Roma 20 ene EFE.- Hoy el cardenal Luís Martínez Sistach ha celebrado una misa durante la celebración de su toma de posesión de la iglesia de San Sebastián de las Catacumbas después de que el Papa Benedicto XVI le otorgara este templo tras nombrarle cardenal el pasado 24 de noviembre. Al ser catalán él y ser catalana yo, en Efe han considerado que era oportuno que fuera a misa y han roto mi costumbre de dormir hasta tarde los domingos y de hacer el perro durante todo el día. Además de acabar con mis más de diez años de ausencia en este tipo de rito religioso.
A las 9.30 de la mañana yo ya estaba en la mencionada iglesia pese a que el acto empezaba a las 10, pero para romper con mi ya tradicional costumbre de llegar tarde a todas partes y considerando mi desconocimiento de este mundo he decidido, por una vez, salir con tiempo.
Llego a la basílica: yo solita y sin saber qué hacer encuentro a un grupo de sacerdotes catalanes y les pregunto en catalán, por supuesto, que si la cosa ya ha empezado. Sorprendidos me responden la mar de contentos que todavía no pero que ya puedo ir entrando.
Más desubicada que un pez fuera del agua empiezo a preocuparme por como irá la mañana, entro, salgo, entro, salgo y miro. Nada me parece muy recalcable hasta que veo salir del taxi al señor Miquel Villagrasa de La Vanguardia y ahí se me soluciona el día.
Villagrasa ha pasado a ser mi ídolo: entra muy decido en la iglesia, me explica como va el tema, que si este es tal, que si el otro es no se quién, me da dos teléfonos, me explica a quien tengo que conocer, a quién debo preguntar y como debo actuar. ¡Esto de la experiencia no tiene precio!
Me hace notar que hay una escultura de Bernini en la entrada, le pide a uno de los monjes, sacerdotes o bueno uno de los que pasa por allí si tienen un libro, folleto o papel que explique la historia del templo. Yo cual perrito faldero le sigo arriba y abajo y él me presenta a todos los miembros de la iglesia. La colega de Efe, y dice mi nombre y apellido !Flipante!
Tienes que hacerte una tarjeta, tienes que presentarte a todos. No hay que tener vergüenza. Yo todavía estoy escribiendo quién es quién en mi libretita y apuntando todas las cosas que tendrían que salir en la nota. Son 36 concelebrantes, el cardenal es el que preside la misa, nadie más. Aunque etsuviera el mismísimo rey aquí el que preside es el cardenal ¡Recuérdalo! Yo sigo escribiéndolo todo.
Empieza la misa, todos rezan y un coro canta intentando darle vidilla al asunto pero sin llegar a ser un coro de Gospel. Parece que estemos en Nueva Orleans me comenta Villagrasa, y yo tengo que contenerme para no empezara moverme al son de ritmos cristianos (todavía no he ido a una discoteca desde que estoy aquí y cualquier tema me anima). Me levanto y me siento en base a lo que hace la monja qu etengo delante de mí. Me dan la paz y murmuran algo. Yo doy la mano y sonrío. Un moemento de tensión llega cuando los asistentes deciden no ponerse de acuerdo y mientras unos se arrodillan otros continúan de pie. Yo decido el intermedio y me siento, no sin antes vacilar unos instantes. Cruzo las piernas y recuerdo que en catequesis me dijeron una vez que eso no se hace en una iglesia. Las descruzo.
Acaba la misa, más presentaciones; ¡ Venga nos vamos! ¡Llama a un taxi!, yo obedezco. ¿A ti te pagan el taxi? pregunta. Pues ni idea, contesto. Bueno yo tengo que ir al Vaticano te acerco, se ofrece.
LLego a mi destino y me despido, Villagrasa continúa dándome unos pequeños consejos. Me bajo del taxi y pienso en la suerte que he tenido de encontrarlo. Ya puedo hacer la nota.
Llego y Cristina, una de las compañeras de Efe, me pregunta qué tal ha ido. Bien, respondo yo y justo en ese momento llama Antonio, otro de los compañeros de Efe, que al saber que he ido a la misa me toma el pelo y me asegura que no he podido batir su récord de años sin pisar una iglesia. Pero si no soy creyente comento yo, pues anda la de misas que te van a tocar, bromea.
Pues nada iré y gracias a Villagrasa estoy preparada, si no del todo, al menos un poquitín más que antes. EFE.
ebp