Desvalijando a EFE
Santiago de Chile, 13 ago.- Dicen las malas lenguas en Chile que los de EFE somos gafes. Quizás tengan razón. Hace unos pocos meses un carabinero descerebrado casi deja sin ojo a uno de nuestros fotógrafos. Otro compañero tuvo que ser operado de urgencia y estuvo casi tres semanas fuera de combate. Unas semanas atrás a otro periodista le mangaron un ordenador portátil de la agencia. Eso sí, era un Toshiba de esos del año de la Quica, de cinco kilos de peso y unas dimensiones estratosféricas.
Y ayer por la noche, la palma. Unos ladronzuelos nos desvalijaron la oficina. Tal y como lo digo. Aprovecharon la poca resistencia que opuso la vieja y maltrecha puerta de entrada, situaron una camioneta dentro del aparcamiento y se dedicaron a llenarla con nuestro material de oficina. Resultado: doce ordenadores mangados, dos cámaras de vídeo y una de fotos. En cifras, unos 15 millones de pesos, casi 20.000 euros en material informático. Y eso es el daño que se puede calcular, porque hay que sumarle fotos, documentos e información de todo tipo que había en los ordenadores y cuyo valor es difícil de determinar. Total, que hoy ya me avisaron del percal y cuando llegué a la oficina me encontré con mis compañeros sentados alrededor de la mesa de la cocina, con cara de tontos, y con la policía científica, al más puro estilo CSI, buscando pruebas que delataran a los culpables. Pero, a diferencia de la serie, no han encontrado un pelo que los haya llevado a los ladrones.
Afortunadamente, parece que el seguro pagará los nuevos equipos y todo lo que nos han robado. Y, como suele decirse, al mal tiempo buena cara: estamos todos bien y llegarán ordenadores nuevos.
La noticia, en los medios.
gs
El Ávila y Knoche
Caracas, 5 agosto.- Hay multitud de historias referentes a la montaña del Ávila en las que la leyenda y el mito se entremezclan. La montaña mágica de Caracas, o si se prefiere Parque Nacional Waraira Repano, dispone de multitud de senderos que se pierden en el olvido. Por ejemplo el “camino de los españoles”, por donde se supone que llegaron al valle de Caracas los primeros colonizadores. Hay pueblitos que viven la mayor parte del año sumidos en la niebla, y la espesa vegetación engulle y borra cualquier pista de acontecimientos pasados. Así es el Ávila, la frontera natural de más de 2.000 metros de altura que separa la gran Caracas del Mar Caribe. Imponente, como atestiguan los deslaves que causaron decenas de miles de muertos de los pobladores de sus faldas a finales de los 90. Allí vivió también, décadas atrás, el médico alemán Gootfried Knoche, más conocido como el Frankenstein venezolano.
Knoche (1813-1901) llegó a Caracas con su esposa y sus hijos en 1843. Se instaló como médico de la colonia alemana en La Guaira, el puerto marítimo de Caracas. Llegó a dirigir el Hospital San Juan de Dios de esa localidad, pero su verdadera vocación no era la medicina al estilo tradicional. Knoche pasó a la historia, o a la leyenda, por momificar los cuerpos de decenas de difuntos sin la necesidad previa de extraer sus vísceras. Al parecer inyectaba en la yugular de los cadáveres una fórmula con una alta concentración de cloruro amónico, lo que ocasionaba su momificación. En el Ávila construyó su hacienda y su mausoleo, a más de una hora a pie de cualquier núcleo habitado. La historia y el mito se mezclan, pero más o menos parece comprobado que entre sus clientes también hubo ilustres de la época, como un presidente venezolano o el periodista y político Tomás Lander. Dicen que la momia de Lander estuvo sentada por cuatro décadas en el despacho de su casa, hasta que el presidente Guzmán Blanco ordenó su cristiano entierro en el Panteón Nacional. En el Ávila ya casi nada queda de lo que en su día fue el fundo del acaudalado alemán, tan solo el mausoleo que conserva en su interior los seis nichos de piedra en los que estuvieron tanto Knoche como alguno de sus familiares y personal de la hacienda. Fotos de la época atestiguan que la momia del soldado José Pérez y la de un perro pastor alemán vigilaban permanentemente la entrada al mausoleo.
La truculenta historia bien valía un reportaje, y a su vez supuso la excusa perfecta para pasear por el Ávila, en una clara reminiscencia de los tiempos de mochilero en los Pirineos. En la montaña de San José de Galipán, después de dos horas caminando por una ‘trocha’ en la que a ratos se hace necesario el uso del machete para abrirse camino, se encuentran la evidencia de que Knoche tuvo algo de real. Las ceibas aparecen diseminadas por el camino. Es fácil identificarlas por las espinas que tienen a lo largo de todo el tronco y de sus ramas. La ceiba es el árbol en que Boves ‘el urogallo’ colgaba a sus enemigos durante la Guerra de la Independencia entre realistas y patriotas (¡qué gran libro!). Orquídeas de colores a priori imposibles, el olor penetrante de los mangos pudriéndose en el suelo, mariposas tan grandes como una mano, un ‘insecto palo’ de esos que coleccionaba en los cromos de flora y fauna mundial pero en directo, o ranas alejadas de cualquier charca te hacen sentir realmente en otro continente.
También recogimos “pepas ‘e samuro” (semillas de zamuro) de su vaina urticante. Nos contaron que los chamanes las utilizan en sus conjuros y que hace años incluso era un símbolo de herejía. Esa semilla en El Salvador se llama “ojo de buey”, y en realidad lo parece. Hoy en día es un elemento básico para la artesanía de la región. El asombro es constante, a cada nueva subida, en cada nuevo recodo. La última es descubrir la fruta de la “pomarosa”, pequeña, verde y redonda. Se llama así porque se parece a una manzana (“poma”, como manzana en catalán) pero a su vez sabe a rosa. Cierto.
Nada se sabe de los descendientes de Knoche. Tampoco se conoce donde está su cuerpo. Algunas versiones dicen que cuando se estrenó Drácula en el país los lugareños quemaron sus restos por el miedo que les infundía su figura. Otras versiones aseguran que el Gobierno de entonces lo enterró en una fosa común ante el evidente deterioro y saqueos que sufría su antigua hacienda, ya deshabitada. En todo caso la niebla que rodea el mausoleo, construido sobre la roca viva, potencia el halo de misterio en torno a la historia de Knoche. La selva, con sus ruidos y su vida, amenazan con engullir lo poco que queda. Bajo la vegetación se observa el piso de baldosas que alguna vez fue casa, los muros de piedras atestiguan que allá hubo bancales que se cultivaron, una columna en pie con un arabesco labrado constatan que sí, que alguien vivió allá. Y nos vamos, quedando otra vez solo aquel paraje, a la espera que alguien acuda a visitarlo nuevamente o a que la selva decida terminar su trabajo. mmm.
Una noche en el ballet
Caracas, 2 agosto.- Esta noche se estrenó en el Teatro Teresa Carreño de Caracas el ballet “Giselle”, de la casi nonagenaria bailarina cubana Alicia Alonso. Nunca había asistido a un evento así, si bien después de hacerlo creo que comprendí que el ballet en Venezuela también puede ser diferente a otros muchos países.
Vaya por delante que la obra estuvo perfectamente ejecutada y que me impresionó la calidad la destreza y la interpretación de los bailarines. Detrás de las casi dos horas que dura la función se esconde un trabajo ingente de multitud de personas. La Orquesta mariscal de Ayacucho acompañó la representación, lo que también requiere muchas horas de ensayos previos. La función se estrenó en Caracas en una coproducción entre Cuba y Venezuela, y supuso el retorno a los escenarios venezolanos de “Giselle”, 60 años después.
A Alicia Alonso se la puede considerar una de las mejores bailarinas latinoamericanas de todos los tiempos. Nació en 1921, y a pesar de su avanzada edad todavía conserva una gran vitalidad y elocuencia. La bailarina fundó el Ballet Nacional de Cuba, uno de los cinco mejores del mundo junto con el americano, el inglés, el francés y el ruso. Alonso ha recibido premios y ha cosechado éxitos de crítica y público en escenarios de todo el mundo. Entre sus numerosas condecoraciones destacan varios “Honoris Causa”, o la máxima condecoración de la República de Cuba, la orden “José Martí”. El ballet “Giselle” fue su salto al estrellato, lo interpretó durante décadas, y en su debut fue la primera bailarina no anglosajona ni soviética que se atrevió a bailarlo. Alonso lleva unos días en Venezuela preparando el estreno de su obra, realizada sobre la base de los dos autores originales, franceses. En la rueda de prensa destacó que parecía que las bailarinas latinas estuvieran condenadas a bailar solo rumbas, aunque eso empezó a cambiar con su “Giselle”. “Enfrenté el reto y lo gané”, comentó con un especial brillo en los ojos y con la tranquilidad propia de quien sabe que ha culminado con creces una gran trayectoria vital.
Pero yo comentaba que el ballet también puede ser diferente en Venezuela a otros rincones del planeta, tal y como se encargaron de mostrarme los 2.500 espectadores que abarrotaron el teatro. Antes de que se abriera el telón y con ello comenzara la función, el ministro de Cultura subió al escenario para pronunciar un pequeño discurso. Comenzó transmitiendo al respetable un mensaje del presidente Chávez, según el cual le habría gustado mucho acudir al estreno si bien su agenda no se lo permitió. Se deshizo en halagos para con la figura de Alicia Alonso, e incluso anunció que se creará una Escuela Latinoamericana de Danza. “Es una tarde muy feliz”, comenzó, si bien su discurso se vio cada vez más interrumpido por un sector del público que le pedía que se retirara para que comenzara la función. Los abucheos y silbidos retumbaron en los oídos del ministro cuando intentaba expresar los avances en materia cultural que se han producido durante la revolución chavista.
Lo cierto es que entre el público no solo estaban los que habían pagado su entrada, y que mayoritariamente se quejaron por el discurso, quizás al sentirse aludidos. También se encontraban partidarios del Gobierno que en muchos casos recibieron una invitación para acudir al ballet. El ministro se encendió cuando vio que no le dejaban hablar, y dijo que cuanto antes se callara la gente antes acabaría de hablar y se iría. “Tengo una caja de agua aquí debajo (del atril)”, dijo para evidenciar que no tenía ninguna prisa. El enfrentamiento entre partidarios y detractores de Chávez se quedó solamente en ver cuál de los dos grupos hacía más ruido, si bien eso no le quita esa aureola tan especial a mi estreno en el mundo del ballet. Además, en esta ocasión también sirvió para vivir otra vez el clima de tensión y enfrentamiento constante de Venezuela. Claro que la situación está mucho más calmada que hace unos años y el enfrentamiento entre chavistas y oposición no incluye a más de la mitad de los venezolanos, que según las encuestan pasan de todo lo referente a la política.
El ministro de Cultura se preguntó desde el escenario qué había hecho la IV República (pre-Chávez) por el teatro Teresa Carreño. Dijo que la cultura en Venezuela estuvo en manos de unas élites que se repartieron los premios entre ellas. La gente protestó porque había acudido a ver un ballet, y no a escuchar al ministro, y así se fue caldeando el ambiente. En el momento álgido de la bronca, cuando llamaba a los que le pitaban “gritones”, explicó la anécdota de su madre. Al parecer su madre, hoy sentada entre el público a sus 78 años, no pudo entrar en su día al Teresa Carreño porque únicamente se podían pagar las funciones con tarjeta de crédito. Para el ministro esa es una muestra del elitismo al que estaba reservada la cultura en Venezuela. “Ahora este teatro está abierto para todo el pueblo, para que disfruten como tú. Esa es la política de la revolución, no solo Giselle para ti, Giselle para el pueblo”, le soltó el ministro a uno que se quejaba. Otra parte de la sala aplaudió, posiblemente la que hoy acudió con invitaciones y sin pagar. Esta noche el que se quejaba había pagado su entrada, y posiblemente la madre del ministro acudió a ver la función gratis.
En todo caso “Giselle” se interpretó sin mayores contratiempos, y la trifulca no pasó a mayores. Alonso recibió una ovación cerrada que se prologó durante un buen rato. Al final esa debería ser la noticia: el reconocimiento a una señora que ha pasado toda su vida entregada en cuerpo y alma al ballet, una disciplina que sin duda requiere una dedicación absoluta. mmm
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