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Entre la lluvia y el sol

Caracas, 28 mayo.- Empieza la época de lluvias en Venezuela. Bueno, tampoco se puede decir exactamente así, porque de un tiempo a esta parte el tiempo anda como loco. Los lugareños, gente a la que siempre hay que escuchar cuando uno no está en su casa, aseguran que últimamente los patrones climáticos mundiales también se están alterando en Venezuela. Las lluvias del invierno y el clima suave durante todo el año, que regían el valle donde está asentada la gran Caracas, no son tan predecibles como antaño. Aún así, el Caribe se muestra con todo su encanto sí o sí. Este valle, al pie del Ávila, tuvo que ser espectacular antes de que llegara Cristóbal Colón.

Ayer por la mañana llovía a mares. Empezó de madrugada, y la cadencia se mantuvo constante durante horas. Por las calles bajaban regueros de agua que nada tendrían que despreciarle a un torrente. En días así, uno entiende porqué hay alcantarillas aquí por las que se podría escurrir un niño fácilmente, sin ninguna rejilla de protección. Es así, si llueve, llueve. Y la lluvia arrastra basura, tierra, hojas y según cómo, lo que se le ponga por delante.  En diciembre de 1999 varios deslaves en los barrios que rodean Caracas causaron alrededor de 20.000 muertes.

Y ayer por la mañana, en Caracas diluviaba. Los cinco minutos que uno tarda en llegar al metro bastaron para acabar completamente calado. El impermeable no basta, eso quedó claro. La gente se agolpaba en las bocas del metro, esperando que amainara un poco, y en verdad amainó. Claro que, para entonces, yo ya estaba en la redacción con unos vaqueros que podrían mantenerse de pie por sí solos y con un charco en cada pie. El impermeable, eso sí, resguardó mi bolsa y mi tronco superior. Llegó Edgar, el negro enorme que hace de motorizado, el mismo de “La bala fría”. Yo creo que debe estar cerca de los dos metros, tiene una panza grandiosa, y siempre lleva bajados dos lentes para ver de cerca y otros dos, que son para protegerse del sol, encima de la cabeza a modo de diadema. Su vista, los lentes de cerca y los lentes de sol, los alterna según el momento. De ahí que Aldo, el chileno, lo chalequee llamándole “cuatro ojos”. Edgar tiene unas manos en las que caben tres mías, no hay duda. Es de pinga, habla poco, pero se le ve noble como pocos. No sé qué edad tendrá, pero está claro que ya no es todo lo joven que fue, como dan a entender su bigote canoso y su incipiente calvicie.

En fin, a lo que íbamos, llegó Edgar al poco que yo, totalmente empapado. Aldo, entre chanzas varias, contó que hace años un hombre murió ahogado en su carro, en mitad de la autopista central de Caracas. Le parecía una muerte surrealista, puesto que la autopista en sí está en pleno centro y claro, es una vía de unos cuantos carriles en cada dirección. Pero sí, murió ahogado. A Aldo solo hay una muerte que le parezca más surrealista, la del hombre que murió corneado por un toro en el ascensor de su casa. Según explicó, un toro se escapó en una calle de Bogotá del camión que lo transportaba, entró en un portal, y embistió a un hombre que bajaba tranquilamente en su ascensor justo en el momento que se abrieron las puertas.

El caso es que el Caribe muestra su encanto sí o sí, y a pesar de que ayer diluviaba, hoy el sol era radiante. Uno de los días más calurosos en los casi cinco meses que llevo aquí. Y claro, a uno le sorprende el cambio porque en pocas horas el contraste no podía ser mayor. Esta mañana, de camino a la redacción, aún podían verse pequeños charcos en las zonas de penumbra. Camino del metro paso por una calle que desprende una fragancia bestial. No sé de qué planta o árbol vendrá, porque una verja impide saberlo. Pasar por esa calle y abrir bien los pulmones durante los cinco pasos que dura el olor se ha convertido en un inmenso placer.

Y quizás fue porque esta tarde leía en la terraza de casa “Memorias de mis putas tristes”, del gran Gabo, y la descripción que hace de una tormenta seguida del sol me pareció sublime. Entendí lo que se escondía detrás de cada letra de esa descripción. Mejor aún, la viví. Y pensé, “entre la lluvia y el sol”. Sí, mañana toca celebrar el cumpleaños del supercompi Antonio. Fino. mm

Maig 29, 2008 - Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

2 Comentaris »

  1. Mario,

    Aquest i l0últim (la de la notícia de la teva vida) són molt llargs; ara no tnc gaire més temps. Et prometo que els llegiré en un altre moment. Ara mateix, però (i exceptuant l’últim post), i des de fa dies, segueixo essent la única persona que ha llegit i comentat totes les teves publicacions en aquesta web. Em mereixo almenys un URRA! (per cert, amb “H” o sense?

    Fins la propera,

    Ramon (Mario-addicte)

    Comentari per Ramon Capdevila | Juny 2, 2008 | Respondre

  2. Hurra (amb ‘h’ d’Hugo) pel Ramon!!! És més, un HURRA per cada comentari! Gràcies Ramon!!!

    Màrius Vàrius

    Comentari per exiliats | Juny 2, 2008 | Respondre


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