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Venezuela

Caracas, 17 diciembre.- Venezuela es arrechísima. Venezuela es un país donde la gasolina es más barata que el agua, en parte debido a que posee las mayores reservas de crudo del planeta. También es el país con el salto de agua más alto (Salto Ángel) o con el teleférico que sube hasta más arriba (Mérida). Infinidad de playas e islas donde perderse, selvas inexploradas con sus respectivos indígenas, ríos caudalosos, desiertos, montañas de 5.000 metros de altitud y sabanas, amén de ciudades atestadas de gente y de carros. Lo más alucinante es que poca gente sabe que existen tantos paraísos naturales. Venezuela es uno de los mayores productores de ron del mundo, pero curiosamente también es uno de los mayores importadores de güisqui. Los venezolanos son caribeños, es decir, en general rumberos, jodedores y echadores de vainas. Los mangos se pudren en el suelo, los plátanos (de diferentes tipos) nacen como si se tratara de mala hierba, y en los mares abundan los pescados. Simón Bolívar es dios, y aunque el presidente Hugo Chávez promulgue el llamado “socialismo del siglo XXI” la gente es más bien consumista y capitalista. De hecho, la influencia estadounidense es innegable, y solo por poner un ejemplo, en épocas navideñas los numerosos centros comerciales se ven obligados a abrir más allá de las 23.00 horas. Ir al centro comercial puede suponer, perfectamente, pasar el día en él. Las familias venezolanas van a los centros comerciales y comen en sus locales de comida rápida o restaurantes (según el nivel adquisitivo), van al cine, hacen sus compras, o simplemente pasean. En el cine se puede degustar el típico menú combo de cotufas (palomitas) más litro de Pepsi, con la posibilidad de acompañarlo con un perrito caliente o un helado de chocolate. Pero la influencia estadounidense no se queda ahí, y Venezuela es también uno de los países latinoamericanos con mayor número de McDonalds per cápita. Además, el “pana” (amigo) viene del ‘partner’, las “chingalas” (espinilleras) de ‘shinguard’, el sándwich “crujao” es en realidad un ‘Club House’, y el hombre que vigila apodado “guachimán” es el ‘watch men’. Por supuesto, el deporte nacional es el béisbol, y sus tantos se cuentan por jonrones. En Venezuela existen muchos contrastes, sobretodo en Caracas, una capital que se mueve al grito de los perrocalenteros y buhoneros, los silbatos de los fiscales de tránsito intentando ordenar el imposible flujo infinito de carros, o la salsa y el reguetón de las busetas. Las noches mecidas por la brisa del Ávila son espectaculares. Sobre la ciudad existió poca planificación urbanística, y hoy en día es como un monstruo ingobernable. Caracas tiene, entre sus numerosos cerritos habitados por gentes humildes, el dato de albergar una de las barriadas más grandes de Latinoamérica: Petare. Sí, Venezuela es un país de récords, donde infinidad de jóvenes mueren baleados en enfrentamientos entre pandillas. Venezuela tiene también un clima que difícilmente baja de los 20 grados y una época de lluvias donde uno aprende lo que es ver llover de verdad. Cero estrés, pocas prisas, y un sentimiento generalizado de para qué hacer hoy lo que se puede hacer mañana. Eso sí, que nadie dude que, en general, la gente es mucho más feliz que en el Viejo Continente. El país es único también en su nomenclatura, no solo en los topónimos (Chichiriviche, Carabobo, Chuao, Morrocoy, Maracaibo, El Guapo, El Tigre…), porque aquí a la papaya se le llama “lechosa”, al maracuyá “parchita” y a la sandía “patilla”. El color de la piel va desde el blanco de un catire (rubio) hasta el negro más negro de los descendientes africanos. Una de las tasas más altas per cápita de operaciones de cirugía estética y la necesidad de estar siempre radiantes, hacen que las venezolanas sean consideradas como unas de las mujeres más bellas. Un tercio del país, los llanos, se inundan en su 80 por ciento durante la mitad del año, para después secarse al calor de un sol de justicia. Los españoles vienen de la “madre patria”. El país de las hallacas, el pasticho, las parrillas, las caraotas o los tostones. Los establecimientos que abren 24 horas se llaman areperas, y en ellas puedes elegir entre la arepa rellena de queso y jamón, la dominó, la reina pepiada o la de carne mechada. Las playas se organizan mediante sombrillas y tumbonas, cuyo alquiler es muy recomendable si alguien no quiere acabar con quemaduras. Muchas veces la única manera de llegar hasta ellas es desde el respectivo pueblo, vía marítima, en peñeros (barcas). En las playas, además, el flujo de vendedores con artesanía, cervezas o comida es incansable. Especial mención a los que ofrecen la “viagra natural”, “rompecolchones”, o “levantamuertos”, una mezcla de mariscos de la zona sazonada con cilantro, lima y demás.   Muchos productos tienen su versión light, hasta la cerveza. Las palabras “verga”, “vaina”, “pana”, “chamo”, “huevón”, “no joda”, “marico”, “pajúo” y “arrecho” difícilmente no estarán en cualquier frase pronunciada por un venezolano.  Las colas son una constante, desde la taquilla del metro, a los atascos de tráfico, pasando por los bancos. Cuando se cobran los salarios, cada quincena, los restaurantes y bares se llenan hasta arriba. Venezuela, Venezuela y Venezuela.

Hoy caduca mi visado de “estudiante”. Lo recogí hace exactamente un año en Barcelona, el 17 de diciembre de 2007, en el consulado de la República Bolivariana de Venezuela. Esto se acaba. Un año. mmm

Desembre 17, 2008 - Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

2 Comentaris »

  1. Veig que t’ha calat fons el país i que no trigaràs en tornar-hi. Això si no et quedes a viure en el futur. Espero que hagis disfrutat i aprofitat l’experiència.
    PD: Avui ha vingut de visita el Gerard.

    Comentari per Killeditor | Desembre 19, 2008 | Respon

  2. Para haber estado un año solamente, has descrito a Venezuela tal cual es. Me emociona que la entiendas, y que de alguna manera creo nunca la olvidarás.
    Admiro mucho a tu país (catalunya) aunque en 3 años todavía no podría definirla tan bien como has descrito a Venezuela.
    Esa quizá sea la diferencia entre un periodista (observador) y este servidor
    A través de tus artículos pude seguir parte de la actualidad venezolana, y disfrute muchisimo los artículos que hacían referencia a la idiosincracia del venezolano.
    Este último artículo lo guardo, para cuando quiera recordar, si acaso se me olvida, como es mi país.
    Disculpa lo malo. Eres un “chamo de pinga” y te deseo todo lo mejor en tu carrera periodística. Y benvigut a Barcelona.

    Comentari per Carlos | Desembre 19, 2008 | Respon


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