasa por el pueblo y desemboca en el mar, se llega al Chorrerón. El Chorrerón es una caída de agua natural enorme, que forma una poza en la que uno se puede bañar tranquilamente.  La subida es recomendable hacerla con un guía del pueblo. Nuestro guía fue el señor José Elías. Pese a tener cincuenta años, el señor José no levanta más de metro cincuenta del suelo. Una malformación le impide caminar con normalidad, pese a que nunca hay que dejarse engañar por las apariencias. Cuando le pedimos que nos llevara, aconsejados por los lugareños que tomaban cerveza a las doce de la mañana en la licorería del pueblo, se mostró encantado. “Corriendo”, fue a su casa a por el machete de turno, por si aparecía alguna serpiente, y marchamos. Él, con el bañador y el machete, descalzo. Nosotros con todo el equipo que se le supone a un turista. Nos hizo parar en otra licorería, se bebió dos cervezas mientras nosotros sorbíamos la primera, y nos invitó a seguirle. La primera vez que el señor José subió al Chorrerón tenía diez años, a razón de dos o tres viajes por semana, durante cuarenta años, podría considerarse un experto. Vuela a través de las veredas, y se hace imposible seguirle el ritmo. La caminata transcurre con cruces continuos del río, hacia arriba. Hay pasos en los que el agua te llega más arriba de la cintura. De vez en cuando hay algún campo de maíz, yuca o caraotas. Pero se hace ameno, porque el señor José responde a todas tus preguntas, amable, aunque cuesta entenderle las respuestas. Obviamente el español del habitante de un pueblo perdido en Venezuela dista mucho del de la Real Academia. También hay árboles rectos y altos como cualquier edificio medio del Eixample. Y así se nos apareció el Chorrerón. Imponente.

De bajada del Chorrerón compramos las respectivas panelas de cacao en el pueblo, para hacer algún día una chocolatada. También pudimos comer una catalana. Sí, en Venezuela la catalana es un pescado rosáceo de dos palmos, con una carne blanca exquisita. El pescado en sí no puede ser más fresco, ya que las barcas llegan cada día puntualmente al puerto. La pesca es artesanal, y el mar se muestra generoso con los peces. Las barquitas aparcan en el mismo río que desemboca en el mar, amarradas con cuerdas a las palmeras. En el apartado culinario, junto a la catalana, también hay que destacar las empanadas de calamar.

Uno de los bares donde comimos, llámale bar llámale cobertizo de bambú, estaba adornado con varios pósters de Chávez, como pasa en la mayoría de negocios y casas de Chuao. A nivel político se podría considerar que todo el pueblo de Chuao es chavista. Las camisetas y gorras rojas con mensajes de apoyo al presidente son abundantes. El Gobierno, como ha hecho en muchos lugares del país, hizo un censo de los habitantes de Chuao, históricamente olvidados. A las familias que vivían en chabolas, si querían, les concedió una vivienda nueva a pagar con un crédito muy rentable. Las casas están en marcha y bien visibles, y aunque son de puro ladrillo y cemento, es más de lo que tiene mucha gente en Venezuela. Además, el Gobierno también ha concedido microcréditos a esa gente para poner en marcha negocios o potenciar los que ya existen. Toda la asistencia técnica es gratuita. El señor José me contó que el pueblo, que depende de otra alcaldía, se reúne en asambleas generales cada semana, con la participación comunitaria de los vecinos, para tratar todos los temas de su interés. Chuao tiene un gran potencial turístico, es evidente, y los cartelones publicitarios de las obras del chavismo en la entrada del pueblo dan a entender que en buena parte lo arreglado que está el pueblo responde a eso. La nueva conciencia socialista no sé si habrá impregnado a los lugareños, pero está claro también que los billetes pueden forjar a grandes chavistas. Acá la llaman la boliburguesía.

Hay un problema en Chuao: los mosquitos. Durmiendo en carpa, por la noche, literalmente te acribillan. Lo del repelente es igual, comprobado. Encima éstos son pequeños, indetectables, y especialmente eficaces en colarse dentro de la tienda para luego ponerse las botas. Otro día hablaremos de ese odioso insecto. mm

Maig 6, 2008 - Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

2 Comentaris »

  1. I les fotos?

    Mario, aquest anava a no comentar-lo… de ràbia. Jo vull aquesta vida (amb menys rastes i més dutxes, però aquesta vida, almenys per unes petites vacances).

    Espero que abans d’acabar la teva missió a Caracas, ens expliquis que has descobert que… SENSE Chávez, la gent és molt més feliç que AMB Chávez.

    Vins la propera,

    Ramon

    P.D.: Estàs perdent el temps, ets al bressol de “mis universo” i no pots parlar de veneçolanes perquè no estàs ficat en el tema??? Mario! Reacciona!!!

    Comentari per Ramon Capdevila | Maig 6, 2008

  2. Me quiero subir a ese teleférico diosssssss. Llega hasta 5000 metros de altura con un desnivel de 3mil y pico metros, de 12 km de largo. Tiene que ser acojonante!

    Por cierto, esa descriptiva del cacao es tuya?
    Para cuando un libro?

    Comentari per Sergio | Maig 8, 2008

Deixa un comentari