el fòrum dels exiliats

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Alí Primera

Caracas, 31 agosto.- Hugo Rafael Chávez Frías no es flor de un día. Encarna un proceso que, lejos de lo que le pueda parecer políticamente a cada uno, ha supuesto una verdadera revolución en Venezuela. Su influencia no está ceñida al país, y actualmente América Latina vive un momento histórico sin parangón. Gobiernos que se califican a sí mismos de izquierdistas se multiplican en todos los países del continente. Paraguay, Ecuador, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Nicaragua, quizás en menor medida Argentina, Brasil, Chile o Perú muestran que lo que está pasando en Suramérica va más allá de lo visto hasta ahora. Igual que hace décadas la mayoría de países contaban con dictaduras de derechas, la situación a día de hoy es radicalmente distinta. Todos estos países hablan de unidad y promueven iniciativas de integración en el continente (Unasur, PetroCaribe, Alba, Mercosur) que, si bien no se sabe muy bien en qué acabarán, por lo menos parece que encarnan intenciones políticas comunitarias tampoco vistas en la historia. Estados Unidos ataca a la mayoría de estos países, bajo la premisa de que no son plenas democracias, cuando en realidad la mayoría de estos países se han dotado de nuevas constituciones y han promovido referéndums con una alta participación y el triunfo en las urnas de los proyectos presidenciales. Venezuela ha sido uno de los primeros estados en promover esta nueva historia latinoamericana, en parte gracias a las regalías que han podido ofrecer a cuenta de los altos precios que registra el petróleo. Pero Chávez no surgió de la nada. No se trata de una persona que llegó a la presidencia  engañando a la gente. Ya son 10 años, y todavía hoy cuenta con una alta popularidad. El éxito de su revolución bolivariana reside en gran parte, a diferencia de lo que ha pasado por ejemplo en Nicaragua, en que su movimiento todavía se muestra unido y cierra filas en torno al llamado comandante en jefe.

Pero la izquierda en Venezuela no se la inventó Chávez. Hoy quería hablar del cantautor venezolano Alí Primera. Alí Primera nació en 1942 y murió en 1985, en un accidente de tráfico. Su vida estuvo plagada de miseria y podría considerarse como el paradigma de miles y miles de desheredados en Venezuela, si bien en su caso salió adelante y gozó, de hecho todavía goza, de gran popularidad. Alí se quedó huérfano de padre a los tres años. Su padre, funcionario de prisiones en su Coro natal, murió durante un tiroteo que se produjo en un intento de fuga de la cárcel que vigilaba. Al quedarse sin padre, su madre y sus dos hermanos recorrieron varios pueblos para buscarse la vida, y Alí hizo de todo, desde limpiabotas con seis años hasta boxeador. La familia se mudó a Caracas, y allí es donde Alí consiguió terminar su bachillerato e ingresar en la universidad. Quizás este es el punto que lo diferencia de tantas historias reales en Venezuela, el hecho de que a pesar de todo continuó con sus estudios. Fue en la universidad donde empezó a componer canciones, y gracias a su militancia política en el Partido Comunista de Venezuela (que todavía hoy existe sin haberse integrado en el partido de Chávez) consiguió una beca para ir a Rumania (por aquel entonces bajo la dictadura de Ceaucescu). En Alemania grabó su primer disco, con el que su popularidad creció hasta el punto que muchos lo consideraron “el Cantor del Pueblo”, si bien no gozó del visto bueno de los medios de comunicación ni de los gobiernos venezolanos de aquel entonces. Alí decía que su canción no era una canción de protesta, sino una “canción necesaria”. “No canto porque exista la miseria, sino porque existe la posibilidad de borrarla, de erradicarla de la faz de la tierra”, también dijo.

Hoy el nombre de Alí Primera aparece en calles, plazas e incluso barrios de toda Venezuela. Fue un gran descubrimiento escuchar por primera vez una canción suya, y no pude evitar sentir erizarse los pelos al escuchar “Techos de cartón”. La letra únicamente no hace honor a la canción, puesto que la música y la forma en que Alí la entona valen mucho más. Aún así no puedo dejar de transcribirla. Sin más. mmm.

Techos de cartón

Qué triste se oye la lluvia en los techos de cartón. Qué triste vive mi gente en las casas de cartón.

Viene bajando el obrero, casi arrastrando los pasos por el peso del sufrir. Mira que mucho sufrir, mira que pesa el sufrir.

Arriba deja a la mujer preñada, abajo está la ciudad y se pierde en su maraña. Hoy es lo mismo que ayer, es su vida, sin mañana.

Ahí cae la lluvia, viene viene el sufrimiento, pero si la lluvia pasa, ¿cuándo pasa el sufrimiento?, ¿cuándo viene la esperanza?

Niños color de mi tierra con sus mismas cicatrices, millonarios de lombrices. Y por eso, qué tristeza viven los niños en las casa de cartón. Qué alegres viven los perros en casa del explotador.

Usted no lo va a creer pero hay escuelas de perros y les dan educación pa’ que no muerdan los diarios; pero el patrón hace años, muchos años, que está mordiendo al obrero.

Qué triste se oye la lluvia en las casas de cartón. Qué lejos pasa la esperanza de los techos de cartón.

Setembre 1, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 5 Comentaris