La catira Pípia Sánchez y Doña Bárbara
Caracas, 24 junio.- El escritor español Camilo José Cela escribió en los años 50 “La Catira”. Posiblemente no sea una de sus obras más conocidas, pero seguro que sí fue una de las que le aportó más beneficios. La novela fue escrita por encargo del dictador Marcos Pérez Jiménez, que por aquel entonces gobernaba en Venezuela. El encargo le supuso a Cela tres millones de pesetas, una auténtica fortuna en aquellos años. Pérez Jiménez quería que alguien escribiera una novela para dar a conocer Venezuela, y Cela se la escribió. ‘Catira’ significa ‘rubia’, y la catira Pípia Sánchez es la protagonista de la novela de Cela. Cela escribe sobre una mujer sola que vive en el llano venezolano, a cargo de un hato heredado. Mediante el trabajo de sus peones la catira obtiene beneficios de la venta de ganado. La obra de Cela no tiene una excelente trama, ni mucho menos, y lo que más sorprende es el uso continuo de vocablos venezolanos, lo que hace que la lectura sea un tanto complicada. La gracia de leerla, a parte de los venezolanismos que se pueden aprender, pasa porque permite adentrarse un poquito en los paisajes de los llanos de Apure y Barinas.
La historia de este ‘post’ finalizaría aquí si no fuera porque al escritor venezolano Rómulo Gallegos le dio por escribir “Doña Bárbara” dos décadas antes que “La Catira” de Cela. “Doña Bárbara” está considerada como una de las obras cumbre de la literatura venezolana. En ella se relata la vida de la protagonista, que al igual que en “La Catira” también vive sola, a cargo de sus hatos, peones y ganado, en el llano venezolano. Las similitudes son innegables, y eso hace que a ojos de la historia pueda considerarse que Cela copió en parte la obra de Gallegos, por lo que no hay que olvidar que ganó tres millones de pesetas. Lejos de ser una obra mejorada, la de Cela dista mucho de aproximarse ni tan siquiera a la de Gallegos.
“Doña Bárbara” tendría muchas cosas a comentar: la grandeza del paisaje que impregna cada página, la fauna que aparece en forma de yacabós y caimanes, la rudeza de una gente acostumbrada a tratar con bestias salvajes, el ímpetu civilizatorio llegado en forma de Santos Luzardo… En todo caso, lo que quedan son unas ganas tremendas de ir unos días para allá. Estuve en Apure con el inicio de la ‘Operación Boquete’, pero no es lo mismo. Como lo describe Rómulo Gallegos en “Doña Bárbara”, el llano venezolano es “tierra abierta y tendida, buena para el esfuerzo y para la hazaña, toda horizontes, como la esperanza, toda caminos, como la voluntad”. mmm.
Dos que no perden el temps (no com els altres 6)
Dedicat al que ha d`anar a Tailàndia amb menors per sucar; el que es folla munyecas de plàstic perquè si els hi treus la silicona, no els hi queda res; el que ha d`anar a Cuba amb la parenta per xuscar per por a tocar-ne alguna d`equivocada i acabar amb un tret de la guerrilla; el que es va cansar de repoblar Chiapas; el que va haver de tornar i va deixar EFE per una multinacional en tal de sucar una mica el melindro com no feia mi mai faria a Delhi; el que s`ho fa amb ocells amb cognom de futbolistes, i com no, al millor fan del web, en Killereditor, de qui no direm res perquè ens pot deixar pels terres amb el seu comentari….(ah, records a la Dúnia, la Lali i l`Anna, que suposem que no us van les de la foto i per això no anava per vosaltres).
Salutacions des de Rio companys!! a cascarlaaaaaaaaaaaa
Gerard i Pau
Un día de playa
Playa Grande, Choroní (Venezuela), 16 junio.- Cuando el ministro del Interior de Venezuela, Ramón Rodríguez Chacín, aparece en televisión para ofrecer datos de los accidentes que se producen en el país durante los “periodos vacacionales”, acostumbra a aportar cifras de los muertos en accidente de carretera, por un lado, pero también del número de ahogados.
Y es que en Venezuela, con tantos kilómetros de costa, con el bajo número de socorristas o salvavidas que los vigilan, con las olas que a veces hay, y con la afición de algunos venezolanos a llevar neveras llenas de cerveza cuando van a la playa para bañarse completamente ebrios; las muertes por ahogo son algo habitual. Un ejemplo: durante la Semana Santa pasada murieron ocho personas ahogadas en la playa. Cabe decir que no creo que los funcionarios adscritos al ministerio del Interior consignen todas las muertes que hay en las playas venezolanas, no solo por una cuestión de ineficiencia, sino también porque es imposible controlar la orografía costera con las infraestructuras existentes.
El pasado fin de semana, gracias a una nueva escapada a Choroní, aprendí un poco más sobre el tema. El pasado fin de semana había mar de fondo. Olas de más de tres metros rompían contra el banco de arena de la bahía de Playa Grande, a unos veinte metros de la costa. Eso posibilitaba el baño, cosa de agradecer si tenemos en cuenta el sol de justicia que iluminaba la escena. Pero el Caribe es traicionero en un día así, y las corrientes submarinas y las olas tienen mucha más fuerza de la que se le presupone, máxime si el que está en la playa y quiere bañarse lleva un buen número de cervezas encima. El aire mecía las palmeras y las sombrillas refugiaban de los rayos de sol a los bañistas. “Cerveeeesa frejca, cervesiiiita fría”, “Levantacolchones, eeeel levantacolchones” y demás gritos del resto de vendedores que pasean playa arriba y playa a bajo, ofreciendo todo tipo de comida, artesanía y bebida, completaban la mañana del domingo. Los bañistas jugaban con la arena, se bañaban, tomaban, y solo el pitido intermitente del socorrista cambiaba la escena. El mar escupió un pescado muerto de más de cuatro kilos a la arena, y todos se arremolinaron a su alrededor, a ver qué pasaba.
Choroní es pueblo turístico donde es habitual ver algún europeo, si bien son una minoría poco destacable. La playa de Choroní, Playa Grande, está vigilada por un socorrista. El extranjero sabe que él es el socorrista no por su bañador, su camiseta, su gorra, sus lentes de sol, o porque esté sentado en un puesto de vigilancia, sino porque lleva el típico salvavidas naranja, porque se pasea por el litoral, y porque a cada poco hace sonar su silbato para advertir a alguna persona alejada que está demasiado metida en el mar. Uno de los franceses que estaba con nosotros aseguró haberle visto con una cerveza en la mano a las 12 de la mañana. Yo me lo creo.
En una de sus ráfagas de silbato, vimos como una chica joven parecía tener problemas para salir del agua. Al principio no le dimos importancia, porque lo del silbato se repite bastante a lo largo de la jornada, pero en esa ocasión efectivamente alguien lo estaba pasando mal. Otro de los franceses, que estaba cerca de la chica, la salvó en un primer momento de morir ahogada. El socorrista ya estaba dentro del mar, pero el trecho hasta ella era verdaderamente largo, y el mar picado hacía difícil avanzar. El agua no cubre mucho, pero el terreno es irregular. Hadryen, el francés, se la entregó al socorrista, y éste fue el que la acabó de sacar, manoseándole ostensiblemente un pecho –no es broma−. La dejó sentada en la arena y se fue sin intercambiar ninguna palabra con ella. Se volvió a colocar su gorra y sus gafas, y se alejó a seguir advirtiendo a bañistas despistados que andaban demasiado lejos. Los amigos de la chica la recibieron, algunos con su cerveza en la mano, notoriamente borrachos, y en un primer momento rieron por las circunstancias. Al ver que el asunto era serio, y que la chica realmente lo había pasado mal, su novio la abrazó y se la llevó lejos de las miradas de los bañistas cercanos. La chica lloraba.
Los franceses que conozco, gente que en algunos casos lleva más de un año por aquí, me explicaron anécdotas relacionadas con los ahogos. Son gente que acostumbra a salir de Caracas cada fin de semana, normalmente a la playa, y por tanto son una fuente mínimamente acreditada en la materia.
Me contaron que en el pueblo de al lado, Chuao, al que solo es posible llegar vía marítima, celebran anualmente una fiesta preciosa. Los pescadores llevan hasta la costa a las estatuas de las vírgenes del pueblo, y todos los habitantes se vuelcan en el acto religioso. Un francés estuvo en la misa, y me contó que el sacerdote, a lo largo de la ceremonia, pidió a los feligreses un recuerdo especial por los pescadores del pueblo que habían muerto en los últimos dos meses: catorce. Si tenemos en cuenta que Chuao tiene mil habitantes la cifra es bastante elevada. Olivier, aficionado a la natación, me contó que eso de los rescates de gente a punto de ahogarse era algo que ya había vivido. Al parecer, después de la ceremonia religiosa, los lugareños acostumbran a tocar desenfrenados ritmos de tambor hasta bien entrada la noche, a la luz de las hogueras, mientras se agarran tremendas ‘peas’.
Durante ese fin de semana los franceses que estuvieron en Chuao sacaron del agua a dos personas con dificultades para volver a la costa. El primero fue un señor mayor que posiblemente se había lanzado desde una barca estando ‘rascao’ y se encontraba mar adentro con sus tejanos y sus zapatillas. La segunda fue una señora bien entrada en carnes que, según dijo Hadryen, se abrazaba histérica a su socorrista dificultando mucho la labor del salvavidas. Al conseguir sacarla, Hadryen observó atónito como todavía tenía agarrada en una mano la botella de guarapita −aguardiente andino con jugo de limón, parchita o mandarina−. A pesar de estar a punto de ahogarse, mantuvo en la mano durante todo el rescate su bebida. mmm.
Otra pauta de pistas
Maturín (Venezuela), 13 junio.- Pinos, pinos, pinos y hasta donde te alcance la vista únicamente pinos. Recién plantados, más crecidos, enormes y frondosos, partidos por alguna tormenta… Al fin y al cabo, pinos. Eso es la Reserva Forestal de Uverito, al sur del municipio Maturín en el oriental estado Monagas. Sabía que Venezuela tiene desiertos, sabanas, selvas, montañas de cinco mil metros o incluso islas y playas de ensueño, pero que también tuviera bosques de hoja perenne era algo que no me esperaba.
En medio de la Reserva Forestal de Uverito, donde se replantan y se cortan miles de hectáreas de pino en función del ritmo de trabajo de madereras y papeleras de la zona, el ejército venezolano ubicó la última de las pistas de aterrizaje clandestinas descubiertas. La reserva tiene un sinfín de carreteras que discurren entre los bosques, rectas hasta perderse en el horizonte. El final de un tramo de ellas, que acaba en ninguna parte, era utilizado presuntamente por las avionetas del narcotráfico. Allí encontró el ejército las trazas de sus ruedas al aterrizar y cinco mil litros de combustible para llenar sus lucrativos depósitos, por lo que las autoridades decidieron volar la pista con explosivos. Otra vez, una pauta de pistas rodeado de militares, helicópteros y demás ambiente castrense. Fino mi pana, muy fino.
Una hora de avioneta desde Caracas nos dejó en Maturín, la capital de Monagas. No es muy grande, pero en pocos días se jugará allí el partido de futbol “Amigos de Ronaldinho Vs Amigos de Messi”. Desde Maturín, tras veinte minutos de viaje en un helicóptero Cougar, llegamos a la pista en cuestión. Desde el Cougar, del que habían retirado las ametralladoras que se pueden colocar en sus laterales, el paisaje volvió a ser demasiado extenso como para intentar abarcarlo.
Era el Operativo Boquete III, después del que se hizo en el sureño Apure y en el occidental Falcón, le tocaba el turno a los estados orientales de Monagas y Anzoátegui. El jefe del Comando Estratégico de Operaciones (CEO), el general Jesús González, contó a los medios que desde marzo se han inhabilitado en Venezuela 180 pistas usadas presuntamente por avionetas del narcotráfico. Desde enero se han incautado 25,3 toneladas de droga. Periódicamente, la Oficina Nacional Antidrogas (ONA) prepara quemas públicas en las que sucesivamente son lanzadas a la hoguera sacas con cocaína y marihuana. Es la manera de demostrarle al mundo que Venezuela sí lucha contra el narcotráfico, a pesar de las acusaciones de Estados Unidos de connivencia con la trata de estupefacientes. Es perverso: Colombia la produce, EEUU y Europa la consumen, y la culpa es de Venezuela. Tampoco hay que engañarse, a pesar de que el país no cultiva, y no es un gran consumidor, por aquí pasan al día enormes cantidades de todo tipo de drogas; muchas veces gracias a la connivencia o el mirar para otro lado de los funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado. Después de verle en Apure, en la Sierra del Perijá, en la isla de la Orchila y en Uverito, puedo afirmar que para el general González encenderse un buen puro, una vez el operativo ha concluido y él ha dado su rueda de prensa, es todo un ritual.
Pero lo más emocionante no fue captar con la cámara de porno casero el momento de la explosión, la nube de polvo, o la pose de los militares de turno para permitir a la prensa tomar una bella instantánea, no. Lo más emocionante fue sentir el paso de un Sukhoi-30 a cien metros por encima de nuestras cabezas. Era uno de los 24 que Venezuela ha comprado a Rusia, y visto que están nuevecitos y que la gasolina en Venezuela cuesta mucho menos que el agua, pues hay que sacarlos a pasear. Son la joya de la corona, el ministro de Defensa dijo que se trataba de “el mejor avión del mundo”, y cuando oyes a los militares mentarlo lo hacen con un brillo especial en los ojos.
El Sukhoi no tenía nada que bombardear en Uverito, pero pasó en vuelo rasante no menos de diez veces por encima nuestro, describiendo piruetas y giros en el cielo. Todo estaba preparado para la rueda de prensa: sillas, mesas, una carpa para protegerse del sol, los trípodes de las cámaras, carteles del operativo… hasta habían llegado las autoridades, pero todo se detuvo porque el Sukhoi estaba esperando en el aire para hacer su exhibición. A cada pasada, el de la Fuerza Aérea que estaba con nosotros le decía por el walkie-talkie al piloto que bajara un poco más, sin comprometer la seguridad, pero permitiendo a los periodistas grabarlo de bien cerca. Todos estaban emocionados, como un niño con zapatos nuevos. Hasta movieron un camión y lo situaron en medio de la pista para que los camarógrafos y fotógrafos se subieran en él y captaron mejor el paso del avión. Cuando el Sukhoi pasa, dos segundos después llega el tufo a combustible quemado, el ruido ensordecedor y todo alrededor se agita. Los pinos se balancearon mecidos por la imprevista tormenta y la hierba voló ante el objetivo de la cámara. Tanto llegó a bajar el Sukhoi, que en la última pasada volaron la carpa, las sillas, los trípodes, las mesas, los carteles… ante las risas y comentarios graciosos de todos los presentes, incluidos los militares. “Tremendo avión, pana. ¡Guá, qué avionsito!”.
En seguida movieron un carro, le colgaron el letrero del Boquete III, y a dar la rueda de prensa igual. Suerte que se nubló, porque si no nos hubiéramos cocido. Después volaron la pista, nos llevaron a ver el agujero, y otra vez a Maturín en el Cougar. Allí nos invitaron a todos a comer carne en vara con guasacaca, papelón con limón y demás gastronomía típica. Con la panza llena, de vuelta a Caracas en el avión del ejército. Dicen que en veinte días seguirán con operativos en el norteño Sucre o en el central Guárico. Esto de ir de excursión y salir por unas horas del caos de la capital es ‘arrechísimo’. En el Zulia lo calificarían de ‘vergatario’. Tanto monta, monta tanto. mmm
Operación Patria Socialista
La Orchila (Venezuela), 6 junio.- “Buenos días. Pueblo venezolano, Fuerza Armada Nacional, pueblo en armas… En este día radiante tenemos la oportunidad de asistir a la maniobra conjunta de la Armada y la Aviación que hemos denominado Patria Socialista I – 2008”. Así comenzó su rueda de prensa el ministro de Defensa de Venezuela, el general Gustavo Rangel Briceño. Estábamos en la Isla de La Orchila, zona de uso militar exclusivo, junto a otros 30 periodistas más, nacionales e internacionales. También nos acompañaban más de cien militares. Sí, otra excursión de esas de a las 05.00 horas de la mañana en Maiquetía.
Pero esta vez era diferente, porque Venezuela había decidido mostrarle al mundo su poderío militar. El Gobierno bolivariano tenía previsto lanzar su primer misil desde un caza Sukhoi-30, uno de los 24 aviones comprados hace poco a Rusia. Chávez bautizó hace pocos días a esos misiles, en una de sus alocuciones en la televisión, como el misil de “lánzalo y olvídalo”, en referencia a que únicamente necesita que se fije el objetivo previamente para que dé en el blanco. Chávez también dijo, entre risas, que estaba entrenando para pilotar uno de los Sukhoi y que él mismo iba a lanzar el misil.
La convocatoria oficial de La Orchila era para presenciar “maniobras militares”. Como siempre, por motivos de seguridad, avisaron el día antes. Los periodistas rumoreaban sobre el lanzamiento de los famosos misiles, y sobre la posibilidad de que fuera el mismo Chávez a verlo. En mi fuero interno pensé que Hugo vendría, y así se lo decía a los compañeros, pero no. Una lástima. Eso sí, llamó por teléfono al comandante general de la Armada para felicitarle personalmente. Es genial cuando Chávez llama, porque el receptor acostumbra a ponerse muy tenso y apenas llega a balbucear un “sí, mi comandante en jefe” a cada poco. Cuando cuelga respira aliviado.
Así fue. El ejército venezolano lanzó primero el misil tierra-aire desde una patrullera, sobre un supuesto blanco en forma de “barco a la deriva”, situado a unos 40 kilómetros de la costa. Nosotros no lo vimos, pero nos dijeron que había dado en el blanco. Paro su definitivo hundimiento tenían que entrar en acción los Sukhoi, la joya de la corona. Dos bombas, una KH-59 y una KAB-500, eran necesarias para conseguirlo. 500 kilogramos teledirigidos para demostrar que “a Venezuela se la respeta”. Tampoco vimos el impacto, pero da igual, simplemente con ver el vuelo de los Sukhoi por encima de nuestras cabezas fue suficiente. Todo el ingenio humano puesto a disposición de crear armas de guerra capaces de reventar lo que se les ponga en el punto de mira.
Briceño intentó explicarlo: “La guerra puede ser estudiada desde diferentes ángulos o varios puntos de vista. Es bien interesante plantear si la guerra es arte o es ciencia. Vista como ciencia debemos hacer una comparación con el estudio de la ciencia, pongamos de las ciencias naturales, donde el científico tiene un laboratorio donde repite la experiencia, repite la experiencia y le permite llegar a concluir leyes. Bueno, nosotros también cuando vemos la guerra como ciencia tenemos la oportunidad entonces de repetir experiencias”. Claridad meridiana.
Pero la mejor explicación estaba por llegar, y cito textualmente: “Las maniobras militares pueden ser convenidas desde dos ángulos también. Una donde identificamos el problema, lo separamos en partes las situaciones, identificamos el problema y lo dividimos en parcialidades y vamos resolviendo por parcialidades, ese es el caso que estamos viviendo hoy, donde varios problemas los hemos dividido en partes y vamos resolviendo por parcialidades”. Más claro el agua. Briceño explicó a la prensa también que para la preparación de las maniobras se habían realizado muchos ejercicios, entre ellos el lanzamiento de “globos aerioestáticos, aerioespaciales”.
La noticia no era la facilidad de palabra del militar que hace de ministro de Defensa en Venezuela, sino más bien que Briceño negó que el país hubiera emprendido ninguna “carrera armamentista”, y que Venezuela está adquiriendo “los recursos mínimos elementales para garantizar su seguridad”. Esos recursos mínimos son los nombrados 24 Sukhoi-30, 50 helicópteros MI-17 y MI-35, también rusos, y 100.000 fusiles AK-103. La compra “se debe al atropello que se hace sobre el país”. Y Briceño concluyó con un “no hay qué preguntarnos a nosotros porqué nos preparamos para defendernos, sino porqué ellos se preparan para agredirnos”.
Qué grande La Orchila. La isla no deja de ser un secarral donde cada vez que sopla el viento el polvo vuela a sus anchas. Pero también vimos las playas, de un agua tan azul que parece imposible. No nos dio tiempo a bañarnos, había que volver en las avionetas a Caracas. El comandante general de la Armada confirmó la compra de ocho patrulleras al “Reino de España”. Y a pensar en la próxima, espero que no tarde mucho, porque esto de los actos convocados por el Ejército me parecen cada día más arrechos… mmm.
Reflexió
Estimat amic Albert Salord: Crec que caldria fer una reflexió, vist que el teu cop d`Estat en aquest blog només ha fet que torni a la normalitat de sempre, és a dir, només el Mario penja algun escrit, quan les veneçolanes el deixen reposar una mica després de tanta activitat frenètica entre silicona i silicona.
Entre tots, els que hem dit qui som i els que penjaven coses d`amagat, havíem aconseguit reactivar el blog i donar-li un toc d`humor i de pilleria (sempre amb bona fet), que de cop i volta ha parat, després del teu cop d`Estat. Proposo que adbiquis i tornem el regne al seu amo, en Narcís (o sigui, ningú perquè més no es podia sudar). Jo em declaro en vaga com a protesta fins que tot torni com abans. Aquí a Rio ens partíem el cul amb la Jacinta amb les fotos que anaven apareixent i els comentaris, va ser una bona setmana. És o no? Ara torna a estar ben mort això…..
Apa, un kiss al pomps
Paulinho
La noticia más importante de mi vida
Caracas, 30 de mayo.- Sin pretensiones, más allá de la satisfacción personal que he sentido, diría que hoy he escrito la noticia más importante de mi vida. No se trataba de un evento lleno de personalidades, famosillos o autoridades. No fue un concierto, un evento deportivo, ni una manifestación. No tenía nada que ver con Chávez, esta vez tampoco fui acompañado de la cámara de porno casero, y no es el acto ideal que más guste cubrir. Posiblemente a lo largo de mis andanzas como becario he estado en sitios más importantes desde un punto formal, más noticiosos. He visto a gente más conocida y he entrevistado o entrevistaré a personas que merezcan más la pena pero, aún así, la notica de hoy considero que es la más importante que he hecho hasta la fecha.
En Caracas se reunía el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA). No es que sea un organismo muy reconocido a nivel mundial, pero lo integran 26 países de la región. ALBA, Unasur, OEA, Mercosur, Tratado Andino, Petrocaribe… hoy por hoy existen muchos organismos multilaterales en la zona, y el SELA no el más importante. Celebraban una reunión para tratar la llamada crisis alimentaria, o lo que es lo mismo, porqué de un tiempo a esta parte la comida ha subido tanto de precio en todo el mundo y parece que no haya para todos. Vamos, una discusión etérea con pocos resultados concretos a los que llegar. Que si China e India cada vez comen más, que si el cambio climático, que si el precio del combustible, que si los subsidios, que si se producen alimentos para biocombustible… El SELA se reunió con la vista puesta en la próxima cumbre de la FAO que se celebra esta semana en Roma. La idea era intentar llegar a posiciones comunes de cara a esa cumbre, algo imposible en según qué temas, como la producción de biocombustibles. En temas como reclamar la supresión de los subsidios agrarios que EEUU y Europa mantienen sobre sus productos para que sean más competitivos en el mercado mundial sí que están todos de acuerdo.
La reunión empezaba a las 09.00 de la mañana, nominalmente por lo menos. En Venezuela es normal que las ruedas de prensa empiecen con una hora de retraso. Entre mis objetivos para ser “entrevistados” se encontraban el presidente del SELA y embajador de Uruguay en Venezuela, Gerónimo Cardozo, el representante de la FAO en Venezuela, el salvadoreño Francisco Arias, y el jefe de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la ONU, Gerard Gómez. A parte de los 26 países, también acudieron representantes del Programa Mundial de Alimentos (PMA), del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), o de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre otros.
En todo esta ‘vaina’ hay que remarcar que la noche antes de la cumbre celebrábamos en nuestro piso el cumpleaños del Supercompi Antonio, el otro chico EFE. (Llegados a este punto cabe destacar que los ‘chicos EFE’ en Venezuela también pueden ser vendedores de helados, puesto que la compañía más destacada en este campo se llama igual que la agencia de noticias. Es habitual ver a vendedores con sus carritos por las calles de Caracas, haciendo sonar sus campanillas. Según nos contaron, hace años había gente que llamaba a la redacción para encargar kilos de helado). Bien, a la fiesta de Antonio acudieron unas 30 personas, y la fiesta fue digna de ser recordada. Fue una de esas en las que a la mañana siguiente aparecen vasos en el baño y colillas de cigarro en las macetas. Con su tarta, sus regalos y demás. Acabamos en El Maní bailando salsa, preguntándonos porqué las botellas de ron se acaban tan rápido.
Después de dormir menos de tres horas, con pesadillas recurrentes de gente en casa a la que había que echar porque no quería marchar, en medio de las quejas generalizadas de los vecinos se llamaban al timbre, desperté. El sueño, los ojos enrojecidos, el aliento infesto, el abotargamiento de los músculos, la vista general de un comedor lleno de restos de la fiesta; pero también la ducha, el olor del café, las sobras de la tarta de cumpleaños… ¡y para allá! Me encantó, porque a pesar de las circunstancias sentía que tenía que estar activo, y lo estaba. En el taxi aproveché para leerme toda la documentación que imprimí el día antes. Una vez allí, la jefa de prensa me garantizó que el acto no iba a empezar a la hora.
Esa coyuntura la aprovechamos los periodistas que estábamos por allí para hacer nuestras entrevistas. A primera hora solo había gente de agencias. Junto con el periodista cubano de Prensa Latina estábamos teniendo una conversación interesante con el representante de la ONU, hasta que llegaron las teles y las radios del país. Empezaron a preguntar sobre Venezuela, los opositores para ver si alguien le decía que sí, que Venezuela está muy mal, y los oficialistas para ver si algún dato demostraba el buen trabajo del Gobierno bolivariano. Claro que hacer preguntas sobre Venezuela a un tipo de la ONU para América Latina… pues como que era desaprovechar un poco la ocasión. El cubano y yo acabamos de hacer nuestras preguntas y marchamos al inicio de la reunión, a cuyo parlamento inaugural podíamos entrar.
La mayoría de periodistas se quedaron fuera, porque ya tenían lo que querían. Entramos algunos, básicamente los que habíamos llegado puntuales. Dentro nos dieron un tocho de información considerable, por lo que creo que acertamos al entrar y no quedarnos fuera ‘hablando paja’ o ‘pelando bola’. El tocho incluía una serie de páginas que había que escudriñar muy fino para sacar algo de provecho a tanta tinta. Y tras las tres entrevistas, las páginas, los discursos, y la dicotomía “estoy a tope” Vs “no sé si estoy de resaca o aún sigo rascao”, decidí que ya tenía material de sobras para hacer la previsión del día. Marché. No tenía nada claro, y veía que me iba a costar condensar toda la información en la nota estilo Efe. Cuando llegué a la redacción para enfrentar al monstruo, me di cuenta que la previsión “Venezuela-Alimentos” ocupaba los primeros lugares de la agenda internacional de la agencia en sucesivos boletines, hasta que cayó un avión en Tegucigalpa. Madrid había pedido una crónica de radio. Y yo avanzaba a trompicones inspirados por tragos de café.
Estoy muy contento porque, gracias a la inestimable colaboración del chileno Aldo, conseguí cuadrar una nota de la que estoy especialmente orgulloso. La selección y orden de la información, enlazar ideas, dar prioridad a unas cosas por encima de otras, destacar unas declaraciones… había trabajo en algo tan complejo como la reunión del SELA. Pero detrás de todo lo dicho hasta ahora, se esconde una realidad acojonante. América Latina y el Caribe producen un 30 por ciento más de los alimentos que necesita su población. A pesar de ello, existen 52 millones de pobres, y está previsto que, como consecuencia de la crisis alimentaria, surjan en la región 10 millones de pobres más en los próximos años. Sí, es así, 10 millones más de pobres a pesar de que se trata de una zona exportadora neta de alimentos. Debe ser eso de las bondades del mercado de Adam Smith… En Europa y Estados Unidos tenemos piñas todo el año, y en según qué zonas de América Latina las grandes transnacionales fruteras siguen con sus monocultivos dedicados a la exportación, mientras parte de su población no puede comer más que empanadas y tortas de harina de maíz.
“América Latina y el Caribe producen un 30 por ciento de alimentos por encima de las necesidades de su población, pero el aumento de los precios elevará en diez millones la cifra de pobres en la región, que ya suman 52, vaticinó hoy el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA)”. Ese fue el lid. Así me orientó Aldo y me fustigó hasta que lo saqué, para luego felicitarme. Es un grande del periodismo, igual que Giova, Ramon o Esther. Hemos tenido mucha suerte. Me pareció la mejor noticia que he escrito hasta ahora, porque llegar a condensar toda la información que tenía, tal y como me la habían dado, tal y como me encontraba físicamente, fue muy satisfactorio, a nivel personal por lo menos. Y posiblemente la trascendencia de la noticia no vaya más allá de otra estadística más, quizás no lo hice tan bien como se podía haber hecho, pero me sentí más “periodista – becario” que nunca, y sentí que dedicarse a esto puede tener momentos gloriosos.
Y ya casi van cinco meses. Estos últimos días empiezo a notarme más en casa que nunca. Extrañamente “como en casa”. El tiempo pasa volando y me resisto a que sea así, porque me parece que no me daré cuenta y se habrá acabado. Sí, se echa de menos Barcelona, a la familia, a tu gente, pero esto tiene su punto. Hoy cambié de firma en EFE. Ya no finalizo las notas con un ‘mm’. A partir de la nota del SELA, firmaré como ‘mmm’. mmm.
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