Ciudadano metro Vs ciudadano cine
Caracas, 14 mayo.- Hay dos tipos de ciudadanos en Caracas, entre otros muchos. El primero es el ‘ciudadano metro’, el segundo el ‘ciudadano cine’. Los dos son irreconciliables entre ellos y encarnan dos actitudes diametralmente opuestas. Eso no quiere decir que se trate de personas diferentes, puesto que un mismo individuo puede convertirse en ‘ciudadano metro’ o en ‘ciudadano cine’, indistintamente, con escaso margen de tiempo.
El ‘ciudadano metro’ aguarda pacientemente su turno en el andén del metro y, salvo contadas excepciones, siempre se mueve pronunciando educados “permiso” o “permisito”. Un buen número de estaciones del metro en Caracas tienen pintadas franjas amarillas en el suelo, dirigiendo a los usuarios hacia las puertas del nuevo convoy que está por llegar. La gente, ordenadamente, hace esa cola. En caso de que el metro venga lleno, esperan sin inmutarse a que acuda el siguiente. Es como un hormiguero ordenado en el que todos se mueven con sumo respeto a sus semejantes. Obviamente siempre hay excepciones, pero si comparamos la infraestructura y el comportamiento de los usuarios del metro de Caracas, podríamos decir que su calidad es ampliamente superior al metro de muchas capitales europeas. Los vagones son más amplios, están limpios, no tienen pintadas ni ralladas, y en ellos casi siempre funciona el aire acondicionado. Nunca ningún ‘ciudadano metro’ que se precie lanzará un objeto al suelo (por mucho que lo tire en cuanto salga de la respectiva estación). Nunca ningún ‘ciudadano metro’ comerá ni beberá nada en el interior de un vagón. Es más, si en el vagón entra una persona mayor, o cualquier madre con su bebé, los mismos pasajeros pedirán a los que van sentados que se levanten para dejar su lugar. En muchos casos se llegan a entablar conversaciones largas entre pasajeros que interaccionan en este tipo de operaciones. Además, la frecuencia de paso de los trenes es muy reducida, y los metros mucho más grandes que, por ejemplo, en Barcelona. Claro que el metro de Caracas también mueve a muchísima más gente, y en las ‘hora pico’ los vagones se quedan pequeños. Como muestra del comportamiento del ‘ciudadano metro’, un botón: esta mañana, sin ir más lejos, un señor de mediana edad me ha visto apoyado con un pie en la pared de la estación y me ha invitado a que dejara de hacerlo.
El ‘ciudadano cine’ va a cualquiera de los centros comerciales repletos de salas de proyección a ver una película como quien ve una película en su casa. Son conductas típicas hablar, reír, llorar, chillar, comentar lo que sea, responder al celular, levantarse, o comer y beber como animales. Existen verdaderos menús para consumir mientras ves el último éxito de Hollywood, o de donde sea. Los sirven en bandejas de plástico que se acoplan perfectamente a las butacas. En la sala VIP, incluso hay camareros que te atienden en tu asiento. Los menús, además de los típicos tanques de coca-cola y los cubos de palomitas donde cabe una cabeza tranquilamente, incluyen la posibilidad de pedir ‘tequeños’ (palitos fritos de queso), caramelos, chucherías varias, o tarrinas de helado. En caso de que un ‘ciudadano cine’ acuda a ver una película con sus hijos, considerará lo más normal del mundo que éste decida ponerse a jugar con otros niños, corriendo por el pasillo de la sala, mientras pasan completamente de la película. Si el ‘ciudadano cine’ forma parte de un grupo de adolescentes hiperhormonados, no dejará de enviar mensajitos de texto con su móvil, o comentar los últimos avances amorosos de todos sus conocidos. En caso de ser una chica, pudiera ser que lo que más le llegara de la película fueran los pechos de la protagonista, acto seguido se plantearía si vale la pena operarse, y posiblemente entablaría una discusión formal con el resto de sus amigas al respecto. En caso de ser chico, soplará continuamente sobre el flequillo que le tapa media cara, se recolocará el jersey que lleva encima de los hombros, y comentará con sus amigos sus últimas adquisiciones de marca, sus últimos ligues, o quién es el próximo pringado a quien tiene ganas de darle de ostias. Ambos comportamientos se corresponden a la actitud de los jóvenes venezolanos ‘sifrinos’ (pijos), que son los que yo he visto en los cines donde he ido. El resto del comportamiento del ‘ciudadano cine’, creo que es extensible a toda la sociedad venezolana. No cabe decir que las salas de cine, cuando acaba una película, son verdaderas pocilgas, donde se ven más desperdicios que espacio de suelo.
Siempre es odioso generalizar o intentar encuadrar a un grupo de personas en un estereotipo. Hacerlo en el caso de acabar de llegar a un país donde muchas cosas resultan totalmente nuevas es doblemente peligroso. En todo caso, a día de hoy, creo que puedo afirmar sin ningún tipo de miedo a equivocarme que en Caracas existen dos tipos de ciudadano: el ‘metro’ y el ‘cine’. mm