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Elecciones

Caracas, 28 noviembre.- Los políticos tienen la gran habilidad de no perder nunca unas elecciones, aunque los resultados indiquen lo contrario. Son especialistas en presentar una derrota como una victoria, asiéndose de unos datos u otros, en función de sus necesidades. Las elecciones municipales y regionales de Venezuela del pasado 23 de noviembre no son una excepción. Así que lo más sencillo, para realizar cualquier análisis, es empezar por apuntar los datos objetivos.

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido del presidente Hugo Chávez, ganó en 17 de los 22 estados que estaban en juego. En algunos, como el de Lara, arrasó con más del 70 por ciento de los sufragios. Pero perdió cinco estados, importantes, que concentran al 44 por ciento de la población venezolana. A pesar de que en esos cinco estados la mayoría de alcaldías son del PSUV, perdió la gobernación. La oposición controlará el turístico Nueva Esparta (donde está Isla Margarita), el fronterizo Táchira (por donde pasa la mayoría del comercio con la vecina Colombia), el central Miranda (que incluye gran parte de Caracas y sus alrededores), el industrial Carabobo y el petrolero Zulia. Además, Chávez perdió en las dos principales ciudades del país: Caracas y Maracaibo. Especialmente dolorosa, por lo inesperada, fue la derrota en la capital de Venezuela. Dicha derrota se fraguó en gran medida en el municipio Sucre, donde ganó la oposición. El municipio Sucre incluye Petare, una barriada con más de un millón de habitantes y por tanto considerado como uno de los mayores “barrios” de Latinoamérica, hasta ahora bastión chavista. Aún así, Chávez ganó en más del 80 por ciento de las alcaldías que estaban en juego. Su partido obtuvo unos 5,5 millones de votos, contra los 4,2 de la oposición.

A partir de ahí cada uno podrá hacer sus análisis. Fueron las 14 elecciones en los 10 años de Gobierno de Chávez, y el desgaste pasa factura. Lejos quedan los momentos en los que Chávez cosechaba siete millones de votos. Salvo excepciones, a las elecciones han concurrido dos bloques bien diferenciados: el oficialismo (PSUV) y la oposición. Además, otros partidos menores, y algunos disidentes del chavismo que se han presentado con partidos que, si bien no se engloban en el PSUV, dicen respetar el liderazgo de Chávez. Pero me parece muy interesante reseñar que la dinámica de los dos bloques ha sido opuesta. Mientras la oposición tenía tensiones y disputas internas, todo ello era en razón de la búsqueda de la unidad, algo que consiguieron en la mayoría de circunscripciones. Por el contrario, el chavismo presentó igualmente disputas y tensiones, pero en la línea de la disgregación.

Chávez se involucró personalmente en la campaña, que presentó como un plebiscito a su revolución bolivariana y a su proyecto llamado “socialismo del siglo XXI”. Muchos analistas coinciden que para él fue una manera de calibrar el apoyo con el que contaba de cara a presentar otro proyecto de reelección indefinida. Su mandato acaba en 2013, y su primer intento de suprimir los 2 mandatos máximos que prevé la constitución, salió derrotado el pasado 2 de diciembre. Ahora, a petición del 15 por ciento de los electores o de la mayoría de la Asamblea Nacional, se puede platear un tercer mandato para Chávez. Por lo tanto la convocatoria de ese referéndum es muy sencilla. Ahora bien, los resultados no dejan claro si Chávez tendría la mayoría en un futuro referéndum. Los analistas coinciden en que la popularidad de Chávez se sitúa en torno al 60 por ciento, y es cierto que ahora ha conseguido más de un millón de voto que la oposición. Pero otra cosa sería plantear su reelección. El chavismo ha perdido votos con el paso de los años, pero la oposición no consigue aumentar su techo electoral de 4,5 millones de votos. Eso sí, existe medio millón de votantes más, disidentes del oficialismo, que en un hipotético referéndum podrían votar con la oposición.

El pasado domingo, cuando se conocieron los resultados electorales, Chávez se presentó por sorpresa en el comando de campaña del PSUV, ante sus militantes. Dijo que su partido obtuvo una “gran victoria”, se lamentó de derrotas como la de Caracas, y reconoció la victoria de los opositores. Los opositores dijeron por su parte que empezaba una nueva era, en la que habían conseguido arrebatar espacios al oficialismo. Todos parecen con ganas de trabajar juntos, pero está claro que eso es una utopía, pues representan dos modelos de entender la gestión de un país totalmente opuestos.

A todo eso, el presidente no descansa. Padece algún tipo de hiperactividad que lleva a sus asesores y a los periodistas a tener que multiplicarse para seguirle el ritmo. Esta semana, además de la resaca post electoral y las consabidas reacciones, llegó la flota rusa para realizar maniobras navales conjuntas con la Armada venezolana, se celebró una cumbre de los países del ALBA para buscar soluciones a la crisis financiera internacional, y también visitó el país el presidente ruso Dimitri Medvédev.

Para el futuro habrá qué ver cómo afectará la caída de los precios del petróleo. Venezuela propondrá en la OPEP el recorte de la producción. Después de picos en los precios de más de 130 dólares durante el pasado mes de julio, ahora el barril de crudo venezolano, extrapesado, está alrededor de los 50. ¿Será suficiente para mantener el elevado gasto social y los proyectos emprendidos? Habrá que verlo. Después de 19 trimestres consecutivos de crecimiento del PIB, con una inflación los dos últimos años superior al 20 por ciento, los datos económicos tendrán mucho que ver en una hipotética reelección de Chávez. Lo que está claro es que la sucesión de consultas electorales no causa el hartazgo del electorado. Después de tantas elecciones, la participación registró un 65,45 por ciento de los votantes, la cifra más alta en unas elecciones locales en la historia de Venezuela. mmm.

Novembre 28, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 9 Comentaris

A cinco días

Caracas, 18 noviembre.- Faltan cinco días para la celebración de las elecciones municipales y regionales del próximo 23 de noviembre. Unas elecciones regionales de por sí no deberían ser tan importantes internacionalmente, pero en el caso de Venezuela es diferente. El propio presidente Hugo Chávez lo ha convertido en un plebiscito a su “revolución bolivariana”, y se ha implicado de lleno en la contienda. En las últimas semanas ha recorrido el país de punta a punta, asistiendo a actos, ofreciendo discursos y protagonizando caravanas multitudinarias. En el caso del Zulia, bastión opositor, se ha desplazado allí hasta cuatro veces.

Serán las decimocuartas elecciones que celebra Venezuela en la década que lleva Chávez en el poder. Solo ha perdido las últimas que convocó, el referendo sobre la reforma constitucional del pasado diciembre. Si Chávez perdió en aquella ocasión no fue porque la oposición cosechara un gran número de votos, sino porque tres millones de chavistas se quedaron en sus casas y no acudieron a las urnas.

Las elecciones municipales y regionales son, en parte, importantes por eso. Hay que ver qué base electoral conserva el chavismo después de aquella derrota, y habrá que ver también el poder de convocatoria de la oposición. La oposición, pese a firmar pactos unitarios en la mayoría de circunscripciones, dista mucho de asemejarse a la engrasada maquinaria “roja rojita” del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En los municipios donde saben que el chavismo tiene poco que hacer, la oposición se sigue presentando por separado. Pero dentro del PSUV también ha habido disidentes. Chávez los llama traidores, y en una retórica guerrerista que sus simpatizantes aplauden, llama a defender la revolución “rodilla en tierra con el fusil cargado”, amenaza con sacar los tanques a la calle si los opositores claman fraude, o asegura que sus detractores se volverán “polvo cósmico” tras la derrota que el “socialismo del siglo XXI” les va a infligir.

El PSUV, con cerca de cinco millones de afiliados, podría considerarse uno de los mayores partidos políticos del mundo. Otra cosa será que pueda mantener el actual mapa electoral. Candidatos elegidos como aliados de Chávez gobiernan en 20 de los 22 estados en liza. Mantener esa proporción es complicado, aún a pesar de que Chávez siga teniendo un poder de convocatoria muy superior a la de cualquier otro político venezolano.

La limpieza de los comicios está garantizada sobre el papel. El trabajo de observadores internacionales así lo avaló en otras ocasiones. Esta vez serán 130 profesionales, también de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que pertenece Estados Unidos. Unos 140.000 militares y reservistas velarán por la seguridad. El voto podrá ejercerse durante todo el domingo, en máquinas electorales automatizadas. Dichas máquinas emiten un resguardo tras votar que debe depositarse en otra urna independiente. Después de eso, se cotejan los resultados de los dos sistemas para verificar que sean coincidentes.

Hoy tuvimos la oportunidad de asistir a un acto de campaña de Chávez en el Poliedro de Caracas, con 12.000 de sus patrulleros que tiñeron el recinto de rojo. Llegaron en autobuses de toda la ciudad, sobretodo de las barriadas populares de las afueras. El acto estaba convocado para las 11.00, y Chávez no apareció hasta las 13.00. Aún así el ambiente festivo que se respiraba en el Poliedro fue espectacular, desde el principio. La música llanera y recientes temas musicales compuestos con motivo de la contienda electoral, llevaron a los asistentes a agitar sus banderas, bailar o cantar. Chávez habló durante más de dos horas y media, pero sus simpatizantes aplaudieron a rabiar cada una de sus consignas, ajenos al cansancio o al aburrimiento. Una mujer estuvo casi todo el rato de pie, en primera fila, esperanzada ante la posibilidad de que Chávez la viera agitar una carta que tenía en la mano, para así podérsela entregar en persona. Algunas madres animaban a sus hijos a subir al estrado para recibir la bendición del mandatario, un par lo consiguieron. Chávez electriza al auditorio, y éste se entrega a él con la confianza ciega del que no duda ni teme.

A la salida los tenderetes siguen ofreciendo la consabida mercadotecnia chavista: libros, llaveros, gorras, camisetas con retratos del Che o del partido, muñecos de Chávez, comida… Los autobuses intentan recoger a la marea “roja rojita” mientras empieza a descargar otro chaparrón sobre Caracas. Y la ciudad, ruidosa y colapsada como casi cada día, recibe a la multitud, que poco a poco se diluye entre sus calles. Calles que, estos días, están empapeladas con la propaganda de una y otro bando. mmm.

Novembre 19, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 8 Comentaris