el fòrum dels exiliats

recull de contrastos des del periodisme

Poderío yankie

Valparaíso (Chile), 14 may.- Es conocido por todos, guste o no, que Estados Unidos es la más poderosa superpotencia militar mundial. Hoy me ofrecieron una pequeña demostración a nivel particular por si no me había quedado suficientemente claro. Hice un viaje relámpago a Valparaíso, concretamente al muelle de la Armada de Valparaíso. ¿El motivo? El portaaviones estadounidense George Washington había llegado a la ciudad y la embajada de EEUU, muy amablemente, había preparado una visita para enseñarnos a los periodistas lo machos y lo poderosos que son.

Unas lanchas nos trasladaron del muelle hasta el portaaviones, que a causa de su tamaño y por seguridad, permanece varado en la bahía de Valparaíso. Estamos hablando de un bicho de más de 300 metros de largo, unos ochenta de ancho, en el que viajan más de 4.000 tripulantes, entre marines y oficiales.

Al llegar, caras de curiosidad de los marines, algunos muy jovencitos y otros más veteranos. Todos con el pelo bien cortito, algunos con las patillas recortadas -¡qué horror!- y con sus uniformes con la banderita de las rayas y las estrellas.

No han perdido la oportunidad de subirnos a la pista de aterrizaje de cubierta para enseñarnos a los ‘niños’ de la casa: los aviones de combate. Un total de 35 aparatitos, entre helicópteros, F-18 y otros modelos preparados para la guerra y a los que no me gustaría enfrentarme. Un teniente del grupo de combate nos ha explicado que el buque está realizando ejercicios y pruebas con la Armada chilena y que está preparado para misiones como la lucha contra el narcotráfico o, cómo no, la búsqueda de armas de destrucción masiva. Tenían que aparecer. Sólo espero que tengan más exito que en Irak.

Debo confesar que pese al tonillo anti gringo de este post, la visita no me ha disgustado, no cada día tiene uno la oportunidad de subir a este tipo de embarcaciones. Ahora los marines -también existen “las” marines, pero son muy minoritarias- tendrán cuatro días para disfrutar de Valparaíso en su tiempo libre. Se comenta que se han desplazado hasta la ciudad costanera autocares repletos de prostitutas para saciar la sed de los bravos patriotas gringos. Claro, tanto tiempo encerrados en un barco parando “sólo” en el Caribe, Brasil y Argentina… pobrecitos, qué vida más dura.

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gs

Maig 15, 2008 Publicat per exiliats | Chile, General | | 2 Comentaris

Ciudadano metro Vs ciudadano cine

Caracas, 14 mayo.- Hay dos tipos de ciudadanos en Caracas, entre otros muchos. El primero es el ‘ciudadano metro’, el segundo el ‘ciudadano cine’. Los dos son irreconciliables entre ellos y encarnan dos actitudes diametralmente opuestas. Eso no quiere decir que se trate de personas diferentes, puesto que un mismo individuo puede convertirse en ‘ciudadano metro’ o en ‘ciudadano cine’, indistintamente, con escaso margen de tiempo.

El ‘ciudadano metro’ aguarda pacientemente su turno en el andén del metro y, salvo contadas excepciones, siempre se mueve pronunciando educados “permiso” o “permisito”. Un buen número de estaciones del metro en Caracas tienen pintadas franjas amarillas en el suelo, dirigiendo a los usuarios hacia las puertas del nuevo convoy que está por llegar. La gente, ordenadamente, hace esa cola. En caso de que el metro venga lleno, esperan sin inmutarse a que acuda el siguiente. Es como un hormiguero ordenado en el que todos se mueven con sumo respeto a sus semejantes. Obviamente siempre hay excepciones, pero si comparamos la infraestructura y el comportamiento de los usuarios del metro de Caracas, podríamos decir que su calidad es ampliamente superior al metro de muchas capitales europeas. Los vagones son más amplios, están limpios, no tienen pintadas ni ralladas, y en ellos casi siempre funciona el aire acondicionado. Nunca ningún ‘ciudadano metro’ que se precie lanzará un objeto al suelo (por mucho que lo tire en cuanto salga de la respectiva estación). Nunca ningún ‘ciudadano metro’ comerá ni beberá nada en el interior de un vagón. Es más, si en el vagón entra una persona mayor, o cualquier madre con su bebé, los mismos pasajeros pedirán a los que van sentados que se levanten para dejar su lugar. En muchos casos se llegan a entablar conversaciones largas entre pasajeros que interaccionan en este tipo de operaciones. Además, la frecuencia de paso de los trenes es muy reducida, y los metros mucho más grandes que, por ejemplo, en Barcelona. Claro que el metro de Caracas también mueve a muchísima más gente, y en las ‘hora pico’ los vagones se quedan pequeños. Como muestra del comportamiento del ‘ciudadano metro’, un botón: esta mañana, sin ir más lejos, un señor de mediana edad me ha visto apoyado con un pie en la pared de la estación y me ha invitado a que dejara de hacerlo.

El ‘ciudadano cine’ va a cualquiera de los centros comerciales repletos de salas de proyección a ver una película como quien ve una película en su casa. Son conductas típicas hablar, reír, llorar, chillar, comentar lo que sea, responder al celular, levantarse, o comer y beber como animales. Existen verdaderos menús para consumir mientras ves el último éxito de Hollywood, o de donde sea. Los sirven en bandejas de plástico que se acoplan perfectamente a las butacas. En la sala VIP, incluso hay camareros que te atienden en tu asiento. Los menús, además de los típicos tanques de coca-cola y los cubos de palomitas donde cabe una cabeza tranquilamente, incluyen la posibilidad de pedir ‘tequeños’ (palitos fritos de queso), caramelos,  chucherías varias, o tarrinas de helado. En caso de que un ‘ciudadano cine’ acuda a ver una película con sus hijos, considerará lo más normal del mundo que éste decida ponerse a jugar con otros niños, corriendo por el pasillo de la sala, mientras pasan completamente de la película. Si el ‘ciudadano cine’ forma parte de un grupo de adolescentes hiperhormonados, no dejará de enviar mensajitos de texto con su móvil, o comentar los últimos avances amorosos de todos sus conocidos. En caso de ser una chica, pudiera ser que lo que más le llegara de la película fueran los pechos de la protagonista, acto seguido se plantearía si vale la pena operarse, y posiblemente entablaría una discusión formal con el resto de sus amigas al respecto. En caso de ser chico, soplará continuamente sobre el flequillo que le tapa media cara, se recolocará el jersey que lleva encima de los hombros, y comentará con sus amigos sus últimas adquisiciones de marca, sus últimos ligues, o quién es el próximo pringado a quien tiene ganas de darle de ostias. Ambos comportamientos se corresponden a la actitud de los jóvenes venezolanos ‘sifrinos’  (pijos), que son los que yo he visto en los cines donde he ido. El resto del comportamiento del ‘ciudadano cine’, creo que es extensible a toda la sociedad venezolana. No cabe decir que las salas de cine, cuando acaba una película, son verdaderas pocilgas, donde se ven más desperdicios que espacio de suelo.

Siempre es odioso generalizar o intentar encuadrar a un grupo de personas en un estereotipo. Hacerlo en el caso de acabar de llegar a un país donde muchas cosas resultan totalmente nuevas es doblemente peligroso. En todo caso, a día de hoy, creo que puedo afirmar sin ningún tipo de miedo a equivocarme que en Caracas existen dos tipos de ciudadano: el ‘metro’ y el ‘cine’. mm

Maig 14, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | No hi ha comentaris

Historias de un autocar

Caracas, 12 mayo.- En el último viaje a Chuao tuve la posibilidad de viajar, otra vez, en las camioneticas y autobuses venezolanos. A pesar de ello, en esta ocasión sucedió algo que sobrepasó todo lo vivido anteriormente. El viaje en camionetica desde Choroní a Maracay, por el puerto de montaña, ya lo conocía. Es decir, los precipios, los cruces al milímetro con el resto de vehículos y el atronador sonido del cláxon a cada curva no fueron nada nuevo.

Una vez en la terminal de autobuses de Maracay teníamos que conseguir un nuevo autocar que nos llevara hasta la estación de La Bandera, en Caracas. Existen varias posibilidades de transporte, y en vista de que no podíamos ir más cargados, decidimos agarrar un autocar ”lujoso”. El lujo, más allá del aire acondicionado a temperatura de refrigerador, incluye la posibilidad de dejar todos los bártulos en un maletero, cosa que agradecimos profundamente. A pesar de ese “lujo”, el precio del boleto es de 10 bolos (unos dos euros), por un viaje de dos horas. Un taxi particular es mucho más caro. Las camioneticas cuestan la mitad.

Allí estábamos, en el terminal de Maracay, dispuestos a abordar el autocar. La gente hizo la cola ordenadamente, y después de recibir un tiket por cada bulto que dejamos en el maletero, subimos. Lo primero que me chocó fue el cacheo al que nos sometieron a todos los pasajeros, entiendo que para comprobar que no llevábamos ningún arma. Una vez arriba nos recibió una azafata al estilo ‘Boeing 747′ que nos explicó las características del viaje. El conductor se encontraba en una cabina aparte sin acceso para el pasajero.

Y empezó. Primero pasó un eficiente empleado que anotó, uno por uno, el nombre y número de cédula (en nuestro caso pasaporte) de todos los pasajeros. “Medidas de seguridad”, dijo. Nombres como Geniouska, Yurimar o Yosleydi forman parte del santoral típico venezolano.  En ese momento, la sonriente azafata nos señaló que debíamos viajar todo el trayecto con las cortinas de las ventanas cerradas. Según nos explicó, la razón era que en alguna ocasión autobuses de la compañía habían sido “atacados”, por lo que las cortinas “ayudaban a disminuir las posibilidades de impacto”. Pero lo mejor estaba por llegar. El eficiente empleado que anotaba los nombres, pasó con una pequeña videocámara estilo Efe grabando, uno por uno, a todos los pasajeros. Preguntamos para qué. Contestó que, en caso de accidente, eso aseguraba que nuestros familiares pudieran identificarnos. Ojos como platos. La capacidad de sorpresa en Venezuela, a pesar de haber cumplido cuatro meses en este país, permanece intacta. mm

Maig 12, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 6 Comentaris

Dale Bo

Santiago de Chile, 7 may.- Hay experiencias que sólo se viven una vez en la vida. Me encanta el fútbol, pero estaremos de acuerdo en que es algo bastane trivial, un negocio que año tras año pierde encanto y que de vez en cuando nos deja momentos memorables. Yo viví uno de estos preciados momentos el domingo pasado en Buenos Aires, cuando asistí al partido entre Boca Juniors y River Plate en La Bombonera.

Fue toda una aventura. Nos lo jugamos todo a una carta y un rato antes del inicio del partido nos presentamos a los alrededores del estadio, dispuestos a escuchar ofertas por unas entradas de reventa. Pronto sucedió. Intuyo que eran miembros de la barra de Boca, y nos dejaron claro que no quedaban entradas disponibles; si más no entradas como las entendemos en Europa: un papelito con un asiento asignado. Por 200 pesos argentinos -unos 40 euros-, nos ofrecieron “entrar” en el estadio sin entrada, detrás de las porterías donde hay bancos y no asientos. Y donde está La Doce, la barra brava de Boca Juniors. Primero nos chocó un poco, pero pronto lo comprendí todo. Nos estaban ofreciendo colarnos en el estadio con la connivencia de la policía bonaerense. Aceptamos y pagamos. Lo que vino a continuación fue un cúmulo de esperas y carreras por fuera del estadio. Éramos un grupo de 21 personas en la misma situación, siguiendo al tipo que nos debía entrar a la cancha cúal niños siguiendo a la profesora en el colegio. Llegamos a una puerta.

Tras conversar con alguien en el control de seguridad, nuestro contacto dice que allí no nos dejan pasar. Volvemos atrás. Esperamos. Caminatas arriba y abajo. Confieso que llegué a temer quedarme fuera y, de rebote, perder la pasta. Por eso íbamos todos pegados y sin perder de vista a nuestro contacto. De repente nos dicen que entramos y empezamos a correr detrás del tipo. Entre gritos y empujones, pasamos dos controles y estamos dentro. El partido estaba a punto de empezar, nos habíamos perdido la salida de los jugadores pero me daba igual. Estaba en La Bombonera el día del clásico argentino y no me lo podía creer. El ruido atronador de los cánticos y la melodía de las trompetas y trombones me devolvió a la realidad. Nos hicimos un hueco al final de la segunda gradería, junto a La Doce, que ocupaba toda la grada detrás de una portería. Allí empezó la fiesta, porque fútbol hubo más bien poco. Los hinchas a nuestro alrededor saltaban, cantaban y agitaban la mano con ese gesto argentino tan característico. El mítico grito “dale Bo” retumbaba a diestro y siniestro. Algunos aficionados se pasaron medio partido dando la espalda a la cancha, más preocupados en animar a la gente a cantar que en el partido en sí.

Impresionante ambientazo. No conozco el ambiente de los estadios en Europa pero, por lo que se comenta, intuyo que sólo un partido en Anfield Road, cancha del Liverpool, puede parecerse a eso. Desde luego, en España ese ambiente no se da ni de coña. Fue la guinda de la estupenda visita a Buenos Aires.
Aquí os dejo una muestra. En este caso, una imagen vale más que mil palabras.

http://www.lacoctelera.com/historiasconosur

Maig 8, 2008 Publicat per exiliats | Chile, General | | 1 Comentari

Chuao, mucho más que cacao

Caracas, 5 mayo.- Nunca hubiera imaginado que el cacao saliera de una fruta tan peculiar. El color de la fruta del cacao varía entre el verde, el blanco y el morado, supongo que en función de su grado de madurez. Su parte exterior es dura, con una cáscara rugosa, más ancha que la cáscara de la patilla (sandía). Nace sujeta al tronco o ramas de la mata de cacao, y dichas matas pueden ser tan grandes como un árbol pequeño. Pero el fruto en cuestión no es la terminación de ninguna rama, y no sale como el brote final a unas hojas. De hecho, los frutos de cacao aparecen como quistes anexos al propio tronco de la planta. Su interior es parecido al de la chirimoya; la parte blanca y gelatinosa, que tiene un sabor muy rico, protege las semillas. Esas semillas, una vez limpias y secadas al sol, pueden molerse para extraer el cacao propiamente dicho. Esa es la pasta base para hacer el chocolate. El pueblo de Chuao, con no más de mil habitantes, se enorgullece de producir “el mejor cacao del mundo”. Claro que en Venezuela a muchas cosas las llaman así, ya sea porque tienen el teleférico que sube a más metros por encima del nivel del mar del mundo, el salto de agua natural más alto del mundo, o porque es el país con las mayores reservas de petróleo del mundo.

Llegar a Chuao no es fácil. Solo puede hacerse vía marítima o después de caminar cinco horas desde el pueblo de Choroní. Para llegar a Choroní, otro pueblo costero en el estado de Aragua, antes hay que atravesar una carretera infernal que serpentea por una montaña en la que hay curvas donde las camionetas deben maniobrar marcha atrás para pasar. Así que nada de imaginarse un tráiler o un autocar grande en esa carretera, porque directamente no cabe. Tanto al puerto de Chuao como al de Choroní solo pueden llegar ‘peñeros’, esas míticas lanchas a motor en las que no caben más de veinte personas. Es lo que da de sí el muelle. Sí, Chuao está realmente perdido, y posiblemente ahí atesore su encanto. Llega gente, claro, porque es conocido, pero nada que ver con el turismo masificado del estilo Marina d’Or. Las posadas que hay para dormir son más bien hostales familiares que hoteles de esos que tanto beneficio dan construidos en el lugar adecuado. Chuao mantiene su esencia, y el extraño es el turista. En todo el puente no vi ningún ‘guiri’, todos los temporadistas eran venezolanos.

Y para allá fuimos este puente de mayo, a Chuao. El plan estaba claro: acampada bajo las palmeras, a diez metros de las olas. Para desconectar, en un pueblo en el que por supuesto tampoco hay cobertura, el plan no hubiera podido ser mejor. El viaje, entre la carretera y el peñero cargados como burros que íbamos con la guitarra, mochilas, carpas (tiendas), nevera, comida, bebida, y pelota para echar unos toques, mejor olvidarlo. Eso sí, todo hizo su servicio. Pero Chuao no se queda únicamente en la playa. Tres kilómetros tierra adentro está el pueblo propiamente dicho. Hasta allí sí que hay una carretera de tierra que serpentea entre árboles monumentales y campos de cacao. De vez en cuando algún coche o alguna moto pasan. Ambos vehículos, en su día, fueron trasladados vía marítima hasta allí. La acampada en la playa, con la única luz de nuestras velas y de las escasas luces del puerto de Chuao, mirando las estrellas con el sonido sempiterno de fondo de las olas rompiendo en la costa… uno puede llegar a pensar que la vida del becario en Venezuela es muy dura.

Uno de los días aprovechamos que estábamos allá para visitar el Chorrerón. Desde el pueblo de Chuao, tras dos horas de caminata por la selva, remontando el río que pasa por el pueblo y desemboca en el mar, se llega al Chorrerón. El Chorrerón es una caída de agua natural enorme, que forma una poza en la que uno se puede bañar tranquilamente.  La subida es recomendable hacerla con un guía del pueblo. Nuestro guía fue el señor José Elías. Pese a tener cincuenta años, el señor José no levanta más de metro cincuenta del suelo. Una malformación le impide caminar con normalidad, pese a que nunca hay que dejarse engañar por las apariencias. Cuando le pedimos que nos llevara, aconsejados por los lugareños que tomaban cerveza a las doce de la mañana en la licorería del pueblo, se mostró encantado. “Corriendo”, fue a su casa a por el machete de turno, por si aparecía alguna serpiente, y marchamos. Él, con el bañador y el machete, descalzo. Nosotros con todo el equipo que se le supone a un turista. Nos hizo parar en otra licorería, se bebió dos cervezas mientras nosotros sorbíamos la primera, y nos invitó a seguirle. La primera vez que el señor José subió al Chorrerón tenía diez años, a razón de dos o tres viajes por semana, durante cuarenta años, podría considerarse un experto. Vuela a través de las veredas, y se hace imposible seguirle el ritmo. La caminata transcurre con cruces continuos del río, hacia arriba. Hay pasos en los que el agua te llega más arriba de la cintura. De vez en cuando hay algún campo de maíz, yuca o caraotas. Pero se hace ameno, porque el señor José responde a todas tus preguntas, amable, aunque cuesta entenderle las respuestas. Obviamente el español del habitante de un pueblo perdido en Venezuela dista mucho del de la Real Academia. También hay árboles rectos y altos como cualquier edificio medio del Eixample. Y así se nos apareció el Chorrerón. Imponente.

De bajada del Chorrerón compramos las respectivas panelas de cacao en el pueblo, para hacer algún día una chocolatada. También pudimos comer una catalana. Sí, en Venezuela la catalana es un pescado rosáceo de dos palmos, con una carne blanca exquisita. El pescado en sí no puede ser más fresco, ya que las barcas llegan cada día puntualmente al puerto. La pesca es artesanal, y el mar se muestra generoso con los peces. Las barquitas aparcan en el mismo río que desemboca en el mar, amarradas con cuerdas a las palmeras. En el apartado culinario, junto a la catalana, también hay que destacar las empanadas de calamar.

Uno de los bares donde comimos, llámale bar llámale cobertizo de bambú, estaba adornado con varios pósters de Chávez, como pasa en la mayoría de negocios y casas de Chuao. A nivel político se podría considerar que todo el pueblo de Chuao es chavista. Las camisetas y gorras rojas con mensajes de apoyo al presidente son abundantes. El Gobierno, como ha hecho en muchos lugares del país, hizo un censo de los habitantes de Chuao, históricamente olvidados. A las familias que vivían en chabolas, si querían, les concedió una vivienda nueva a pagar con un crédito muy rentable. Las casas están en marcha y bien visibles, y aunque son de puro ladrillo y cemento, es más de lo que tiene mucha gente en Venezuela. Además, el Gobierno también ha concedido microcréditos a esa gente para poner en marcha negocios o potenciar los que ya existen. Toda la asistencia técnica es gratuita. El señor José me contó que el pueblo, que depende de otra alcaldía, se reúne en asambleas generales cada semana, con la participación comunitaria de los vecinos, para tratar todos los temas de su interés. Chuao tiene un gran potencial turístico, es evidente, y los cartelones publicitarios de las obras del chavismo en la entrada del pueblo dan a entender que en buena parte lo arreglado que está el pueblo responde a eso. La nueva conciencia socialista no sé si habrá impregnado a los lugareños, pero está claro también que los billetes pueden forjar a grandes chavistas. Acá la llaman la boliburguesía.

Hay un problema en Chuao: los mosquitos. Durmiendo en carpa, por la noche, literalmente te acribillan. Lo del repelente es igual, comprobado. Encima éstos son pequeños, indetectables, y especialmente eficaces en colarse dentro de la tienda para luego ponerse las botas. Otro día hablaremos de ese odioso insecto. mm

Maig 6, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

A la tercera va la vencida

Caracas, 28 abril.- “Hombre, seguro, seguro solo está el infierlno” –comentó el Mayor Galindo. Eran las 20 horas del domingo y, en principio, el lunes estaba pautado el tercer intento para ‘Sierra’, el operativo antidrogas en la Sierra del Perijá en el Zulia. Podría parecer raro que a esa hora nadie haya confirmado ni desmentido si hay viaje con los periodistas al día siguiente, por eso mejor llamar. “¡Épale, chamo! Sí, sí, mañana a las 7 en Maiquetía, ¿oíste?” –respondió Galindo una vez te ubicó. “Agarra ropa para cuatro días” –comentó en tono serio. Pero solo se trataba de una broma, nos hizo la misma el jueves, el viaje dura un día. “Entonces, ¿esta vez seguro que sí?” –pregunté extrañado, porque si nadie ha avisado y eres tú el que llamas, pues la verdad, serio, serio, tampoco parece. “Hombre, seguro, seguro solo está el infierlno” –bromeó otra vez Galindo. No negaremos que majo lo es un rato. Me plantearé seriamente empezar a llamarle ‘fa sostenido’, total, todos le llaman ‘mi mayor’ (lo siento, tenía que hacer esa broma).

Suena el despertador a las 5.30, ducha rápida, y hacia el aeropuerto. Cuarenta minutos sin cola, pasando por dos simpáticos túneles que tienen por nombre ‘Boquerón I’ y ‘Boquerón II’. Nuestro avión del ejército del aire está decorado con el “Patria, socialismo o muerte… Venceremos”. Da bastante seguridad volar con el jefe de la Oficina Nacional Antidrogas, el coronel Néstor Reverol, y con el General del Comando de Operaciones Estratégicas, Jesús González. Una vez en el aire nos enteramos que una avioneta que despegó una hora después de nosotros ha caído hoy sobre Caracas: cuatro muertos.

Sobrevolamos el lago Maracaibo, y su puente de 10 kilómetros que ahorra a los conductores horas de camino. Seguimos hasta Machiques, y allá, por fin, nos enteramos de qué va exactamente la excursión de hoy. En el marco de la Operación Sierra, el ejército ha “escudriñado” la Sierra del Perijá, limítrofe con Colombia. Nos explican que no han encontrado ningún cultivo ilícito, algo que consideran un “rotundo éxito”. La argumentación es simple: como ejercemos presión, no hemos permitido que los colombianos pasen la frontera para plantar amapolas, cocaína o marihuana acá. Eso sí, han descubierto un campo de entrenamiento de fuerzas paramilitares a menos de medio kilómetro de la frontera, y para allá tienen previsto llevarnos. Dicen que sí han avistado cultivos ilícitos en la parte colombiana. Bromeo con David, el fotógrafo: −“¿Y si les proponemos una incursión aérea al mejor estilo Raúl Reyes?”.

Otra vez más, la extensión de terreno ante tus ojos, a vista de pájaro desde un helicóptero, te sobrecoge. Hoy no son llanuras sin árboles, sino más bien campos verdísimos, con caseríos dispersos. Una vez dentro de Perijá (sierra que serpentea entre Colombia y Venezuela durante 300 kilómetros), comprendes lo aislado e impenetrable que puede estar cualquier cultivo en esa zona, de lo que sea. Desde el aire no se pueden ver fácilmente porque las copas de los árboles los protegen, y para adentrarse en la selva hay que tener ganas de caminar.

Llegamos donde localizaron el campo de entrenamiento. Nos están esperando tres decenas de militares, que tienen toda la zona acordonada. El campamento, impresionante. Queda claro que no es un montaje, puesto que paseamos libremente por las rudimentarias instalaciones que tenían allá, y es evidente que eso no se ha levantado en un mes. Tienen dos casas con la base de cemento y ladrillos, letrinas, cocina, gimnasio (las pesas son un palo con botellas llenas de agua atadas en los extremos), etc. Se sabe que es un campo de entrenamiento porque hay una pista americana de varios centenares de metros, con pruebas del estilo arrastrarse por el barro, pasar haciendo equilibrio por encima de un río, subir por una soga… Todo el rato, un helicóptero artillado sobrevuela el perímetro. Del calor infernal y de los mosquitos mejor hablamos otro día. Tremenda selva. Para los maracuchos (dícese del habitante de Maracaibo), el calor es ‘vergatario’.

Una vez volado el último de los cobertizos que dejaron para enseñarlo a la prensa, volvemos a subir en los helicópteros. Nos llevan a la base militar más cercana: media hora más. “Fui lo que otros no pudieron ser, fui donde otros temieron ir, e hice todo lo que otros no pudieron hacer. He sentido el frío punzante de miedo y he disfrutado el sabor dulce de un momento de amor. He llorado, he sufrido y esperado, pero más que todo, he vivido momentos que otros hubieran preferido olvidar. Por lo menos algún día podré estar orgulloso de lo que fui. Firmado: un soldado venezolano”. Esa es la pintura mural que nos recibe en el destacamento, donde nos muestran todo lo que se incautaron durante la ‘Operación Sierra’.

Y allí está todo expuesto para nosotros: botas, uniformes de camuflaje, hamacas, pilas, una especie de diario con nombres en clave, una granada, armas, munición, artefactos caseros, 80 kilos de coca, comida, miras telescópicas, visores nocturnos… un mini arsenal, vaya. Lo que todos queremos grabar: los parches con las siglas AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), la evidencia de la presencia de los paramilitares. También hay pañuelos donde está escrito “Contraguerrillas”. La historia parece creíble, en la zona del Zulia operan más paramilitares que las guerrillas de las FARC o el ELN.

Volvemos a Caracas, el vuelo tarda dos horas. Cansancio extremo, pero una medio sonrisa dibujada en el rosto al ver aparecer el Ávila por la ventanilla. Bueno mayor, todo fino. Dale pué, nos vemos. mm

Abril 29, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 3 Comentaris

A salto de mata

Caracas, 25 abril.- “A salto de mata”. Sí, hoy en día es así como definiría la vida del periodista en Venezuela. −¿Cómo es el trabajo del periodista en Venezuela? –preguntaría uno. –A salto de mata –podría contestarse sin problemas.

La organización formal no existe, es imposible tener una agenda de los eventos, siempre que llamas a algún sitio “están almorzando”, puedes hacer ‘guardias’ de cinco horas tranquilísimamente, si preparas un reportaje y quieres una entrevista hay que esperar mínimo tres semanas, Chávez puede aparecer en cualquier momento en la tele, sin previo aviso, y liarla… En serio, ¡a salto de mata! Hay un sinfín de razones por las que, hoy en día, calificaría el trabajo del periodista en Venezuela como de “a salto de mata”. En el caso de un becario, aterrizado hace tres meses, en un país a miles de kilómetros de la ciudad que le vio crecer, lejos de su familia y amigos, con un metalenguaje y unos dobles sentidos desconocidos… ¡buf!

El martes pasado estaba previsto un viaje al estado Zulia. Más de 600 kilómetros al oeste de Caracas. Zulia hace frontera con Colombia, es donde está el Lago Maracaibo (uno de los más contaminados del mundo), donde están la mayoría de los campos petroleros del país, donde el gobernador es uno de los dos únicos gobernadores que no son Chavistas (Venezuela tiene 24 estados).

Se trataba de la culminación del operativo ‘Sierra’, algo así como quemar unos campos de amapola (eso dicen, porque oficialmente es secreto de Estado).  Íbamos a Machiques, en avioneta primero y en helicóptero después. −¡Chévere!− Llamaron el lunes, el día antes, nos dieron 20 minutos para responder sí o no. Confirmamos y nos acreditamos el fotógrafo y el becario. Volvieron a llamar más tarde porque al final ‘Sierra” se suspendía hasta el viernes.

Hoy viernes era el día que finalmente culminaba el operativo, toda la prensa estaba invitada, dos avionetas y otros dos helicópteros estaban preparados, estaban listos los pic-nic en forma de bocadillo envuelto en la bandejita de ‘porexpan’… Había que levantarse a las 5.30 de la mañana. Una vez en Maiquetía, los militares de turno nos han dicho que se volvía a suspender, esta vez a causa del mal tiempo. “Chamo, se suspendió, pana. Mayor Galindo, te digo el número del selular. Puede ser que el lune’, de repente lej’ llamó el domingo y cuadramo’. O sino llamen”.  

¿Perdón? –pensé−. ¿Y los campos de amapola los dejamos ahí hasta el lunes, que haya buena luz y se puedan hacer unas buenas fotos?  Bueno, ya despiertos miro a ver si me acerco a Petare. Total, con esta lluvia y este tráfico de siempre, el viaje de vuelta con ese taxi de confianza que te viene a buscar al aeropuerto en las afueras de Caracas será de dos horas. Hay tiempo para pensar si vamos a Petare. Hoy iban a conocer a la vasca que lleva 30 años en Caracas, trabajando con los niños del barrio. Podría ser un reportaje de los que gusta hacer.

−−− Acaba de empezar a llover en Caracas, es alucinante. Lleva dos días que parece que se vaya a vaciar el cielo −−−

−Pues nada, a conocer a la vasca, que seguro que tiene una historia tremenda que contar –piensas cuando ves que la ilusión de sobrevolar el Lago Maracaibo se ha ido ‘pal coño, veeeeerrrrga’. –Riiiiiing− oyes en un tono ascendente. El móvil, tiene ese sonido característico. Llaman del Ministerio de Comunicación e Información (el Minci). Te conceden la entrevista con el ministro que habías pedido hace más de un mes para hacer un reportaje sobre el lanzamiento en octubre del satélite venezolano desde China, que se llamará, como no,  Simón Bolívar. –Oye, que es dentro de tres horas−.

¿Es broma? No, va en serio, ahora o nunca chaval. A las 15.30 horas. Suspendo excursión a Petare, recupero toda la información que tenía para la entrevista con un ministro cuyo nombre no recuerdo (total, hay más de veinte ministerios, y a los ministros los cambian cada año). ¡Ah, agarra la cámara, que también haremos algo para tele! Metro en La Hoyada. Nos recibe el jefe de prensa. El fotógrafo y el becario nos tomamos un café con él mientras esperamos que nos reciba el ministro. Una hora más. Entrevista BRUTAL (a nivel personal, por lo menos) … Veeeeerrrrga, ¡a salto de mata! ¿Sí o no?

El domingo, gracias a Dios (nunca mejor dicho), tenemos la beatificación de la Madre Candelaria. Viene desde Roma para la ocasión el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el portugués José Saraiva. Misa de cinco horitas en el estadio de béisbol de la Universidad Central de Venezuela. El arzobispo de Caracas te dijo que calculaban 50.000 personas. Es la primera beatificación que se va a celebrar en Venezuela y claro, ellos no tienen a 498 mártires de la Guerra Civil para que los beatifiquen de una sola vez. Para los venezolanos, cuyo presidente reza en público por la tele y alaba la figura de Jesús, cuyos habitantes celebran con fervor vigilias durante todo el año, es solo la segunda beata de su historia. Yo creo que el Vaticano, como buena empresa, entiende que en Venezuela hay un gran mercado en el que invertir algo, ¡una beatificación por lo menos! ¿Rezaré para que siga lloviendo? Es igual, un cura por la tele ha dicho que sería magnífico, porque entonces los fieles podrían demostrar su capacidad de sacrificio, mojándose y pasando frío bajo la lluvia, en la histórica beatificación de la Madre Candelaria, “la Sierva de los enfermos”.

A la devota Madre Candelaria se le atribuye un milagro. El Papa Benedicto XVI ya dio su visto bueno el mes de julio pasado. Ella murió en 1940, pero fue capaz de transportar su virtud hasta 1995. En su localidad natal, un pueblo en el estado central Guárico, una mujer tenía que dar a luz. Los médicos le diagnosticaron que el feto estaba muerto. La mujer rezó rota de pena durante toda la noche, junto a una de las monjas cuya orden fundó la Madre Candelaria,  y al día siguiente vio nacer de su vientre una niña. Como nombre le puso Milagros Candelaria. Los médicos dijeron que no era explicable desde el punto de vista científico. Yo creo que la historia se merece una beata.

Pues eso, que el domingo misa de cinco horas con 50.000 venezolanos venidos de todo el país. Viene Harold, el fotógrafo que hace guardia este fin de semana, será divertido. No te quejes Mario, sarna con gusto no pica. Además, “la gente de tierra de pizarra es recia”, lo dijo el abuelo. El jueves, de puente a Chuao. Este mes de abril, con cuatro días de descanso en total, bien se merece una rumba.

−−− Deja de llover. En la noche caraqueña se escucha el sonido de las gotas rezagadas, el canto de alguna chicharra, el ruido de algún coche… −−− mm

Abril 26, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

Murió ‘Kraken el Temible’

Caracas, 22 abril.- Cada fin de semana mueren de forma violenta más de treinta personas en el distrito federal de Caracas. Puede ser un homicidio involuntario, un asesinato premeditado, un simple accidente… es igual, el caso es que las cifras están ahí. Eso aquí ya no es noticia, más allá de algún apunte estadístico cada cierto tiempo, salvo que alguno de los muertos tenga una historia singular. Por eso, hoy quería contar la historia de ‘Kraken el Temible’.

Carlos Rafael Fernández, más conocido en el barrio con el apodo de ‘Kraken el Temible’, era el líder del grupo de hip hop ‘Santos Negros’. La madrugada del pasado viernes estaba en un concierto en el céntrico Parque de los Caobos de Caracas. Esperaba para actuar, puesto que el concierto en cuestión, organizado por la Alcaldía Mayor de la  ciudad, constaba de la participación de varios raperos. ‘Kraken’ tenía 25 años. Junto a él también murió acribillado su compañero Rodrigo Javier Ibarra, alias ‘el Colombianito’, de 18 años.

La policía encontró en el bolsillo de ‘Kraken’ una visa, algo poco usual en la vida de los malandros. Según explicó su madre, Rosa Margarita Grisa, la propia Alcaldía Mayor le había contactado para que representara a Venezuela en el próximo festival internacional de hip hop que se celebrará en Madrid. No precisó en qué festival, si bien se supone que debía ser el que se celebrará en San Sebastián de los Reyes los próximos 30 y 31 de mayo. Para ello, su hijo había recibido 50.000 bolívares (15.873 euros) de manos de las autoridades.

‘Kraken’ y ‘el Colombianito’ eran naturales del barrio de Pinto Salinas, al igual que ‘Gilder el Feo’, el líder de la banda de ‘Los Capriceros’. Por lo visto, ‘el Feo’ llegó al concierto junto a otros compañeros de su banda en motocicletas, mataron a los dos ‘Santos Negros’, y acto seguido se dieron a la fuga. No hay que olvidar que el rapero ‘Kraken el Temible’ era sospechoso de por lo menos ochos homicidios. Según la prensa local, en Pinto Salinas familiares de las supuestas víctimas de ‘Kraken’ celebraron con disparos al aire su muerte.

En youtube se pueden ver algunos vídeos del grupo rapero ‘Santos Negros’. En uno de ellos, aparece ‘Kraken’ cantando mientras exhibe una pistola. “Pa’ los bocones, pa’ los chigüires, tanto que hablan y no tienen chiste, agarren buche, comemos chicle, matamos con un alto calibre”, reza la letra del tema principal del grupo. ‘Kraken’ declara en su solo, mientras mueve su revólver,  “Vámonos a las manos para yo ver la gente corriendo por el cementerio (…) malditos nuevos, están buscando que les zampe con mi hierro, ya me tienen harto por su maldito ego”.

Los parientes de ‘Kraken’ han pedido a las autoridades que no informen del lugar donde se va a celebrar el entierro. Tienen miedo de que se enteren sus enemigos y decidan tomar represalias contra ellos durante el funeral. mm

Abril 23, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 3 Comentaris

A seis años del golpe

Caracas, 13 abril.- Hoy es 13 de abril, y el chavismo celebra en la calle “la victoria del bravo pueblo”. Hace seis años, tal día como hoy, Hugo Rafael Chávez Frías volvió al poder, tras 48 horas apartado de él por un golpe de estado.

Varios militares, empresarios, medios de comunicación y otros poderes fácticos, participaron en “el Carmonazo”. A Chávez se lo llevaron del Palacio de Miraflores a la isla de la Orchila. La señal de la única cadena de televisión pública que entonces existía fue tumbada, y únicamente se podían ver los canales privados. En ellos se aseguró que Chávez había renunciado, mientras los periodistas afines al golpe celebraban el acontecimiento.

Los chavistas salieron a la calle, desde el día 11 que se produjo el golpe. El clima de tensión que vivía el país era insostenible, y días antes enfrentamientos entre pistoleros de uno y otro bando dejaron 19 muertos en las calles de Caracas. Esos hechos todavía no están claros, y a día de hoy siguen los juicios para determinar qué pasó. El caso es que el 13 de abril de 2002, desde bien temprano en la mañana, los chavistas tenían rodeado el Palacio de Miraflores, en una concentración pacífica en la que exigían el retorno de Chávez. Dentro de Miraflores, el día anterior, Carmona y su nuevo Ejecutivo derogaron todas las leyes ‘chavistas’, suspendieron la constitución y destituyeron a todos los cargos públicos del Gobierno.

La guardia presidencial, que todavía seguía en Miraflores, terminó por volverse contra Carmona, y reocuparon el edificio. La gente, que seguía en la calle, no cesaba en sus protestas y juraban quedarse hasta que volviera Chávez. En ese momento, los canales privados transmitían la película de dibujos animados “El libro de la Selva”.

Hoy los chavistas celebran en la calle aquella victoria, a la que llaman “la del bravo pueblo”. Los que recibieron disparos, o al menos eso dicen, son tratados como héroes y combatientes revolucionarios que defendieron con su vida el proceso bolivariano. La estatal Venezolana de Televisión tiene una programación monotemática desde hace tres días. Hoy, Globovisión retransmite reportajes sobre dirigentes políticos anteriores a Chávez, alabando sus virtudes.

Lo curioso es que realmente fue el pueblo, con sus protestas en las calles, los que hicieron que algunos dubitativos militares acabaran por restituir a Chávez. Más curioso todavía es que Chávez intentó llegar al poder en 1992 con otro golpe de estado. mm

Abril 13, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 3 Comentaris

La “bala fría”

Caracas, 10 abril.- Ayer llegó el motorizado a la redacción, renqueante, con un hombro más caído que el otro. Se llama Edgar, y es el encargado de llevar y traer toda la documentación que se precise. Me enseñó una bala, pequeña y dorada. Por lo visto, estaba tan tranquilo en casa de unos ‘panas’, tomando unos tragos, cuando una bala perdida se coló por el techo de la casa y le dio en el hombro. Nadie sabe de dónde vino esa bala, ni lo sabrán nunca. Me enseñó la herida, y si bien era superficial, no puse en duda que eso tenía que doler. Edgar se daba por satisfecho, porque había sido una “bala fría”, que ya estaba en trayectoria descendente, y por tanto solo le ocasionó un rasguño. Nadie se llevó las manos a la cabeza. En todo caso le ‘chalequearon’, con comentarios chistosos. Cosas así, en Caracas, son habituales.

Ramón, el vasco que lleva 33 años viviendo en Venezuela y trabajando para Efe, me contó una cosa similar. Él llegó como voluntario, para establecer unas cooperativas metalúrgicas al estilo de las que entonces existían en Mondragón. Se casó y se quedó a vivir acá, en los Valles del Tuy, a las afueras de Caracas. Al parecer, una noche oyeron como en la calle alguien intentaba robar un coche. El vecino de Ramón, alertado, salió a la ventana chillando para evitar que le robaran su carro. El ‘malandro’ en cuestión se puso nervioso y disparó a ciegas. Una de las balas atravesó la pared del dormitorio de Ramón y rozó la mejilla de su mujer, que se acababa de incorporar en la cama al despertarle los gritos del vecino. Solo fue un rasguño. ¿Mala suerte o buena suerte?. Ramón asegura que aquello fue buena suerte, porque en la zona donde él vive todo el mundo conoce a alguien que ha muerto por los disparos de algún arma.

Estando en Río Caribe, en semana santa, conocí a un hombre con la mandíbula destrozada. Me contó su historia y me invitó a tocarle la cara. Desde la oreja hasta el mentón tenía una placa de hierro, en vez de mandíbula. Obviamente, hablaba con un deje extraño, le costaba vocalizar. Me contó que, en su caso, fue jugando con la pistola nueva de un amigo. Se le disparó sin querer. La bala le rebentó toda la mandíbula. Él decía que también tuvo suerte, porque consiguió llegar rápido a un hospital.

Yo vivo en el municipio de Chacao, la Pedralbes de Caracas. Se publicita asimismo como “territorio seguro”, y de hecho no dejan de pasar coches de la policía en ningún momento del día. La otra noche, sin ir más lejos, vimos como los ‘polichacao’ se bajaron de su coche con la pistola por delante, al advertir que otro coche se había metido por una calle en contradirección. Por si acaso. La inseguridad está ahí, si bien no es algo que yo haya vivido en primera persona. Agarro el metro, las camionetas, salgo por la noche, me muevo por la ciudad sin problemas… pero está claro que la inseguridad es algo que está ahí y uno no se puede confiar. Los venezolanos son muy amables, simpatiquísimos, pero cuando ven que eres extranjero lo primero que te dicen siempre es que no te fíes de nadie. Y periódicamente te cuentan alguna historia, ya sea la del francés al que le quisieron robar el coche a punta de pistola, la del atraco en el banco, o la del robo en el mismo hotel. Pero es normal, las armas están ahí. Cuando me saqué el carnet internacional de estudiante, antes de venir, comprobé que uno de los descuentos de los que dispondría aquí era un 10% en una armería de la ciudad. En todo caso, siempre puedes tener la buena suerte de que la bala esté fría, o simplemente te roce. mm

Abril 10, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris