el fòrum dels exiliats

recull de contrastos des del periodisme

Ciudadano metro Vs ciudadano cine

Caracas, 14 mayo.- Hay dos tipos de ciudadanos en Caracas, entre otros muchos. El primero es el ‘ciudadano metro’, el segundo el ‘ciudadano cine’. Los dos son irreconciliables entre ellos y encarnan dos actitudes diametralmente opuestas. Eso no quiere decir que se trate de personas diferentes, puesto que un mismo individuo puede convertirse en ‘ciudadano metro’ o en ‘ciudadano cine’, indistintamente, con escaso margen de tiempo.

El ‘ciudadano metro’ aguarda pacientemente su turno en el andén del metro y, salvo contadas excepciones, siempre se mueve pronunciando educados “permiso” o “permisito”. Un buen número de estaciones del metro en Caracas tienen pintadas franjas amarillas en el suelo, dirigiendo a los usuarios hacia las puertas del nuevo convoy que está por llegar. La gente, ordenadamente, hace esa cola. En caso de que el metro venga lleno, esperan sin inmutarse a que acuda el siguiente. Es como un hormiguero ordenado en el que todos se mueven con sumo respeto a sus semejantes. Obviamente siempre hay excepciones, pero si comparamos la infraestructura y el comportamiento de los usuarios del metro de Caracas, podríamos decir que su calidad es ampliamente superior al metro de muchas capitales europeas. Los vagones son más amplios, están limpios, no tienen pintadas ni ralladas, y en ellos casi siempre funciona el aire acondicionado. Nunca ningún ‘ciudadano metro’ que se precie lanzará un objeto al suelo (por mucho que lo tire en cuanto salga de la respectiva estación). Nunca ningún ‘ciudadano metro’ comerá ni beberá nada en el interior de un vagón. Es más, si en el vagón entra una persona mayor, o cualquier madre con su bebé, los mismos pasajeros pedirán a los que van sentados que se levanten para dejar su lugar. En muchos casos se llegan a entablar conversaciones largas entre pasajeros que interaccionan en este tipo de operaciones. Además, la frecuencia de paso de los trenes es muy reducida, y los metros mucho más grandes que, por ejemplo, en Barcelona. Claro que el metro de Caracas también mueve a muchísima más gente, y en las ‘hora pico’ los vagones se quedan pequeños. Como muestra del comportamiento del ‘ciudadano metro’, un botón: esta mañana, sin ir más lejos, un señor de mediana edad me ha visto apoyado con un pie en la pared de la estación y me ha invitado a que dejara de hacerlo.

El ‘ciudadano cine’ va a cualquiera de los centros comerciales repletos de salas de proyección a ver una película como quien ve una película en su casa. Son conductas típicas hablar, reír, llorar, chillar, comentar lo que sea, responder al celular, levantarse, o comer y beber como animales. Existen verdaderos menús para consumir mientras ves el último éxito de Hollywood, o de donde sea. Los sirven en bandejas de plástico que se acoplan perfectamente a las butacas. En la sala VIP, incluso hay camareros que te atienden en tu asiento. Los menús, además de los típicos tanques de coca-cola y los cubos de palomitas donde cabe una cabeza tranquilamente, incluyen la posibilidad de pedir ‘tequeños’ (palitos fritos de queso), caramelos,  chucherías varias, o tarrinas de helado. En caso de que un ‘ciudadano cine’ acuda a ver una película con sus hijos, considerará lo más normal del mundo que éste decida ponerse a jugar con otros niños, corriendo por el pasillo de la sala, mientras pasan completamente de la película. Si el ‘ciudadano cine’ forma parte de un grupo de adolescentes hiperhormonados, no dejará de enviar mensajitos de texto con su móvil, o comentar los últimos avances amorosos de todos sus conocidos. En caso de ser una chica, pudiera ser que lo que más le llegara de la película fueran los pechos de la protagonista, acto seguido se plantearía si vale la pena operarse, y posiblemente entablaría una discusión formal con el resto de sus amigas al respecto. En caso de ser chico, soplará continuamente sobre el flequillo que le tapa media cara, se recolocará el jersey que lleva encima de los hombros, y comentará con sus amigos sus últimas adquisiciones de marca, sus últimos ligues, o quién es el próximo pringado a quien tiene ganas de darle de ostias. Ambos comportamientos se corresponden a la actitud de los jóvenes venezolanos ‘sifrinos’  (pijos), que son los que yo he visto en los cines donde he ido. El resto del comportamiento del ‘ciudadano cine’, creo que es extensible a toda la sociedad venezolana. No cabe decir que las salas de cine, cuando acaba una película, son verdaderas pocilgas, donde se ven más desperdicios que espacio de suelo.

Siempre es odioso generalizar o intentar encuadrar a un grupo de personas en un estereotipo. Hacerlo en el caso de acabar de llegar a un país donde muchas cosas resultan totalmente nuevas es doblemente peligroso. En todo caso, a día de hoy, creo que puedo afirmar sin ningún tipo de miedo a equivocarme que en Caracas existen dos tipos de ciudadano: el ‘metro’ y el ‘cine’. mm

Maig 14, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | No hi ha comentaris

Historias de un autocar

Caracas, 12 mayo.- En el último viaje a Chuao tuve la posibilidad de viajar, otra vez, en las camioneticas y autobuses venezolanos. A pesar de ello, en esta ocasión sucedió algo que sobrepasó todo lo vivido anteriormente. El viaje en camionetica desde Choroní a Maracay, por el puerto de montaña, ya lo conocía. Es decir, los precipios, los cruces al milímetro con el resto de vehículos y el atronador sonido del cláxon a cada curva no fueron nada nuevo.

Una vez en la terminal de autobuses de Maracay teníamos que conseguir un nuevo autocar que nos llevara hasta la estación de La Bandera, en Caracas. Existen varias posibilidades de transporte, y en vista de que no podíamos ir más cargados, decidimos agarrar un autocar ”lujoso”. El lujo, más allá del aire acondicionado a temperatura de refrigerador, incluye la posibilidad de dejar todos los bártulos en un maletero, cosa que agradecimos profundamente. A pesar de ese “lujo”, el precio del boleto es de 10 bolos (unos dos euros), por un viaje de dos horas. Un taxi particular es mucho más caro. Las camioneticas cuestan la mitad.

Allí estábamos, en el terminal de Maracay, dispuestos a abordar el autocar. La gente hizo la cola ordenadamente, y después de recibir un tiket por cada bulto que dejamos en el maletero, subimos. Lo primero que me chocó fue el cacheo al que nos sometieron a todos los pasajeros, entiendo que para comprobar que no llevábamos ningún arma. Una vez arriba nos recibió una azafata al estilo ‘Boeing 747′ que nos explicó las características del viaje. El conductor se encontraba en una cabina aparte sin acceso para el pasajero.

Y empezó. Primero pasó un eficiente empleado que anotó, uno por uno, el nombre y número de cédula (en nuestro caso pasaporte) de todos los pasajeros. “Medidas de seguridad”, dijo. Nombres como Geniouska, Yurimar o Yosleydi forman parte del santoral típico venezolano.  En ese momento, la sonriente azafata nos señaló que debíamos viajar todo el trayecto con las cortinas de las ventanas cerradas. Según nos explicó, la razón era que en alguna ocasión autobuses de la compañía habían sido “atacados”, por lo que las cortinas “ayudaban a disminuir las posibilidades de impacto”. Pero lo mejor estaba por llegar. El eficiente empleado que anotaba los nombres, pasó con una pequeña videocámara estilo Efe grabando, uno por uno, a todos los pasajeros. Preguntamos para qué. Contestó que, en caso de accidente, eso aseguraba que nuestros familiares pudieran identificarnos. Ojos como platos. La capacidad de sorpresa en Venezuela, a pesar de haber cumplido cuatro meses en este país, permanece intacta. mm

Maig 12, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 6 Comentaris

Chuao, mucho más que cacao

Caracas, 5 mayo.- Nunca hubiera imaginado que el cacao saliera de una fruta tan peculiar. El color de la fruta del cacao varía entre el verde, el blanco y el morado, supongo que en función de su grado de madurez. Su parte exterior es dura, con una cáscara rugosa, más ancha que la cáscara de la patilla (sandía). Nace sujeta al tronco o ramas de la mata de cacao, y dichas matas pueden ser tan grandes como un árbol pequeño. Pero el fruto en cuestión no es la terminación de ninguna rama, y no sale como el brote final a unas hojas. De hecho, los frutos de cacao aparecen como quistes anexos al propio tronco de la planta. Su interior es parecido al de la chirimoya; la parte blanca y gelatinosa, que tiene un sabor muy rico, protege las semillas. Esas semillas, una vez limpias y secadas al sol, pueden molerse para extraer el cacao propiamente dicho. Esa es la pasta base para hacer el chocolate. El pueblo de Chuao, con no más de mil habitantes, se enorgullece de producir “el mejor cacao del mundo”. Claro que en Venezuela a muchas cosas las llaman así, ya sea porque tienen el teleférico que sube a más metros por encima del nivel del mar del mundo, el salto de agua natural más alto del mundo, o porque es el país con las mayores reservas de petróleo del mundo.

Llegar a Chuao no es fácil. Solo puede hacerse vía marítima o después de caminar cinco horas desde el pueblo de Choroní. Para llegar a Choroní, otro pueblo costero en el estado de Aragua, antes hay que atravesar una carretera infernal que serpentea por una montaña en la que hay curvas donde las camionetas deben maniobrar marcha atrás para pasar. Así que nada de imaginarse un tráiler o un autocar grande en esa carretera, porque directamente no cabe. Tanto al puerto de Chuao como al de Choroní solo pueden llegar ‘peñeros’, esas míticas lanchas a motor en las que no caben más de veinte personas. Es lo que da de sí el muelle. Sí, Chuao está realmente perdido, y posiblemente ahí atesore su encanto. Llega gente, claro, porque es conocido, pero nada que ver con el turismo masificado del estilo Marina d’Or. Las posadas que hay para dormir son más bien hostales familiares que hoteles de esos que tanto beneficio dan construidos en el lugar adecuado. Chuao mantiene su esencia, y el extraño es el turista. En todo el puente no vi ningún ‘guiri’, todos los temporadistas eran venezolanos.

Y para allá fuimos este puente de mayo, a Chuao. El plan estaba claro: acampada bajo las palmeras, a diez metros de las olas. Para desconectar, en un pueblo en el que por supuesto tampoco hay cobertura, el plan no hubiera podido ser mejor. El viaje, entre la carretera y el peñero cargados como burros que íbamos con la guitarra, mochilas, carpas (tiendas), nevera, comida, bebida, y pelota para echar unos toques, mejor olvidarlo. Eso sí, todo hizo su servicio. Pero Chuao no se queda únicamente en la playa. Tres kilómetros tierra adentro está el pueblo propiamente dicho. Hasta allí sí que hay una carretera de tierra que serpentea entre árboles monumentales y campos de cacao. De vez en cuando algún coche o alguna moto pasan. Ambos vehículos, en su día, fueron trasladados vía marítima hasta allí. La acampada en la playa, con la única luz de nuestras velas y de las escasas luces del puerto de Chuao, mirando las estrellas con el sonido sempiterno de fondo de las olas rompiendo en la costa… uno puede llegar a pensar que la vida del becario en Venezuela es muy dura.

Uno de los días aprovechamos que estábamos allá para visitar el Chorrerón. Desde el pueblo de Chuao, tras dos horas de caminata por la selva, remontando el río que pasa por el pueblo y desemboca en el mar, se llega al Chorrerón. El Chorrerón es una caída de agua natural enorme, que forma una poza en la que uno se puede bañar tranquilamente.  La subida es recomendable hacerla con un guía del pueblo. Nuestro guía fue el señor José Elías. Pese a tener cincuenta años, el señor José no levanta más de metro cincuenta del suelo. Una malformación le impide caminar con normalidad, pese a que nunca hay que dejarse engañar por las apariencias. Cuando le pedimos que nos llevara, aconsejados por los lugareños que tomaban cerveza a las doce de la mañana en la licorería del pueblo, se mostró encantado. “Corriendo”, fue a su casa a por el machete de turno, por si aparecía alguna serpiente, y marchamos. Él, con el bañador y el machete, descalzo. Nosotros con todo el equipo que se le supone a un turista. Nos hizo parar en otra licorería, se bebió dos cervezas mientras nosotros sorbíamos la primera, y nos invitó a seguirle. La primera vez que el señor José subió al Chorrerón tenía diez años, a razón de dos o tres viajes por semana, durante cuarenta años, podría considerarse un experto. Vuela a través de las veredas, y se hace imposible seguirle el ritmo. La caminata transcurre con cruces continuos del río, hacia arriba. Hay pasos en los que el agua te llega más arriba de la cintura. De vez en cuando hay algún campo de maíz, yuca o caraotas. Pero se hace ameno, porque el señor José responde a todas tus preguntas, amable, aunque cuesta entenderle las respuestas. Obviamente el español del habitante de un pueblo perdido en Venezuela dista mucho del de la Real Academia. También hay árboles rectos y altos como cualquier edificio medio del Eixample. Y así se nos apareció el Chorrerón. Imponente.

De bajada del Chorrerón compramos las respectivas panelas de cacao en el pueblo, para hacer algún día una chocolatada. También pudimos comer una catalana. Sí, en Venezuela la catalana es un pescado rosáceo de dos palmos, con una carne blanca exquisita. El pescado en sí no puede ser más fresco, ya que las barcas llegan cada día puntualmente al puerto. La pesca es artesanal, y el mar se muestra generoso con los peces. Las barquitas aparcan en el mismo río que desemboca en el mar, amarradas con cuerdas a las palmeras. En el apartado culinario, junto a la catalana, también hay que destacar las empanadas de calamar.

Uno de los bares donde comimos, llámale bar llámale cobertizo de bambú, estaba adornado con varios pósters de Chávez, como pasa en la mayoría de negocios y casas de Chuao. A nivel político se podría considerar que todo el pueblo de Chuao es chavista. Las camisetas y gorras rojas con mensajes de apoyo al presidente son abundantes. El Gobierno, como ha hecho en muchos lugares del país, hizo un censo de los habitantes de Chuao, históricamente olvidados. A las familias que vivían en chabolas, si querían, les concedió una vivienda nueva a pagar con un crédito muy rentable. Las casas están en marcha y bien visibles, y aunque son de puro ladrillo y cemento, es más de lo que tiene mucha gente en Venezuela. Además, el Gobierno también ha concedido microcréditos a esa gente para poner en marcha negocios o potenciar los que ya existen. Toda la asistencia técnica es gratuita. El señor José me contó que el pueblo, que depende de otra alcaldía, se reúne en asambleas generales cada semana, con la participación comunitaria de los vecinos, para tratar todos los temas de su interés. Chuao tiene un gran potencial turístico, es evidente, y los cartelones publicitarios de las obras del chavismo en la entrada del pueblo dan a entender que en buena parte lo arreglado que está el pueblo responde a eso. La nueva conciencia socialista no sé si habrá impregnado a los lugareños, pero está claro también que los billetes pueden forjar a grandes chavistas. Acá la llaman la boliburguesía.

Hay un problema en Chuao: los mosquitos. Durmiendo en carpa, por la noche, literalmente te acribillan. Lo del repelente es igual, comprobado. Encima éstos son pequeños, indetectables, y especialmente eficaces en colarse dentro de la tienda para luego ponerse las botas. Otro día hablaremos de ese odioso insecto. mm

Maig 6, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

A la tercera va la vencida

Caracas, 28 abril.- “Hombre, seguro, seguro solo está el infierlno” –comentó el Mayor Galindo. Eran las 20 horas del domingo y, en principio, el lunes estaba pautado el tercer intento para ‘Sierra’, el operativo antidrogas en la Sierra del Perijá en el Zulia. Podría parecer raro que a esa hora nadie haya confirmado ni desmentido si hay viaje con los periodistas al día siguiente, por eso mejor llamar. “¡Épale, chamo! Sí, sí, mañana a las 7 en Maiquetía, ¿oíste?” –respondió Galindo una vez te ubicó. “Agarra ropa para cuatro días” –comentó en tono serio. Pero solo se trataba de una broma, nos hizo la misma el jueves, el viaje dura un día. “Entonces, ¿esta vez seguro que sí?” –pregunté extrañado, porque si nadie ha avisado y eres tú el que llamas, pues la verdad, serio, serio, tampoco parece. “Hombre, seguro, seguro solo está el infierlno” –bromeó otra vez Galindo. No negaremos que majo lo es un rato. Me plantearé seriamente empezar a llamarle ‘fa sostenido’, total, todos le llaman ‘mi mayor’ (lo siento, tenía que hacer esa broma).

Suena el despertador a las 5.30, ducha rápida, y hacia el aeropuerto. Cuarenta minutos sin cola, pasando por dos simpáticos túneles que tienen por nombre ‘Boquerón I’ y ‘Boquerón II’. Nuestro avión del ejército del aire está decorado con el “Patria, socialismo o muerte… Venceremos”. Da bastante seguridad volar con el jefe de la Oficina Nacional Antidrogas, el coronel Néstor Reverol, y con el General del Comando de Operaciones Estratégicas, Jesús González. Una vez en el aire nos enteramos que una avioneta que despegó una hora después de nosotros ha caído hoy sobre Caracas: cuatro muertos.

Sobrevolamos el lago Maracaibo, y su puente de 10 kilómetros que ahorra a los conductores horas de camino. Seguimos hasta Machiques, y allá, por fin, nos enteramos de qué va exactamente la excursión de hoy. En el marco de la Operación Sierra, el ejército ha “escudriñado” la Sierra del Perijá, limítrofe con Colombia. Nos explican que no han encontrado ningún cultivo ilícito, algo que consideran un “rotundo éxito”. La argumentación es simple: como ejercemos presión, no hemos permitido que los colombianos pasen la frontera para plantar amapolas, cocaína o marihuana acá. Eso sí, han descubierto un campo de entrenamiento de fuerzas paramilitares a menos de medio kilómetro de la frontera, y para allá tienen previsto llevarnos. Dicen que sí han avistado cultivos ilícitos en la parte colombiana. Bromeo con David, el fotógrafo: −“¿Y si les proponemos una incursión aérea al mejor estilo Raúl Reyes?”.

Otra vez más, la extensión de terreno ante tus ojos, a vista de pájaro desde un helicóptero, te sobrecoge. Hoy no son llanuras sin árboles, sino más bien campos verdísimos, con caseríos dispersos. Una vez dentro de Perijá (sierra que serpentea entre Colombia y Venezuela durante 300 kilómetros), comprendes lo aislado e impenetrable que puede estar cualquier cultivo en esa zona, de lo que sea. Desde el aire no se pueden ver fácilmente porque las copas de los árboles los protegen, y para adentrarse en la selva hay que tener ganas de caminar.

Llegamos donde localizaron el campo de entrenamiento. Nos están esperando tres decenas de militares, que tienen toda la zona acordonada. El campamento, impresionante. Queda claro que no es un montaje, puesto que paseamos libremente por las rudimentarias instalaciones que tenían allá, y es evidente que eso no se ha levantado en un mes. Tienen dos casas con la base de cemento y ladrillos, letrinas, cocina, gimnasio (las pesas son un palo con botellas llenas de agua atadas en los extremos), etc. Se sabe que es un campo de entrenamiento porque hay una pista americana de varios centenares de metros, con pruebas del estilo arrastrarse por el barro, pasar haciendo equilibrio por encima de un río, subir por una soga… Todo el rato, un helicóptero artillado sobrevuela el perímetro. Del calor infernal y de los mosquitos mejor hablamos otro día. Tremenda selva. Para los maracuchos (dícese del habitante de Maracaibo), el calor es ‘vergatario’.

Una vez volado el último de los cobertizos que dejaron para enseñarlo a la prensa, volvemos a subir en los helicópteros. Nos llevan a la base militar más cercana: media hora más. “Fui lo que otros no pudieron ser, fui donde otros temieron ir, e hice todo lo que otros no pudieron hacer. He sentido el frío punzante de miedo y he disfrutado el sabor dulce de un momento de amor. He llorado, he sufrido y esperado, pero más que todo, he vivido momentos que otros hubieran preferido olvidar. Por lo menos algún día podré estar orgulloso de lo que fui. Firmado: un soldado venezolano”. Esa es la pintura mural que nos recibe en el destacamento, donde nos muestran todo lo que se incautaron durante la ‘Operación Sierra’.

Y allí está todo expuesto para nosotros: botas, uniformes de camuflaje, hamacas, pilas, una especie de diario con nombres en clave, una granada, armas, munición, artefactos caseros, 80 kilos de coca, comida, miras telescópicas, visores nocturnos… un mini arsenal, vaya. Lo que todos queremos grabar: los parches con las siglas AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), la evidencia de la presencia de los paramilitares. También hay pañuelos donde está escrito “Contraguerrillas”. La historia parece creíble, en la zona del Zulia operan más paramilitares que las guerrillas de las FARC o el ELN.

Volvemos a Caracas, el vuelo tarda dos horas. Cansancio extremo, pero una medio sonrisa dibujada en el rosto al ver aparecer el Ávila por la ventanilla. Bueno mayor, todo fino. Dale pué, nos vemos. mm

Abril 29, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 3 Comentaris

A salto de mata

Caracas, 25 abril.- “A salto de mata”. Sí, hoy en día es así como definiría la vida del periodista en Venezuela. −¿Cómo es el trabajo del periodista en Venezuela? –preguntaría uno. –A salto de mata –podría contestarse sin problemas.

La organización formal no existe, es imposible tener una agenda de los eventos, siempre que llamas a algún sitio “están almorzando”, puedes hacer ‘guardias’ de cinco horas tranquilísimamente, si preparas un reportaje y quieres una entrevista hay que esperar mínimo tres semanas, Chávez puede aparecer en cualquier momento en la tele, sin previo aviso, y liarla… En serio, ¡a salto de mata! Hay un sinfín de razones por las que, hoy en día, calificaría el trabajo del periodista en Venezuela como de “a salto de mata”. En el caso de un becario, aterrizado hace tres meses, en un país a miles de kilómetros de la ciudad que le vio crecer, lejos de su familia y amigos, con un metalenguaje y unos dobles sentidos desconocidos… ¡buf!

El martes pasado estaba previsto un viaje al estado Zulia. Más de 600 kilómetros al oeste de Caracas. Zulia hace frontera con Colombia, es donde está el Lago Maracaibo (uno de los más contaminados del mundo), donde están la mayoría de los campos petroleros del país, donde el gobernador es uno de los dos únicos gobernadores que no son Chavistas (Venezuela tiene 24 estados).

Se trataba de la culminación del operativo ‘Sierra’, algo así como quemar unos campos de amapola (eso dicen, porque oficialmente es secreto de Estado).  Íbamos a Machiques, en avioneta primero y en helicóptero después. −¡Chévere!− Llamaron el lunes, el día antes, nos dieron 20 minutos para responder sí o no. Confirmamos y nos acreditamos el fotógrafo y el becario. Volvieron a llamar más tarde porque al final ‘Sierra” se suspendía hasta el viernes.

Hoy viernes era el día que finalmente culminaba el operativo, toda la prensa estaba invitada, dos avionetas y otros dos helicópteros estaban preparados, estaban listos los pic-nic en forma de bocadillo envuelto en la bandejita de ‘porexpan’… Había que levantarse a las 5.30 de la mañana. Una vez en Maiquetía, los militares de turno nos han dicho que se volvía a suspender, esta vez a causa del mal tiempo. “Chamo, se suspendió, pana. Mayor Galindo, te digo el número del selular. Puede ser que el lune’, de repente lej’ llamó el domingo y cuadramo’. O sino llamen”.  

¿Perdón? –pensé−. ¿Y los campos de amapola los dejamos ahí hasta el lunes, que haya buena luz y se puedan hacer unas buenas fotos?  Bueno, ya despiertos miro a ver si me acerco a Petare. Total, con esta lluvia y este tráfico de siempre, el viaje de vuelta con ese taxi de confianza que te viene a buscar al aeropuerto en las afueras de Caracas será de dos horas. Hay tiempo para pensar si vamos a Petare. Hoy iban a conocer a la vasca que lleva 30 años en Caracas, trabajando con los niños del barrio. Podría ser un reportaje de los que gusta hacer.

−−− Acaba de empezar a llover en Caracas, es alucinante. Lleva dos días que parece que se vaya a vaciar el cielo −−−

−Pues nada, a conocer a la vasca, que seguro que tiene una historia tremenda que contar –piensas cuando ves que la ilusión de sobrevolar el Lago Maracaibo se ha ido ‘pal coño, veeeeerrrrga’. –Riiiiiing− oyes en un tono ascendente. El móvil, tiene ese sonido característico. Llaman del Ministerio de Comunicación e Información (el Minci). Te conceden la entrevista con el ministro que habías pedido hace más de un mes para hacer un reportaje sobre el lanzamiento en octubre del satélite venezolano desde China, que se llamará, como no,  Simón Bolívar. –Oye, que es dentro de tres horas−.

¿Es broma? No, va en serio, ahora o nunca chaval. A las 15.30 horas. Suspendo excursión a Petare, recupero toda la información que tenía para la entrevista con un ministro cuyo nombre no recuerdo (total, hay más de veinte ministerios, y a los ministros los cambian cada año). ¡Ah, agarra la cámara, que también haremos algo para tele! Metro en La Hoyada. Nos recibe el jefe de prensa. El fotógrafo y el becario nos tomamos un café con él mientras esperamos que nos reciba el ministro. Una hora más. Entrevista BRUTAL (a nivel personal, por lo menos) … Veeeeerrrrga, ¡a salto de mata! ¿Sí o no?

El domingo, gracias a Dios (nunca mejor dicho), tenemos la beatificación de la Madre Candelaria. Viene desde Roma para la ocasión el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el portugués José Saraiva. Misa de cinco horitas en el estadio de béisbol de la Universidad Central de Venezuela. El arzobispo de Caracas te dijo que calculaban 50.000 personas. Es la primera beatificación que se va a celebrar en Venezuela y claro, ellos no tienen a 498 mártires de la Guerra Civil para que los beatifiquen de una sola vez. Para los venezolanos, cuyo presidente reza en público por la tele y alaba la figura de Jesús, cuyos habitantes celebran con fervor vigilias durante todo el año, es solo la segunda beata de su historia. Yo creo que el Vaticano, como buena empresa, entiende que en Venezuela hay un gran mercado en el que invertir algo, ¡una beatificación por lo menos! ¿Rezaré para que siga lloviendo? Es igual, un cura por la tele ha dicho que sería magnífico, porque entonces los fieles podrían demostrar su capacidad de sacrificio, mojándose y pasando frío bajo la lluvia, en la histórica beatificación de la Madre Candelaria, “la Sierva de los enfermos”.

A la devota Madre Candelaria se le atribuye un milagro. El Papa Benedicto XVI ya dio su visto bueno el mes de julio pasado. Ella murió en 1940, pero fue capaz de transportar su virtud hasta 1995. En su localidad natal, un pueblo en el estado central Guárico, una mujer tenía que dar a luz. Los médicos le diagnosticaron que el feto estaba muerto. La mujer rezó rota de pena durante toda la noche, junto a una de las monjas cuya orden fundó la Madre Candelaria,  y al día siguiente vio nacer de su vientre una niña. Como nombre le puso Milagros Candelaria. Los médicos dijeron que no era explicable desde el punto de vista científico. Yo creo que la historia se merece una beata.

Pues eso, que el domingo misa de cinco horas con 50.000 venezolanos venidos de todo el país. Viene Harold, el fotógrafo que hace guardia este fin de semana, será divertido. No te quejes Mario, sarna con gusto no pica. Además, “la gente de tierra de pizarra es recia”, lo dijo el abuelo. El jueves, de puente a Chuao. Este mes de abril, con cuatro días de descanso en total, bien se merece una rumba.

−−− Deja de llover. En la noche caraqueña se escucha el sonido de las gotas rezagadas, el canto de alguna chicharra, el ruido de algún coche… −−− mm

Abril 26, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

Murió ‘Kraken el Temible’

Caracas, 22 abril.- Cada fin de semana mueren de forma violenta más de treinta personas en el distrito federal de Caracas. Puede ser un homicidio involuntario, un asesinato premeditado, un simple accidente… es igual, el caso es que las cifras están ahí. Eso aquí ya no es noticia, más allá de algún apunte estadístico cada cierto tiempo, salvo que alguno de los muertos tenga una historia singular. Por eso, hoy quería contar la historia de ‘Kraken el Temible’.

Carlos Rafael Fernández, más conocido en el barrio con el apodo de ‘Kraken el Temible’, era el líder del grupo de hip hop ‘Santos Negros’. La madrugada del pasado viernes estaba en un concierto en el céntrico Parque de los Caobos de Caracas. Esperaba para actuar, puesto que el concierto en cuestión, organizado por la Alcaldía Mayor de la  ciudad, constaba de la participación de varios raperos. ‘Kraken’ tenía 25 años. Junto a él también murió acribillado su compañero Rodrigo Javier Ibarra, alias ‘el Colombianito’, de 18 años.

La policía encontró en el bolsillo de ‘Kraken’ una visa, algo poco usual en la vida de los malandros. Según explicó su madre, Rosa Margarita Grisa, la propia Alcaldía Mayor le había contactado para que representara a Venezuela en el próximo festival internacional de hip hop que se celebrará en Madrid. No precisó en qué festival, si bien se supone que debía ser el que se celebrará en San Sebastián de los Reyes los próximos 30 y 31 de mayo. Para ello, su hijo había recibido 50.000 bolívares (15.873 euros) de manos de las autoridades.

‘Kraken’ y ‘el Colombianito’ eran naturales del barrio de Pinto Salinas, al igual que ‘Gilder el Feo’, el líder de la banda de ‘Los Capriceros’. Por lo visto, ‘el Feo’ llegó al concierto junto a otros compañeros de su banda en motocicletas, mataron a los dos ‘Santos Negros’, y acto seguido se dieron a la fuga. No hay que olvidar que el rapero ‘Kraken el Temible’ era sospechoso de por lo menos ochos homicidios. Según la prensa local, en Pinto Salinas familiares de las supuestas víctimas de ‘Kraken’ celebraron con disparos al aire su muerte.

En youtube se pueden ver algunos vídeos del grupo rapero ‘Santos Negros’. En uno de ellos, aparece ‘Kraken’ cantando mientras exhibe una pistola. “Pa’ los bocones, pa’ los chigüires, tanto que hablan y no tienen chiste, agarren buche, comemos chicle, matamos con un alto calibre”, reza la letra del tema principal del grupo. ‘Kraken’ declara en su solo, mientras mueve su revólver,  “Vámonos a las manos para yo ver la gente corriendo por el cementerio (…) malditos nuevos, están buscando que les zampe con mi hierro, ya me tienen harto por su maldito ego”.

Los parientes de ‘Kraken’ han pedido a las autoridades que no informen del lugar donde se va a celebrar el entierro. Tienen miedo de que se enteren sus enemigos y decidan tomar represalias contra ellos durante el funeral. mm

Abril 23, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 3 Comentaris

A seis años del golpe

Caracas, 13 abril.- Hoy es 13 de abril, y el chavismo celebra en la calle “la victoria del bravo pueblo”. Hace seis años, tal día como hoy, Hugo Rafael Chávez Frías volvió al poder, tras 48 horas apartado de él por un golpe de estado.

Varios militares, empresarios, medios de comunicación y otros poderes fácticos, participaron en “el Carmonazo”. A Chávez se lo llevaron del Palacio de Miraflores a la isla de la Orchila. La señal de la única cadena de televisión pública que entonces existía fue tumbada, y únicamente se podían ver los canales privados. En ellos se aseguró que Chávez había renunciado, mientras los periodistas afines al golpe celebraban el acontecimiento.

Los chavistas salieron a la calle, desde el día 11 que se produjo el golpe. El clima de tensión que vivía el país era insostenible, y días antes enfrentamientos entre pistoleros de uno y otro bando dejaron 19 muertos en las calles de Caracas. Esos hechos todavía no están claros, y a día de hoy siguen los juicios para determinar qué pasó. El caso es que el 13 de abril de 2002, desde bien temprano en la mañana, los chavistas tenían rodeado el Palacio de Miraflores, en una concentración pacífica en la que exigían el retorno de Chávez. Dentro de Miraflores, el día anterior, Carmona y su nuevo Ejecutivo derogaron todas las leyes ‘chavistas’, suspendieron la constitución y destituyeron a todos los cargos públicos del Gobierno.

La guardia presidencial, que todavía seguía en Miraflores, terminó por volverse contra Carmona, y reocuparon el edificio. La gente, que seguía en la calle, no cesaba en sus protestas y juraban quedarse hasta que volviera Chávez. En ese momento, los canales privados transmitían la película de dibujos animados “El libro de la Selva”.

Hoy los chavistas celebran en la calle aquella victoria, a la que llaman “la del bravo pueblo”. Los que recibieron disparos, o al menos eso dicen, son tratados como héroes y combatientes revolucionarios que defendieron con su vida el proceso bolivariano. La estatal Venezolana de Televisión tiene una programación monotemática desde hace tres días. Hoy, Globovisión retransmite reportajes sobre dirigentes políticos anteriores a Chávez, alabando sus virtudes.

Lo curioso es que realmente fue el pueblo, con sus protestas en las calles, los que hicieron que algunos dubitativos militares acabaran por restituir a Chávez. Más curioso todavía es que Chávez intentó llegar al poder en 1992 con otro golpe de estado. mm

Abril 13, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 3 Comentaris

La “bala fría”

Caracas, 10 abril.- Ayer llegó el motorizado a la redacción, renqueante, con un hombro más caído que el otro. Se llama Edgar, y es el encargado de llevar y traer toda la documentación que se precise. Me enseñó una bala, pequeña y dorada. Por lo visto, estaba tan tranquilo en casa de unos ‘panas’, tomando unos tragos, cuando una bala perdida se coló por el techo de la casa y le dio en el hombro. Nadie sabe de dónde vino esa bala, ni lo sabrán nunca. Me enseñó la herida, y si bien era superficial, no puse en duda que eso tenía que doler. Edgar se daba por satisfecho, porque había sido una “bala fría”, que ya estaba en trayectoria descendente, y por tanto solo le ocasionó un rasguño. Nadie se llevó las manos a la cabeza. En todo caso le ‘chalequearon’, con comentarios chistosos. Cosas así, en Caracas, son habituales.

Ramón, el vasco que lleva 33 años viviendo en Venezuela y trabajando para Efe, me contó una cosa similar. Él llegó como voluntario, para establecer unas cooperativas metalúrgicas al estilo de las que entonces existían en Mondragón. Se casó y se quedó a vivir acá, en los Valles del Tuy, a las afueras de Caracas. Al parecer, una noche oyeron como en la calle alguien intentaba robar un coche. El vecino de Ramón, alertado, salió a la ventana chillando para evitar que le robaran su carro. El ‘malandro’ en cuestión se puso nervioso y disparó a ciegas. Una de las balas atravesó la pared del dormitorio de Ramón y rozó la mejilla de su mujer, que se acababa de incorporar en la cama al despertarle los gritos del vecino. Solo fue un rasguño. ¿Mala suerte o buena suerte?. Ramón asegura que aquello fue buena suerte, porque en la zona donde él vive todo el mundo conoce a alguien que ha muerto por los disparos de algún arma.

Estando en Río Caribe, en semana santa, conocí a un hombre con la mandíbula destrozada. Me contó su historia y me invitó a tocarle la cara. Desde la oreja hasta el mentón tenía una placa de hierro, en vez de mandíbula. Obviamente, hablaba con un deje extraño, le costaba vocalizar. Me contó que, en su caso, fue jugando con la pistola nueva de un amigo. Se le disparó sin querer. La bala le rebentó toda la mandíbula. Él decía que también tuvo suerte, porque consiguió llegar rápido a un hospital.

Yo vivo en el municipio de Chacao, la Pedralbes de Caracas. Se publicita asimismo como “territorio seguro”, y de hecho no dejan de pasar coches de la policía en ningún momento del día. La otra noche, sin ir más lejos, vimos como los ‘polichacao’ se bajaron de su coche con la pistola por delante, al advertir que otro coche se había metido por una calle en contradirección. Por si acaso. La inseguridad está ahí, si bien no es algo que yo haya vivido en primera persona. Agarro el metro, las camionetas, salgo por la noche, me muevo por la ciudad sin problemas… pero está claro que la inseguridad es algo que está ahí y uno no se puede confiar. Los venezolanos son muy amables, simpatiquísimos, pero cuando ven que eres extranjero lo primero que te dicen siempre es que no te fíes de nadie. Y periódicamente te cuentan alguna historia, ya sea la del francés al que le quisieron robar el coche a punta de pistola, la del atraco en el banco, o la del robo en el mismo hotel. Pero es normal, las armas están ahí. Cuando me saqué el carnet internacional de estudiante, antes de venir, comprobé que uno de los descuentos de los que dispondría aquí era un 10% en una armería de la ciudad. En todo caso, siempre puedes tener la buena suerte de que la bala esté fría, o simplemente te roce. mm

Abril 10, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

Bombardeo

Caracas, 28 marzo.- Cuando un F-16 pasa por encima de tu cabeza, en vuelo rasante, por unos segundos solo se oye el ruido de su potente motor. Esa es una de las conclusiones a la que he llegado después de la operación “Boquete I”, con la que el Gobierno de Venezuela ha querido mostrarle al mundo que sí lucha contra el narcotráfico. Estados Unidos no se cansa de repetir que Chávez actúa en connivencia con la narcoguerrilla de las FARC, y que permite el paso de la droga por su territorio desde los campos de coca de Colombia. Colombia es el mayor productor de cocaína del mundo, y Estados Unidos el mayor consumidor. En esta macabra ecuación, Venezuela está en el medio, y la droga pasa por su territorio camino de los mercados mundiales.

Hoy tenía que estar a las 7 de la mañana en la Rampa 4 del aeropuerto internacional de Maiquetía, de donde salen y llegan todos los vuelos oficiales que pisan Caracas. Allí, un avión del ejército ha llevado a cerca de treinta periodistas hasta Guasgalito, una pequeña ciudad en el sureño estado de Apure. Una vez en Guasgalito, y después de otros treinta minutos de vuelo en helicóptero, también de las Fuerzas Armadas venezolanas, hemos llegado a la más absoluta de las nadas, a unos 15 kilómetros de la frontera con Colombia.

La gran sabana venezolana es inabarcable. Hasta donde te alcanza la vista, el vuelo en helicóptero incluido, no ves ninguna ondulación del terreno. Todo es completamente llano, y la uniformidad del terreno solo se ve distorsionada de vez en cuando por algún pequeño bosque, por algún río, algún pájaro… Este terreno permanece seco en esta época del año, pero entre marzo y octubre, cuando llegan las lluvias, todo se convierte en un inmenso humedal.

Venezuela había preparado hoy para la prensa una puesta en escena de lo más castrense. En medio de esa nada, a decenas de kilómetros de cualquier casa habitada, el ejército había dispuesto varias carpas, equipos de transmisión satelital para las televisiones, megáfonos, refrigerios, sillas con prismáticos para cada periodista… vamos, un auténtico show mediático. Eso lo sabíamos desde el principio, pero bueno, al menos en mi caso, ir a ver los llanos de Venezuela ha sido un auténtico regalo.

El ejército ha bombardeo una pista clandestina de aterrizaje de avionetas, usada supuestamente para el transporte de la droga que llega desde Colombia.  El ‘modus operandi’ de los narcotraficantes es simple: alguien pasa la frontera con la cocaína, la esconden donde toca, se prepara una pista para aterrizar, y una avioneta se lleva la mercancía donde mande el capo de turno. Solo en el estado de Apure, han dicho que tienen localizadas unas 157 pistas clandestinas, que procederán a “inhabilitar” en los próximos días. Por todo el país puede haber más de quinientas. Normalmente basta con que una retroexcavadora cave unas zanjas a lo largo de la pista para dejarla inutilizada, pero hoy tocaba algo más que eso. Está claro que tanto general y coronel no habían ido a pasar calor a la sabana para ver como una máquina hace agujeros en el suelo. Tampoco iban a llevar a tantos periodistas hasta allí para eso.

El espectáculo ha comenzado con una exhibición de la unidad canina. Los perros han encontrado dos fardos de coca enormes, mientras los grupos de operaciones especiales aseguraban un perímetro en el que el único peligro eran los reporteros con sus cámaras. ¿Dónde se han llevado la coca? No lo sé. Acto seguido, un helicóptero de fabricación rusa, un MI-35, ha disparado su ametralladora de 23 milímetros sobre la supuesta pista, y después ha soltado dos bombazos que han hecho retronar la sabana. Los periodistas estábamos a más de un kilómetro de allí, pero unas inmensas columnas de humo, así como el ruido de las detonaciones, advertían que la cosa iba en serio.

Después de esto, los artificieros han activado tres cargas huecas a distancia, que estaban enterradas en la pista. Mientras el general de mayor rango en la zona sonreía ampliamente disfrutando de un fantástico puro de un palmo de largo. La traca final la han puesto dos F-16, vendidos por Estados Unidos a Venezuela en 1983. Mediante varias pasadas, han soltado unas tres bombas cada uno de 500 libras, que han acabado con cualquier vestigio de lo que un día pudo ser una pista de aterrizaje.

El director de la Oficina Nacional Antidroga (ONA), el coronel Néstor Reverol, ha insistido en que Venezuela sí lucha “contra el flagelo del narcotráfico”. Nada mejor que un escenario montado a medida para mostrárselo a la prensa. De paso, también ha anunciado que han instalado un radar chino para controlar el espacio aéreo en unos 400 kilómetros a la redonda. Desgraciadamente, se ha quejado de que no disponen de naves para interceptar los vuelos sospechosos. Concretamente ha acusado a Estados Unidos de no permitir la compra de 24 aviones ligeros ‘Súper Tucanos’ a Brasil el año pasado. Dichos aviones cuentan con tecnología militar estadounidense, y por tanto Venezuela tendrá que conformarse con los F-16 que, si bien son muy espectaculares, no dejan de ser trastos viejos en el mundo de la aviación militar actual. La compra de los ‘Súper Tucanos’ sí que fue autorizada a Colombia.

En todo caso, hay que reconocer que luchar contra el narcotráfico en esa inmensidad inhabitada es una tarea más que complicada. Por lo visto, para abrir una nueva pista de aterrizaje clandestina basta con que un camión pase cincuenta veces por la misma senda. El terreno es llano de por sí, y compactar una porción de dos kilómetros de largo no tiene mayor misterio. Los pilotos de las avionetas repletas de coca no necesitan más que la señalización de una bengala encendida por alguien en tierra, en plena oscuridad, para aterrizar donde toque.

Con este panorama, y a pesar del show mediático de hoy, me parece que a Venezuela le tocará seguir escuchando que colabora con el tráfico mundial de la droga. O mucho cambian las cosas, o la gran sabana venezolana seguirá siendo igual de inhóspita, aún para los F-16. mm

Març 29, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 2 Comentaris

La historia del gran Izarra

Caracas, 26 marzo.- Andrés Izarra es, sin lugar a dudas, uno de los pesos pesados en el Gobierno de Chávez. Es el ministro de Comunicación e Información, y es uno de los grandes. La grandeza de Izarra reside no solamente en que sea, posiblemente, uno de los ministros mejor formados y capacitados para desempeñar tareas de responsabilidad. Se le ve competente, sabe hablar, y en términos generales se puede decir que hace su trabajo correctamente. Eso, entre los ministros de Venezuela, no es algo demasiado común. Además, no creo que pase de los cuarenta años, y sigue en su puesto después de varios meses, características que, nuevamente, no abundan entre el equipo ministerial del gobierno de Venezuela.

Andrés Izarra trabajaba en el canal opositor RCTV en el momento del golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra Chávez, que había sido elegido democráticamente en unas elecciones libres. Después de la reposición de Chávez, dicho canal, que juzgó un papel claramente partidario durante las horas que duró el golpe, siguió emitiendo. La señal de RCTV fue eliminada del espacio radioeléctrico venezolano el año pasado, al no renovársele la licencia que había vencido. Dicho “cierre”, porque como ya he explicado no fue un cierre como tal, fue condenado por numerosos medios de comunicación, porque consideraron que atentaba contra la libertad de expresión. En la práctica, yo creo que cualquier país democrático no renovaría la licencia de un medio de comunicación que, a la vista de lo sucedido, y objetivamente, podría calificarse de golpista. RCTV sigue emitiendo por internet, y sigue haciendo telenovelas, su punto fuerte, si bien es evidente que ha perdido la mayor parte del peso que antes tenía.

Izarra trabajaba en RCTV en el momento del golpe, pero como puede observarse en el documental “La revolución no será transmitida” (desde mi punto de vista, imprescindible para cualquiera que quiera opinar sobre Venezuela), denunció la censura informativa que se impuso en los medios de la oposición. Alguien, no se sabe quien, tumbó la señal del único canal que en aquel momento controlaba el gobierno depuesto, que era el de propiedad estatal. De este modo, Venezuela sufrió un apagón informativo en el que, los únicos que sí informaban de lo que pasaba, eran los medios privados. Dichos medios, como está ampliamente documentado, desinformaron, tergiversaron y parcializaron todo y cada uno de sus contenidos durante las horas siguientes al golpe. Finalmente, Chávez fue repuesto gracias a un contragolpe del ejército y a los protestas de los venezolanos en las calles. El avión que transportó a Chávez desde Miraflores hasta la isla donde estuvo retenido tenía matrícula estadounidense. El golpista Pedro Carmona, que se erigió en presidente por algunas horas, reside en la actualidad en Colombia.

Izarra fue expulsado de RCTV por protestar contra la línea editorial de RCTV, y ahora es el ministro de Comunicación de Chávez. Una de sus leyes más novedosas ha sido la capacitación de medios e infraestructura para crear medios “comunitarios y alternativos”. Se trata de radios, televisiones y periódicos creados en asociación por un barrio, parroquia o municipio concreto. Algunos, como Catia TV, llevan tiempo en antena y tienen una audiencia nada despreciable.

Ayer Izarra hizo pública una carta que le dirigió al editorialista norteamericano Jackson Diehl, del ‘The Washington Post’. En su carta Izarra muestra su “preocupación con respecto a la cobertura hostil, distorsionada e imprecisa” que ‘The Washington Post’ hizo en el último año en relación a Venezuela. El ministro de Comunicación subraya que el periódico estadounidense, en sus editoriales de 2007, ha calificado a Chávez de “hombre de fuerza”, “autócrata”, “payaso”, “déspota” o “dictador”. Hasta en siete ocasiones se refirió al gobierno de Venezuela como “dictadura”, “régimen represivo” o “autoritarismo”.  A Izarra le parece especialmente grave que se utilicen tales calificativos con un país cuyo presidente ha sido escogido en consecutivas elecciones democráticas, abaladas por los principales organismos internacionales. “Estados Unidos ha utilizado tales clasificaciones para justificar guerras, intervenciones militares, golpes de estado y otras técnicas de cambio de gobierno, a lo largo de las últimas décadas”. Guatemala, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Chile… no hace falta ir tan lejos en el tiempo para encontrar ejemplos. ‘The Washington Post’ también dijo en sus editoriales  que Chávez “controla los tribunales y los medios televisivos” o que con su proyecto de reforma constitucional, pretendía “gobernar indefinidamente” o convertirse en un “presidente de facto de por vida”. Ambas informaciones son, como poco, imprecisas, impropias de un periódico que aspire a ser un referente de la imparcialidad y rigurosidad informativas.

La carta de Izarra acaba de la siguiente manera:

 Estamos indignados con el contenido de la página editorial del Washington Post sobre Venezuela. El Post fue una vez el bastión genuino del reportaje investigativo y la búsqueda de la verdad. Esos días pasaron y el Washington Post se ha convertido ahora en nada más que un tabloide que sirve a intereses especiales. Los nobles principios que Eugene Meyer imaginó para el Washington Post en 1935, que incluían “decir la verdad tan cerca a como la verdad pueda ser confirmada”, “decir toda la verdad tanto como se pueda aprender, en lo relativo a los asuntos importantes para América y el mundo” y “el periódico no será el aliado de ningún interés especial, pero será justo, libre y sano en sus perspectivas sobre los asuntos públicos y las personas públicas” han sido violados por editores como usted, Mr. Diehl, quien ha escogido promover una agenda personal nociva en lugar de asegurar la grandeza de su periódico”.

Quizás podría reflexionarse sobre la capacidad de penetración en la opinión pública que tiene el ‘The Washington Post’ y la que tiene Catia TV, sobre el poder mediático de cada uno y el grado de aceptación que llegan a tener las ideas simples, aunque sean falsas, repetidas infinitamente. Quizás uno podría preguntarse también porqué si Uribe planea reformar la Constitución para volver a presentarse a unas presidenciales no es un golpista, pero si lo hace Chávez sí. Posiblemente quien se lo pregunte en voz alta sea tachado de comunista, fidelista, o partidario de Chávez. Al fin y al cabo, yo creo que es lo que haría el ‘The Washington Post’. En todo caso, el no preguntárselo y seguir la línea marcada asegura tener un mayor éxito mediático. Por lo menos seguro que mayor que dedicarse a hacer preguntas incómodas. mm

Març 27, 2008 Publicat per exiliats | General, Venezuela | | 6 Comentaris